Delincuencia


Norberto DE AQUINO

Delincuencia

Octubre 02, 2013 14:43 hrs.
Seguridad Nacional › Ciudad de México
Al Momento Noticias › todotexcoco.com

Tanto como la incapacidad que lo domina, la corrupción policiaca en el gobierno del Distrito Federal ha desbordado todos los límites. Y el problema es de tal magnitud ya, que el gobierno que siempre negó el problema, ha terminado por aceptar que tiene policías dedicados a la delincuencia.

El problema, por supuesto, es mucho más serio de lo que se quiere aceptar. Y los esfuerzos de las autoridades capitalinas por mantener el escándalo derivado de los policías secuestradores, dentro de ciertos niveles, son algo más que obvios. La desesperación en el gobierno capitalino es innegable.

El asunto de una policía lo mismo incapaz que corrupta, ha colocado al gobierno de Miguel Mancera contra las cuerdas. No es ya sólo la incapacidad para hacer cumplir la ley, o la velocidad con la que las autoridades negocian la aplicación de las normas, o la indiferencia con que escuchan las quejas de los capitalinos. El problema es que la historia de las administraciones perredistas se ha dejado caer sobre un gobierno que, discursos aparte, no ata ni desata en ningún nivel.

Para Miguel Mancera el problema de la corrupción de una policía dedicada a la delincuencia tendría que ser un verdadero dolor de cabeza. A nadie se le puede olvidar que el señor Mancera fue procurador de justicia en el DF antes de ser candidato. Y el que exista corrupción a la alta escuela en la policía de la capital refleja, entre otras muchas cosas, que las investigaciones contra la delincuencia, si es que las hubo, nunca llegaron a las verdaderas raíces del problema.

Es obvio que no toda la policía está dañada, pero también lo es que pensar que se trata sólo de “algunos policías” es ingenuo.

No es el caso del Heaven o el del secuestro de un ciudadano colombiano. Se trata a todas luces, de una organización que dentro de la policía capitalina trabaja como parte de la delincuencia organizada en el Distrito Federal.

Y querer que la ciudadanía piense que no hay jefes involucrados en estas actividades, es suponer que los capitalinos son tontos.

Pero el problema es algo más complejo. Después de los gobiernos de Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard y ahora Miguel Mancera, lo menos que podría suponerse es que la ciudad capital cuenta con una policía si no bien equipada, sí dedicada a la protección de la ciudadanía.

El discurso de la izquierda en México, desde que salió de la clandestinidad, fue siempre, en contra de la corrupción en la policía. Otro tanto sucedió en el caso de los granaderos, que fueron siempre, uno de los blancos preferidos de esa izquierda. Ahora, a 16 años de haber asumido el poder, lo que está a la vista es que la policía en el Distrito Federal es en el mejor de los casos, más corrupta que antes de que el PRD llegara al poder.

La situación empeora cuando se entiende que de los titulares del gobierno capitalino, uno de ellos, Ebrard, fue antes titular de la policía y, otro, Mancera, procurador de justicia, lo que deja bien en claro que las carreras políticas tienen un peso mayor a la tarea de crear instituciones que verdaderamente sirvan a los ciudadanos.

Ante el reto planteado por la delincuencia incrustada en la policía, el señor Mancera promete ahora “apretar” los controles en la institución. Pero la pregunta es obligada: ¿no ello tendría que haberse realizado desde siempre? ¿Las autoridades se enteraron de la corrupción gracias a un video ciudadano? ¿NO hay nada que investigar sobre las cámaras de la autoridad y la forma en que nadie se dio cuenta de lo que sucedía en el caso del secuestro y en el caso de los jóvenes del Heaven?

Los discursos pueden servir para muchas cosas. Pero difícilmente servirán para explicar cómo es que la corrupción penetró y permaneció en la policía de los gobiernos de la izquierda.

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