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’ ¿Cuántos panes tenéis? ’


Enjugará las lágrimas de todos los rostros

’ ¿Cuántos panes tenéis? ’

Diciembre 03, 2019 21:24 hrs.
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Miércoles 4 de diciembre 2019

La Palabra de Dios


Primera lectura
Is 25, 6-10
En aquel día, el Señor del universo
preparará sobre este monte
un festín con platillos suculentos
para todos los pueblos;
un banquete con vinos exquisitos
y manjares sustanciosos.
Él arrancará en este monte
el velo que cubre el rostro de todos los pueblos,
el paño que oscurece a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre;
el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros
y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo.
Así lo ha dicho el Señor.

En aquel día se dirá:
’Aquí está nuestro Dios,
de quien esperábamos que nos salvara.
Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae,
porque la mano del Señor reposará en este monte’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor Jesús

Salmo Responsorial
Sal 22, 1-3a. 3b. 4.5.6.
R. (6cd) Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para repara mis fuerzas.
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término..
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Ya viene el Señor para salvar a su pueblo.
Dichosos los que estén preparados para salir a su encuentro.
R. Aleluya.

Evangelio
Mt 15, 29-37
En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ’Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino’. Los discípulos le preguntaron: ’¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?’ Jesús les preguntó: ’¿Cuántos panes tienen?’ Ellos contestaron: ’Siete, y unos cuantos pescados’.

Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
Enjugará las lágrimas de todos los rostros
En este tiempo de Adviento, la lectura del profeta Isaías nos sitúa en una comida preparada por el Señor. El banquete es como la vida en el Reino de Dios. La realidad no defrauda a los que esperan. Las lágrimas de los que sufren serán enjugadas. Ya no habrá llanto ni dolor.

Este banquete será preparado por el Señor, la esperanza es devuelta al pueblo, a quien se le quitará el velo que le impide ver su alegría, su plenitud, su felicidad. Celebremos y gocemos con su salvación será el canto de los que entren al banquete.

Muchos de nuestros encuentros de amigos y familiares los hacemos en torno a las comidas; sin embargo, muchas comidas están atadas a los ausentes. El móvil ha sustituido a la conversación sana que provoca el encuentro. Nos comunicamos más con el de fuera que con el que tenemos en frente mirándonos a los ojos. Ansiamos sacar el móvil para ver quién nos ha escrito en nuestras redes sociales, interrumpiendo o aparcando cualquier conversación posible que en el momento real se esté produciendo.

Escondemos nuestros deseos y esperanzas, somos incapaces de compartirlos por miedo al ridículo o al sarcasmo que pueda surgir entre los presentes. Escondemos también nuestras lágrimas y sufrimientos, considerando que no puede haber nadie que nos consuele. Escondemos nuestra padecer y morir porque nadie alimentará nuestra esperanza. Este es uno de los velos que cubre a todos los pueblos.

Pero hay velos que añaden más sufrimientos a los hombres: el hambre que no queremos ver, los enfermos que no queremos cuidar, los ancianos que no queremos acompañar, los niños que no dejamos nacer, los refugiados que no queremos acoger, los marginados y pobres que no queremos contemplar. Este paño tapa a todas las naciones.

El banquete de la esperanza arrancará este velo y este paño de la desolación y la impiedad alejando el oprobio de los que padecen la injusticia. Dios enjugará nuestras lágrimas de dolor y sanará nuestras heridas.

¿Cuántos panes tenéis?
En el Evangelio de Mateo nos presenta la Multiplicación de los panes: Jesús se compadece de cuantos van a escucharlo. Muchos son curados de su ceguera, de su incapacidad para oír, de su incapacidad para caminar. Pero, no quiere que marchen sin nada. Se han alimentado espiritualmente, pero es necesario que coman algo para el camino.

¿Es sorprendente el milagro de la multiplicación de los panes? Lo verdaderamente sorprendente era encontrar a un predicador dando de comer. No eran sólo palabrerías lo que ofrecía, su alimento también era físico. Su compromiso era total. Hasta quedarse sin nada.

Y es que no podemos pensar en los pobres situándonos sólo en la lástima. Eso no les da alimento para el camino. Lo que genera la verdadera solidaridad es preguntarme ¿Cuántos panes tengo? ¿Cuánto puedo compartir? ¿Cuánto estoy dispuesto a ofrecer? Lo importante de este evangelio es que cuestiona a todos y nos saca de la comodidad.

La crisis ha llevado a muchas familias, a muchos jóvenes y niños a sobrevivir en medio de la precariedad. Una vez inmersos en ese pozo de sombras es difícil salir. Una crisis de la que nos cuentan que hemos salido, pero no es del todo cierto, mientras haya situaciones tan acusadas de precariedad. Y el ave de la pobreza se cierne nuevamente sobre los más débiles con la desaceleración de la economía.

Podemos preguntarnos como los discípulos de Jesús: ¿Dónde vamos a encontrar panes en un despoblado? En el desierto de la incomprensión y de la insolidaridad no hay señales de alimento. ¿Es una realidad o una excusa para no compartir?

Oremos para que los cristianos sepamos ofrecer lo que tenemos para paliar el hambre de cuantas familias encontremos a nuestro paso, que sepamos también enjugar como Dios enjuga los rostros de los pueblos, y que el rostro compasivo de Jesús, sea llevado en nuestros corazones ofreciendo en este Adviento pequeños haces de luz donde brille la esperanza.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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