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¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!


El reino entre los sencillos

¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!

Diciembre 02, 2019 20:51 hrs.
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La Palabra de Dios

3 De Diciembre 2019

Memoria de San Francisco Javier, presbítero
Primera lectura
Is 11, 1-10
En aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé,
un vástago florecerá de su raíz.
Sobre él se posará el espíritu del Señor,
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de piedad y temor de Dios.

No juzgará por apariencias,
ni sentenciará de oídas;
defenderá con justicia al desamparado
y con equidad dará sentencia al pobre;
herirá al violento con el látigo de su boca,
con el soplo de sus labios matará al impío.
Será la justicia su ceñidor,
la fidelidad apretará su cintura.

Habitará el lobo con el cordero,
la pantera se echará con el cabrito,
el novillo y el león pacerán juntos
y un muchachito los apacentará.
La vaca pastará con la osa
y sus crías vivirán juntas.
El león comerá paja con el buey.

El niño jugará sobre el agujero de la víbora;
la creatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago
por todo mi monte santo,
porque así como las aguas colman el mar,
así está lleno el país de la ciencia del Señor.

Aquel día la raíz de Jesé se alzará
como bandera de los pueblos,
la buscarán todas las naciones
y será gloriosa su morada.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Sal 71, 2. 7-8. 12-13. 17
R. (cf. 7) Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Comunica, Señor, al rey tu juicio
y tu justicia, al que es hijo de reyes;
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres
y regirá a tu pueblo justamente.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Florecerá en sus días la justicia
y reinará la paz, era tras era.
De mar a mar se extederá su reino
y de un extremo al otro de la tierra.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Al débil librará del poderoso
y ayudará al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre
y salvará la vida al desdichado.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.
Que bendigan al Señor eternamente
y tanto como el sol, viva su nombre.
Que sea la bendición del mundo entero
y lo aclamen dichoso las naciones.
R. Ven, Señor, rey de paz y de justicia.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder
para iluminar los ojos de sus hijos.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 10, 21-24
En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: ’¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’.

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ’Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron’.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
El anuncio de un Mesías
Isaías es uno de los personajes protagonistas principales del Adviento. Este oráculo suyo que nos transmite hoy la liturgia está centrado en la figura del nuevo rey, un rey mesiánico, sobre el que reposará el Espíritu de Dios. Jesús dio a entender que era él el depositario de ese Espíritu (Lc 4, 16-18).

Los dones que el Espíritu derrama sobre él se diversifican en una serie de cualidades, necesarias para gobernar al pueblo con justicia: sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, ciencia y temor de Dios (la teología tradicional desdobla este último en dos: piedad y temor de Dios). Así, el rey mantiene su fidelidad al Señor y a sus leyes, que lo hacen más poderoso que un guerrero frente a los violentos y los impíos.

Según el profeta, ese reinado mesiánico incluye una naturaleza renovada, en armonía total –incluso animales que eran enemigos entre sí- bajo la dirección humana (’un muchacho será su pastor’). El pacto de Dios con la naturaleza aparece en diversos lugares del AT. También san Pablo asocia a la naturaleza con el hombre y la hace partícipe de su rehabilitación después del pecado (Rom 8, 19-21).

El reino que Jesús viene a inaugurar será un reflejo de ese gobierno divino en el que reinarán la armonía y la paz, por encima de violencias y discordias, de enemistades y recelos. El profeta antiguo proyecta en el horizonte un avance idílico de la venida del Mesías. El Adviento pretende sembrar en nosotros, recurriendo a sus palabras, una esperanza ilusionada en la llegada del reino que predicará Jesús.

El reino entre los sencillos
El misterio del reino mesiánico, anunciado por los profetas, se revela sobre todo a los pequeños, más que a los sabios y entendidos. Es lo que constata Jesús, que se llena por ello de alegría en el Espíritu Santo, es decir, el Espíritu Santo, que reposa sobre él, llena de alegría su corazón, porque ése es el querer del Padre, y la voluntad del Padre es su alimento y su gozo por encima de cualquier otra cosa.

Jesús es el Hijo (ese es el título que aparece sobre todo en el evangelio de Juan). Y el Hijo lo ha recibido todo del Padre: hay entre ellos como una continuidad que indica su íntima comunión. Pero lo ha recibido para darlo a conocer, para revelarlo con su palabra y con sus hechos. Y lo reciben precisamente los sencillos, aquellos que prestan oído atento a sus palabras y se dejan convencer por sus hechos.

Con la misma alegría del Espíritu Jesús proclama a renglón seguido dichosos a sus discípulos: ’¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!’. Sus discípulos están también entre los sencillos a los que el Padre revela los secretos de su reino. Los antiguos profetas lo anunciaron, pero no lo vieron. Los discípulos sí, porque se abrieron al mensaje de Jesús y se hicieron sus amigos: ’A vosotros os llamo amigos –les dijo-, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer’ (Jn 15, 15).

Preguntémonos tras este breve recorrido: ¿Esperamos con ilusión la venida de Jesús el Mesías? ¿Con qué actitud escuchamos sus palabras y observamos sus hechos?

Fray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

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