’ Convertíos a mí de todo corazón ’



Conviértete y cree en el evangelio

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’ Convertíos a mí de todo corazón ’

Religión

Febrero 25, 2020 20:41 hrs.
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26 de febrero 2020

Miércoles de Ceniza

Primera lectura
Jl 2, 12-18
Esto dice el Señor:
’Todavía es tiempo.
Vuélvanse a mí de todo corazón,
con ayunos, con lágrimas y llanto;
enluten su corazón y no sus vestidos.

Vuélvanse al Señor Dios nuestro,
porque es compasivo y misericordioso,
lento a la cólera, rico en clemencia,
y se conmueve ante la desgracia.

Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros
y nos deje una bendición,
que haga posibles las ofrendas y libaciones
al Señor, nuestro Dios.

Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno,
convoquen la asamblea, reúnan al pueblo,
santifiquen la reunión, junten a los ancianos,
convoquen a los niños, aun a los niños de pecho.
Que el recién casado deje su alcoba
y su tálamo la recién casada.

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes,
ministros del Señor, diciendo:
‘Perdona, Señor, perdona a tu pueblo.
No entregues tu heredad a la burla de las naciones.
Que no digan los paganos: ¿Dónde está el Dios de Israel?’ ’

Y el Señor se llenó de celo por su tierra
y tuvo piedad de su pueblo.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17
R. (cf 3a) Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí ti santo espíritu.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija
y mantén en mí un alma generosa.
Señor, abre mis labios,
y cantará mi boca tu alabanza.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.


Segunda lectura
2 Cor 5, 20–6, 2
Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo ’pecado’ por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos.

Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor dice: En el tiempo favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí. Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor





Aclamación antes del Evangelio
Cfr Sal 94, 8
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
’No endurezcan su corazón’.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio
Mt 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ’Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará’’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy

Convertíos a mí de todo corazón
Suele repetirse esta lectura cada miércoles de ceniza. No son gritos pesimistas, no. Es clamor del pueblo hacia Dios, un clamor que ha quedado convertido, con el transcurrir de los siglos, es suaves palabras, dichas sin énfasis ni fuerza interior. El Señor pide que todo corazón se vuelva hacia Él. Ese es el giro, ese es el cambio, esa es la actitud cuaresmal que debe prolongarse a lo largo del año. Que las actitudes negativas -podemos llamarlas pecado- duelan por dentro, desde el corazón y que no sean simple reconocimiento mental, sino que han de serlo cordial. No es preciso la algarabía ni el desgarro de ropas, algo muy propio del pueblo judío. Eso podría ser puro teatro, pantomima externa. Aunque ya no se produce, sí estuvo presente, con profundo sentido de arrepentimiento, en las comunidades primitivas. Hoy se invita a no aparentar, sino a vivir con sinceridad y coherencia cuaresmal.

Lo auténtico es: aceptación de limitaciones, arrepentimiento sincero, creer que el Señor es tierno, compasivo, paciente con nuestras debilidades, abrirnos a recibir el perdón hecho sacramento de vida. No es necesario pregonar nuestro arrepentimiento, pero sí el perdón de Dios. Hay que reunirse como comunidad y tomar conciencia juntos de que Dios nos perdona. Y manifestarlo sin pudor ni miedo alguno; sin gritarlo, pero sí con gestos claros. No es cuaresma tiempo para timoratos y medrosos. Sólo así podremos responder a la pregunta de los paganos ¿Dónde está tu Dios? Y nosotros les diremos: Dios está en el perdón, en la compasión, en el impulso de gracia que Él nos da para salir al encuentro de los otros… para que ellos también nos perdonen. Si en nosotros no ven esas actitudes, no verán a Dios. Y aunque las vean, muchos seguirán negando la fuerza transformadora de Dios. Lástima. Nada podemos hacer.

Misericordia, Señor, hemos pecado
David clama después del reproche del profeta Natán. David ha cometido un acto del que todo el pueblo es consciente, adulterio, y eso le aleja de Dios.

El salmo sí que es todo un clamor para alcanzar la misericordia, todo un reconocimiento del pasado, de los pasos erróneos, de los gestos negativos que repercuten no solo en nosotros, sino en los demás, a los que a veces utilizamos en provecho propios. Clamor de purificación, de limpieza, de lavado interior y exterior para seguir andando con dignidad, pero sin altivez alguna. Soplo para caminar agradecidos por sendas de misericordia de Dios… y de los otros.

Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación
Aceptar la reconciliación tras una oferta que procede de Dios. Esa oferta no es otra que Cristo mismo. Ello nos convierte en colaboradores de Dios, en su mano extendida, en su palabra de acogida, en corazón amplio para que cuantos más quepan en él, mejor. ’Meter’ a muchos en el corazón también trae problemas, pero de eso se trata en cristiano. Es tiempo oportuno éste de la cuaresma. Todo tiempo lo es. No podemos desaprovecharlo; si lo hacemos, la salvación quedará mermada, la experiencia salvífica no nos ayudará a crecer. Tenemos varias semanas por delante para experimentar esta ’oportunidad’ que Dios nos ofrece. En la actualidad nos movemos en ese juego de las oportunidades/amenazas, fortalezas/debilidades en tantas dinámicas grupales y en los análisis que hacemos. El resto del año es para vivir de los buenos réditos de esta inversión cuaresmal, conscientes de las oportunidades y fortalezas, de las debilidades y amenazas. La tensión nos hace estar vivos.

Conviértete y cree en el evangelio
Hace años, en un colegio, en el momento de impartir la ceniza simbólica, el laico, encargado de pastoral, me ayudó a imponerla (palabra rara) a todo el colegio. Algarabía total. Mientras yo decía: Conviértete y cree en el evangelio, él, que de pastoral sabía lo que yo de mecánica cuántica -eso sí, era muy buen chico- iba repitiendo la frase. ¡Levántate y anda! No le dije nada, solo al final. Reímos juntos. La frase de Jesús también era válida. Cierto: los alumnos/as se levantaban, pero solo de sus asientos para recibir lo que a ellos les parecía algo exótico cada año. Si uno no se levanta de verdad y camina con sincero corazón, la conversión y la fe es muy posible que no lleguen. Por eso, no hay que darle demasiada importancia a la ’ceniza’, salvo que se explique muy bien el simbolismo. Muchos ya son ’cenizos’ de por sí.

El evangelio es muy claro: nada de aparentar ni figureo farisaico; en cambio, sí a la limosna, sí a la oración, sí a algunas renuncias en pequeños gestos silenciosos, anónimos. Tres dimensiones que dignifican y dan sentido a la aceptación del encuentro reconciliador con Dios y con los demás.

Nada de pregonar: a nadie le interesa nuestra conversión, los cambios e intercambios con Dios. Debe ser un diálogo sincero entre Dios y cada uno. Es un contrato entre dos sujetos que se reconocen, que se buscan, Dios y tú, que quieren ser fieles el uno al otro, donde lo que cuenta es ’la palabra dada’. Porque la mayoría de las veces el amor y el perdón aparecen por donde no estábamos mirando. Es preciso girar no solo el corazón, sino la cabeza para ver por dónde nos viene la salvación.

Fr. José Antonio Solórzano Pérez
Casa San Alberto Magno (Madrid)


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