Laura canta jazz


Usa su voz como un instrumento, su scat le da la dosis adecuada de frescura y alegría a las rolas para hacerlas, de nueva cuenta, disfrutables.

Laura canta jazz

Marzo 25, 2019 13:26 hrs.
Ciudad Municipios › México Estado de México / Texcoco
René Aguilar Díaz › todotexcoco.com


Es una delicia escucharla en vivo.

Hace tiempo, por las redes sociales del guitarrista Hugo Díaz, había asistido a la interpretación de un par de boleros de Álvaro Carrillo, con la voz de Laura Itandehui acompañada en la guitarra, claro, por Hugo. Y hace unos días los escuché en vivo en el Café Grano de arena, en Texcoco.

Actualmente hay un buen abanico de voces femeninas de jazz en México, pero pocas trascienden la interpretación del estándar, es decir, muchas cantan los temas clásicos, los estándares, pero el círculo de la interpretación jazzística no siempre se completa de la mejor manera. Me explico: no es lo mismo cantar un estándar, un tema clásico del repertorio del jazz que interpretarlo con la dosis necesaria y/o adecuada de swing, sentimiento o esencia del jazz, como ustedes prefieran decirle.

Entonces escuchar a Laura y a Hugo Díaz, es casi un hallazgo.

A las primeras de cambio, en esta ocasión, Laura atacó en su primera pieza con un scat sin decir agua va; inmediatamente marcó su terreno: transmitía espontaneidad e improvisación, y se hicieron evidentes las horas de estudio y de escuchar jazz.

Su voz es un auténtico instrumento: además del fraseo y el recorrido por las progresiones jazzísticas hay que sumarle una textura dulce y fresca. El resultado fue más que gratificante.

Laura además es compositora y cantó algunos de los temas de su autoría.

Despojada de pretensiones de gran diva, Laura no intenta forzar los temas archiconocidos aplicándole esa especie de plancha de la orquestación afectada, el arreglo ’diferente’ a ultranza, al grado de dejarla irreconocible. En contraposición, digo, Laura usa su voz como un instrumento, su scat le da la dosis adecuada de frescura y alegría a las rolas para hacerlas, de nueva cuenta, disfrutables.

El maestro Hugo Díaz, guitarrista muy joven, también desborda la esencia del jazz en su instrumento: no sólo tienen una técnica depurada, limpieza y brillantes al pulsar las cuerdas, sino que, como decían los antiguos, tienen el swing.

Hugo es de esos músicos que dominan la técnica, pero no parecen estar pendientes de mostrar su virtuosismo; antes, al contrario, transmite naturalmente le emoción que le producen los pasajes, las progresiones que va encontrando en sus seis cuerdas.

Reitero: escuchar juntos a los dos talentos fue un hallazgo. Ojalá y los empresarios que tienen espacios para esta música se den cuenta de esto y pronto se repita esa dosis de jazz; y que usted lector, la pueda escuchar.

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