Salen a la luz más datos sobre “la mayor masacre en México” en los últimos años


Redacción todotexcoco.com

Salen a la luz más datos sobre “la mayor masacre en México” en los últimos años

FOTO: Saúl Ruiz para El País.

Julio 07, 2014 14:20 hrs.
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ALLENDE, COAHUILA, (Al Momento Noticias).- En marzo de 2011, un numeroso grupo armado arribó en camionetas al pueblo de Allende, ubicado al sur del Río Bravo, en Coahuila, y secuestró a cerca de 300 personas; después las torturó, asesinó e incineró. Nadie se atrevió a enfrentarlo, ni siquiera las autoridades. El caso fue una venganza de Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40, exlíder de Los Zetas.

Este fin de semana, el diario español El País retomó aquella tragedia de la que muy pocos, por miedo o precaución, informaron: fue alrededor de las 17:30 horas; los sujetos encapuchados cubrieron los accesos y allanaron las casas para sacar a los abuelos, padres, hijos, amigos e incluso extrabajadores de dos cabecillas locales del grupo delictivo, quienes supuestamente habían traicionado a la organización y huido a Estados Unidos para colaborar con la DEA, señala el rotativo.

La venganza de Treviño Morales se extendió en días y a otras poblaciones, como Piedras Negras, Múzquiz y Sabina. Y en total, según testigos y los mismos narcos, el saldo fue de unas 300 personas desaparecidas.

Además, los sicarios arrasaron con unas 70 casas de las víctimas: fueron saqueadas, baleadas, incendiadas y finalmente barrenadas con maquinaria especial para la construcción (bulldozers), precisa el medio.

Las ruinas se exhiben “como prueba irrefutable de lo ocurrido”, que fue a la luz pública y sin intervención alguna de las autoridades.

Aunque antes, en febrero de este año, un artículo titulado El manantial masacrado, de Enrique Osorno y publicado en Vice, dio cuenta de que entre el domingo 26 de enero y el miércoles 5 de febrero de 2014, unos cien funcionarios públicos de Coahuila dejaron sus escritorios para investigar qué pasó con las decenas de personas desaparecidas en esa región.

Sin embargo, resume dicho texto, “la cruzada gubernamental terminó en medio de confusión y reclamos de un sector de la prensa interesada en el tema, y dudas sobre su eficacia por parte de las organizaciones locales que representan a familiares de desaparecidos”.

Solo en Allende, señala El País, desaparecieron entre 30 y 40 familias; aún así, esta matanza, “posiblemente la mayor de la última década en México, quedó sepultada en el silencio”.

El diario español señala también la investigación que puso en marcha el gobierno estatal, pero también a lo que se enfrentan por el tiempo que ha pasado entre lo ocurrido y la intención de resolver un caso vivido en plena guerra contra el narco, cuando Felipe Calderón era el presidente de México, y Humberto Moreira, gobernador de Coahuila.

En la columna Con ojos vaqueros, del mismo Osornio y publicada en Más por Más, el periodista narra la entrevista que tuvo con el hermano del exgobernador de Coahuila (ahora “exiliado” en Barcelona): Por qué los Zetas habían podido arrasar con un pueblo a lo largo de casi un mes, sin que ninguna autoridad local, estatal, federal, ni militar les hubiera puesto un alto, preguntó.

“Moreira justificó al en ese entonces alcalde de Allende (del PAN), diciendo que no podía hacer nada”.

“Si no podía hacer nada, ¿por qué mejor no renunció y se fue de ahí?, ¿cómo quedarte a ver la forma en que tu pueblo es destruido?”, le preguntó. El gobernador asintió a las preguntas del entrevistador y exculpó a su hermano Humberto -quien al momento de la masacre había dejado su cargo para irse a dirigir el PRI a nivel nacional- y a Jorge Torres López, el gobernador en funciones en 2011.

El tiempo que ha pasado dificulta la resolución del caso

A a estas alturas, refiere El País, “no hay una lista oficial de desaparecidos ni de muertos, no hay detenidos, ni siquiera se ha ofrecido un relato oficial pormenorizado de la tragedia. Se han localizado fosas, con cientos de restos, pero aún no se ha determinado su identidad ni a cuántas personas corresponden”.

Es el miedo, la impunidad y el terror profundo impuesto por Los Zetas, lo que sigue imperando en Allende, precisa.

Al respecto, Reynaldo Tapia, alcalde de Allende, señaló a El País, “esto es lo más cabrón que ha ocurrido en México”. Y resumió la tragedia: “primero se llevaban a la gente, luego a los dos o tres días, derribaban las paredes”.

—¿Y qué hicieron con los que se llevaban?

—Los mataron.

—¿Y durante esos días, nadie denunció nada?

—Era una época muy difícil.

En esa tragedia desaparecieron familias enteras. “Nosotros tenemos una denuncia de desaparición de ocho miembros de una misma familia, incluido un abuelo de 80 años”, dijo a El País, Blanca Martínez, directora del centro de derechos humanos Fray Juan de Larios y portavoz de una asociación de familiares de desaparecidos de Coahuila.

Después, llamaron al saqueo: las casas fueron vandalizadas a la vista de todo el pueblo.

Incluso “trajeron camiones para llevarse el aire acondicionado”, detalló el secretario de Gobernación. Y luego llegó la demolición.

“Nadie vino; ni la policía ni las autoridades. Había miedo, mucho miedo, eran gente muy mala”, señala una vecina de Piedras Negras quien, como muchos ciudadanos de esas tierras (y muchos mexicanos) los nombra así y no como realmente se llaman: “Los Feos. Los Viejos. Los Malitos. Los Señores. La Última Letra. Ellos”.

Es la semántica del miedo, asegura el diario. “Nadie llama por su nombre a Los Zetas (…) Las autoridades locales prefieren hablar de ‘crimen organizado’, los periódicos eluden citarlos en los titulares. El terror está enraizado, como los nogales, en aguas profundas y laberínticas. Ríos de sangre lo explican”.

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