Hank González


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Hank González

Julio 08, 2014 09:27 hrs.
Política Estados › México Ciudad de México
Salvador Flores Llamas/ › todotexcoco.com

Del multifacético profesor Carlos Hank González, político de polendas, se han dicho muchas cosas, y debe subrayarse que desempeñó a placer y eficazmente muchos cargos públicos. No fue presidente porque entonces era impedimento constitucional ser hijo de madre o padre extranjero.

Sobre su legendaria riqueza fue interrogado mil veces. En una reunión con personal destacado de los diarios “La Jornada” y “Uno más Uno”, Froylán López Narváez le inquirió sobre el origen de ella, con la advertencia de que si no deseaba tocar el tema, no lo hiciera.

“Mire, D. Froylán, lo haré con mucho gusto. Narró que siendo él y su esposa maestros de escuela primaria en Atlacomulco, Estado de México, como los sueldos de ambos no alcanzaban para sostener a sus hijos como deseaban, empezaron a fabricar dulces de leche, según recetas de su madre.

En sus ratos libres los vendía con denuedo y éxito, primero en bicicleta, luego en una carcacha, que mejoró con sus ingresos.

A través de un funcionario de Pemex, logró la concesión para distribuir gasolina con una pipa, que compró a crédito y pagaba con las ganancias.

Sin distraer capital del negocio, fue aumentando las unidades, hasta sumar unas 600, que, claro, le redituaron grandes dividendos, y fincó su fortuna.

Otro episodio sobre ésta pudo causarle un “soponcio”: Invitó al presidente electo Ernesto Zedillo con su esposa, Nilda Patricia Velasco a cenar en su residencia de la Av. de las Palmas en las Lomas de Chapultepec.

Al ver la selecta colección de cuadros de pintores célebres, la señora Zedillo le espetó a boca de jarro: Desde luego estas pinturas no pudo adquirirlas son su salario de maestro.

Cualquier otro se habría turbado; mas él, con su parsimonia y soltura acostumbradas, le explicó que no, desde luego, sino con el arduo trabajo que se impuso desde joven, impulsado por su consorte.

Un colega, que cubría el Departamento del DF, con Hank de regente, para un importante diario capitalino y seguido denunciaba las deficiencias de su gobierno, tuvo una sorpresa cuando su esposa dio a luz al primogénito.

Al a visitarla al sanatorio, vio que su sala y el pasillo estaban invadidos de ramos de flores y predominaba un exquisito adorno de rosas. Las tarjetas indicaban que éste era de Hank, los demás de altos funcionarios y de los 16 delegados capitalinos.

Se dirigió a la regencia y pidió ver a D. Carlos, quien con su amplia sonrisa y andar cadencioso salió a recibirlo, extendió los brazos para felicitarlo por el nacimiento de su vástago y preguntó por el estado de salud de madre e hijo.

Conmovido, el reportero le agradeció tanta deferencia, ajena a los ataques periodísticos que él le propinaba en cumplimiento de su tarea informativa.

Un reportero que cubrió la Conasupo cuando él fue su director, cuenta que acudió a una gira por Durango de tres días. La madrugada del segundo le informaron por teléfono que su madre estaba muy grave. Esperó a que el profesor llegara a desayunar y le explicó que iba a regresarse de inmediato al DF por la emergencia.

Hank no sólo entendió el problema, sino le pidió que esperara una hora a que llegara el avión de la descentralizada y lo trajera a la capital, como fue.

Gestos como éstos muestran no sólo la faceta humana del funcionario, sino su disposición a servir y atender a las personas, sin tener obligación para ello.

Narran que Hank no sabía decir no; lo decía a su manera: De regente, en una gira por el DF, cuando estaba a punto de autorizar alza de las tarifas del transporte público de pasajeros, lo abordó una comisión de colonos que le pidió diera marcha atrás.

“Con mucho gusto los complacería –respondió- si no subieran los costos de las refacciones, no se depreciaran las unidades y los choferes no merecieran mejores salarios. ¿Por qué no vemos mejor cómo aumentar los de ustedes?

Como pocos, Hank González supo mover los hilos y recursos de la política y estableció nexos con muchos personajes, lo dicen tantos cargos que ocupó, desde alcalde de Toluca, diputado federal, gobernador y secretario de Estado varias veces y con diversos presidentes.

Es de notar que no se resignaba a su impedimento legal para ser Presidente y, de regente del DF, promovió derribarlo con campañas sutiles, como la de “reformar el 82 para el 82”, pues la restricción constitucional la dictaba el artículo 82, y él se sentía maduro para suceder a López Portillo en 1982.

Pero se opuso el secretario de Gobernación Reyes Heroles, hijo, a su vez, de español; quien, no obstante declaró que rechazaba una reforma con dedicatoria, aunque lo beneficiara.

Quién diría que dos sexenios después, con Salinas de Gortari, se aboliría ese impedimento, y ayudó a Vicente Fox a ser el primer Presidente del PAN y éste se jactaba de haber sacado al PRI de Los Pinos.

Entre los colaboradores inmediatos de Hank se contaron: Jorge Jiménez Cantú, Manuel Gurría Ordóñez, Francisco Galindo Ochoa, Mario Colín y su secretario particular el profesor Blanco.

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