’ Así es el que atesora para sí ’


Estamos llamados a vivir para Dios

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’ Así es el que atesora para sí ’

Religión

Octubre 18, 2020 21:27 hrs.
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Memoria de Santos Juan de Brébeuf e Isaac Jogues, presbíteros, y compañeros, mártires


La Palabra de Dios

Primera lectura
Ef 2, 1-10
Hermanos: Ustedes estaban muertos por sus delitos y pecados, porque en otro tiempo vivían según los criterios de este mundo, obedeciendo al que está al frente de las fuerzas invisibles del mal, a ese espíritu que ejerce su acción ahora sobre los que resisten al Evangelio. Entre ellos estuvimos también nosotros, pues en otro tiempo vivíamos sujetos a los instintos, deseos y pensamientos de nuestro desorden y egoísmo, y estábamos naturalmente destinados al terrible castigo de Dios, como los demás.

Pero la misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados. Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado, y con él nos ha reservado un sitio en el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra por medio de Cristo Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.

En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 99, 2. 3. 4. 5
R. (3b) El Señor es nuestro dueño.
Alabemos a Dios todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría
y con júbilo entremos en su templo. R.
R. El Señor es nuestro dueño.
Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño. R.
R. El Señor es nuestro dueño.
Entremos por sus puertas dando gracias,
crucemos por sus atrios entre himnos,
alabando al Señor y bendiciéndolo. R.
R. El Señor es nuestro dueño.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
porque es eterna su misericordia
y su fidelidad se acaba. R.
R. El Señor es nuestro dueño.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 12, 13-21
En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: ’Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia’. Pero Jesús le contestó: ’Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?’

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: ’Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea’.

Después les propuso esta parábola: ’Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios nos ha creado
Dios preparó para nosotros, de antemano, obras buenas; y Él nos creó específicamente, para que hiciéramos esas buenas obras.

Somos hechura suya, y Él sabe exactamente lo que está haciendo, y nosotros sabemos que sus obras son «buenas.» Los hombres somos la obra maestra salida de las ’manos’ de Dios, (si es que puede decirse que Dios tiene manos). Hemos sido creados con mucho cariño, a imagen de Dios.

«Hubo un tiempo…» pero Dios actuó con el poder de su gracia y: ¡nos arrancó de la tumba! ¡La gracia de Dios triunfó sobre la tumba!

La resurrección de Cristo fue la clave: nuestros delitos y pecados fueron juzgados en la cruz, y, cuando Cristo resucitó, hizo posible que nosotros resucitáramos también. Con esta verdad queda claro que: la salvación es un regalo de Dios.

Cristo se nos revela y nos entrega toda la novedad del Evangelio: el Amor que nos salva y nos hace vivir YA en la eternidad de Dios, y nos invita a salir de nosotros mismos abandonando nuestras seguridades humanas para fiarnos de Él, y, siguiendo su ejemplo, hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas.

Todo cambió para nosotros cuando Cristo murió en la cruz y el Padre lo levantó de entre los muertos. En una de sus audiencias Benedicto XVI dijo que: LA MISERICORDIA DE DIOS ES MÁS FUERTE QUE TODO MAL.

Dios tomó la iniciativa e hizo lo necesario para rescatarnos y para salvarnos, nos salvó por pura gracia, luego, no tenemos méritos propios para alcanzar la salvación, porque la salvación: ES PURO REGALO DE DIOS.

Para que este regalo de Dios sea fructífero en nuestra vida debemos reprimir nuestras tendencias torcidas: egoísmo, individualismo, ambición orgullo, etc., para ser otro Cristo en la vida, imitándole en su amor universal y en dar su vida por todos.

Es una meta muy elevada y ardua y, aunque hoy no podamos alcanzarla, debemos desearla con deseo vivo, constante y operante, tendiendo siempre a lograrla con todas nuestras fuerzas, teniendo la plena convicción de que Dios nos lo regalará en el tiempo oportuno.

Estamos llamados a vivir para Dios
En este texto evangélico Jesús nos invita a caer en la cuenta:

de lo que en verdad tiene importancia, de que la verdadera vida no depende de nuestras posesiones, de que este hombre rico, vive solamente para este mundo y esta vida,
que piensa solo en sí mismo, sin darse cuenta de las necesidades de los demás, a pesar de su propia abundancia, del desapego real que debemos tener de los bienes materiales.
Está bien que busquemos seguridad en esta vida, ya que es inherente al ser humano. Pero basar esa seguridad en el «tener»por acumular desmedidamente, o en el consumo desmedido, implica un desequilibrio, una pérdida de sentido y de propósito en nuestro planteamiento de la vida.

Por ello esta parábola nos deja muy claro el equivocado comportamiento de quien vive de manera egoísta, a pesar de que su heredad ha producido fruto en abundancia. Lo que más pena produce es que, en su corazón, no hay lugar ni para Dios, ni para su prójimo.

También la parábola nos ilustra lo trivial y fútil de una vida cuyo centro es el afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. La actitud de esta persona apunta hacia la idea equivocada de que el futuro y la seguridad tienen su garantía en la cantidad de las riquezas.

Los trabajos, las propiedades, las riquezas son bienes necesarios para nuestra vida y nuestro bienestar, ya que nos aportan seguridad y nos ayudan a construir nuestro futuro. Pero se convierte en obstáculo cuando ponemos estas realidades en lo más profundo de nuestro corazón y las convertimos en el sentido de nuestra existencia.

Por ello es muy bueno que nos demos cuenta que el texto evangélico de hoy nos invita a contemplar en Jesucristo al único pobre en verdad, ya que: «no tiene donde reclinar la cabeza», y al único generoso hasta el extremo: «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

En verdad que el trabajo en este mundo sólo encuentra su sentido más pleno en cuanto que sirve para prepararnos la vida definitiva y eterna.

Que el Señor nos conceda «buscar sobre todo el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se nos dará por añadidura».

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio de Santa Catalina de Siena (Paterna)


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