’ Brille así vuestra luz ante los hombres ’


Tu oscuridad se volverá mediodía

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’ Brille así vuestra luz ante los hombres ’

Religión

Febrero 08, 2020 19:10 hrs.
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La Palabra de Dios


Domingo 9 de febrero 2020

Primera lectura
Is 58, 7-10
Esto dice el Señor:
’Comparte tu pan con el hambriento,
abre tu casa al pobre sin techo,
viste al desnudo
y no des la espalda a tu propio hermano.

Entonces surgirá tu luz como la aurora
y cicatrizarán de prisa tus heridas;
te abrirá camino la justicia
y la gloria del Señor cerrará tu marcha.

Entonces clamarás al Señor y él te responderá;
lo llamarás y él te dirá: ‘Aquí estoy’.

Cuando renuncies a oprimir a los demás
y destierres de ti el gesto amenazador
y la palabra ofensiva;
cuando compartas tu pan con el hambriento
y sacies la necesidad humillado,
brillará tu luz en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía’’.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9
R. (4a) El justo brilla como usa luz en las tinieblas.
Quien es justo, clemente y compasivo.
como una luz en las tinieblas brilla.
Quienes, compadecidos, prestan
y llevan su negocio honradamente
jamás se desvairán.
R. El justo brilla como usa luz en las tinieblas.
El justo no vacilará;
vivirá su recuerdo para siempre.
No temerá malas noticias,
porque en el Señor vive confiadamente.
R. El justo brilla como usa luz en las tinieblas.
Firme está y sin temor s corazón.
Al pobre da limosna,
obra siempre conforme a la justicia;
su frente se alzará llena de gloria.
R. El justo brilla como usa luz en las tinieblas.


Segunda lectura
1 Co 2, 1-5
Hermanos: Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.

Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Aclamación antes del Evangelio
Jn 8, 12b
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Aleluya.


Evangelio
Mt 5, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ’Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos’’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

’ Brille así vuestra luz ante los hombres ’
Introducción
¿Cuáles son los signos que clarifican y autentifican una correcta relación del hombre con Dios en todos y cada uno de sus actos religiosos? ¿No suelen darse ciertos desajustes entre lo que el fiel a veces pide y espera y los designios de la voluntad divina sobre el hombre?

La Palabra del Señor, el ’Padre de las luces’ (Sant 1,17), viene al encuentro del ciego que invoca sinceramente: ’que yo vea, Señor’. Busca ante todo desenmascarar esa hipocresía larvada y difícil de detectar que afecta con frecuencia al hombre religioso, pues no suele ser consciente de la misma.

Pretende abrir a la luz del evangelio los ojos del creyente para iluminar la oscuridad de determinadas costumbres y prácticas que, más que acercarle al verdadero Dios, le pueden ir alejando de su presencia. En definitiva, quiere purificar y despertar la auténtica conciencia cristiana.

Fray Juan Huarte Osácar
Convento de San Esteban (Salamanca)

Comentario al Evangelio
Fernando Torres cmf


Tu oscuridad se volverá mediodía

Es hermoso ver como la Escritura se ayuda a sí misma a interpretarse. Todos conocemos las parábolas de Jesús sobre la sal y la luz. Son una llamada a todos sus seguidores a vivir en medio del mundo como los que dan vida y luz, como los que hacen descubrir el verdadero y auténtico saber y sentido de esta vida. Quizá Jesús se daba cuenta ya en su tiempo de la mucha gente que vive sin vivir, sin disfrutar, sin gozar de la vida, que viven en la oscuridad, que no descubren el camino hacia la salvación, la vida y la felicidad que es lo que Jesús nos ofrece.

Así que los cristianos tenemos que ser la sal y la luz del mundo. Pero, ¿qué significa esto en la práctica? El mismo Evangelio nos da ya una pista: significa hacer ’buenas obras’ porque así todos darán gloria al Padre que está en el cielo. Pero otra vez nos encontramos con un problema: ¿cuáles son las buenas obras a que se refiere Jesús?

La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos ayuda a entender el tipo de buenas obras que Dios quiere de nosotros. Es una lectura para leer y releer y no perder ni una coma. Cada palabra es un tesoro que puede ser aplicado perfectamente a nuestra situación actual y a todos los niveles, tanto a las relaciones personales dentro de la familia o con los amigos como a las relaciones en el trabajo, en nuestra ciudad o entre las naciones. ’Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo’. Son mensajes claros, sencillos. No es necesaria ninguna interpretación. También nos dice que hay que ’desterrar la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia’. Y para completarlo esa especie de ruego: ’no te cierres a tu propia carne’. Isaías nos invita a reconocer en el otro, en cualquier otro, no importa lo lejano que viva o que no pertenezca a nuestra religión, nación, cultura, raza o lo que sea, ’nuestra propia carne’.

Entonces es cuando, como dice Isaías, ’romperá nuestra luz como la aurora’, nos ’brotará la carne sana’ y nuestra ’oscuridad se volverá mediodía’. O dicho en palabras de Jesús, seremos la sal del mundo y nuestra luz alumbrará a todos. Pero lo que está claro es que esa luz brotará de dentro de nosotros, de nuestro corazón. Cuando hagamos esas buenas obras, cuando seamos hermanos de nuestros hermanos. Sin distinciones, sin prejuicios. El mensaje de Jesús está ahí. Con toda su simplicidad. No hay que esperar una salvación que venga de fuera. Está en nuestra mano hacer que la luz brote en las tinieblas. Basta con que nos tomemos en serio lo que dice el profeta Isaías y lo llevemos a la práctica en nuestras vidas.



Para la reflexión

¿Qué hacemos para partir nuestro pan con el hambriento, hospedar a los sin techo y vestir al desnudo? ¿Evitamos los gestos amenazadores y la maledicencia? ¿Cómo puede ser nuestra comunidad sal de la tierra y luz del mundo?


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