Socrates A. Campos Lemus | diarioalmomento.com

¡Qué conste... son reflexiones!

Socrates A. Campos Lemus


Una pequeña historia de barrio

Una pequeña historia de barrio


Abril 10, 2016 20:41 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Socrates A. Campos Lemus › diarioalmomento.com

CUANDO hago recuerdos de mi infancia me llegan los olores y las tragedias y los amores, las sonrisas y los llantos de la zona de la Lagunilla, ahí pasamos la infancia cuando mis padres llegaron desde el Estado de Hidalgo a una vecindad de tres patios en el 47 de República de Chile, entre Perú y Belisario Domínguez. Atrás, se encuentra la plaza de Santo Domingo y enfrente la única calle de Mariana R. del Toro de Lazarin que desemboca a lo que hoy es el colegio de ingenieros y arquitectos del IPN, antes, fue la gloriosa escuela de la ESIME. En esa vecindad de tres patios se documentaba estaba el famoso ’pocito’ y a un costado de la Plaza de Santo Domingo estuvo el edificio de la Santa Inquisición y frente a la iglesia de los dominicos, la famosa plaza donde se encuentran los escribientes y las imprentas que hacen desde tarjetas hasta títulos nobiliarios y académicos. A una calle, se encuentra hasta la fecha la famosa Hostería de Santo Domingo y el famoso Coliseo. Mi hermano Ariel y yo fuimos a un kínder que se llamaba Pestalozzi y acudimos a la primaria en la escuela Abraham Castellanos frente a la Plaza del Estudiante y a un lado de la iglesia del Carmen, era colindando entre la Lagunilla y el inicio del Barrio de Tepito. Caminando por las calles de Perú se llegaba a lo que fuera la Casa de Moneda.
Cerca del mercado de La Lagunilla se encontraba la calle de Panamá o mejor conocida como la calle del ’órgano’, donde se encontraban las prostitutas y se conocía a los padrotes y lenones, unos, los corrientes, y los otros, los refinados, pero en esa zona existían también los picaderos y las vecindades donde además de vender o comprar lo robado y lo viejo, también se comercializaba la marihuana, el alcohol para los teporochos y los jeringazos de heroína o de ’tecata’, ahí, se hicieron famosos, ’La Chata’ y otros lenones y traficantes como los Barriles o el Guadalajara. Sabíamos, los que vivíamos en la zona, de los peligros que ocultaban las calles y de las zonas donde solamente la aventura nos llevaba de vez en cuando, sudando y pidiendo a todas los santos que no nos encontráramos a algún familiar o algún vecino que, de inmediato, le llevaría el chisme a Doña Cleme o a mi papá, el Profe Homero. Alguna vez pregunté la razón para la que se le había puesto al Berrio, el nombre de: ’Tepito’ y un viejo de la zona me comentaba:
’Recuerdas que anteriormente existían en las calles muchos puestos fijos y semifijos donde se vendía de todo, desde la Lagunilla hasta el barrio bravo y la Merced, y ahí, en las tardes, aparecían la ’Chata y sus amigas’ que comercializaban la mota y la tecata, ellas, siempre vestían con los mandiles de bolsas grandes donde llevaban la droga y el dinero, en cada esquina estratégica existían los chulos o los alertadores que traían un pito, silbato, como los que utilizaban los policías en el sereno y ellos eran los que, cuando veían que se acercaban los desconocidos o los policías, la ’chota’, les alertaban con el pito y de ahí se le quedó el nombre de: ’TE-PITO’… ’buzo caperuzo porque el que se atonta se queda embarcado, y embarcado, se lo lleva el tren porque lo menos que le sucede es que llegará a ’Lecumberri’’, el ’palacio negro’ ,hoy, convertido en el Archivo General de la Nación… no hay duda, todo en este país se enreja, hasta los datos de la historia.
María Dolores Estévez Zulueta, ’La Chata’, es, tal vez, una de las famosas tatarabuelas del narcotráfico en el país. Y su capacidad era de tal suerte que el mismo presidente, Manuel Ávila Camacho, en 1945, promulgó un decreto para que las policías arrestaran a la ’enemiga pública número uno: ’Lola la Chata’, que decían, operaba en el barrio de la Merced, cuando su poder era desde La Lagunilla hasta el barrio bravo de Tepito y, claro está, que como siempre, operaba gracias a la protección que le brindaban políticos y policías. Según el maestro en historia Juan Antonio Fernández Velázquez, que publicara en la Revista Clivajes, un artículo interesante dice que parte: ’de la trayectoria criminal de ’La Chata’ que pasó de ser vendedora de chicharrones en La Merced a traficar marihuana y morfina’. Algunos, señalan que, doña ’Lola la Chata’, empezó a vender los famosos tés con chinchol, los bautizados, que se daban a los crudos o a los borrachitos y teporochos en las madrugadas, la otra realidad es que la famosa Doña ’Lola La Chata’, fue detenida en siete ocasiones, y es lógico que gozó de la protección y la complicidad de políticos y policías para salir en liberta siempre, ya que su carrera comenzó a los trece años. Durante la Revolución, consigna el historiador Fernández Velázquez, se fue a Ciudad Juárez dando a luz a dos de las hijas que siguieron sus pasos. Después, volvió a la Ciudad de México y se casó con el ex policía Enrique Jaramillo, exitoso narcotraficante de la época y vendedor de drogas con base en Pachuca estado de Hidalgo, donde ayudaron a forma la famosa zona roja, tan visitada y comentada por los capitalinos que cada fin de semana llegaban a la pachanga, y esta zona, después, la controló un Armenio, Gaspar Murvatian Cascallan, al que conocí en Lecumberri y que siempre nos trató con afecto y respeto.
En 1947 se nos comenta, se detuvo a ’Lola la Chata’ ,siendo sentenciada a 0nce años de prisión. Siempre se consideró que ella era la que abastecía de drogas a los viciosos, incluso, de las familias acomodadas. Así, el destino la alcanzó y muere en la cárcel de mujeres de un infarto, pero deja en el corazón del centro de la capital la base del tráfico que hasta la fecha sigue corriendo por las calles y venas capitalinas… ¡hay!, lo que son los recuerdos… y no hay duda que a veces nos sentimos de muchos años, no viejos, sino cargando recuerdos y años…pero así es la vida, mi vida…

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