’ ¿De qué discutíais por el camino? ’


Iba instruyendo a sus discípulos

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’ ¿De qué discutíais por el camino? ’

Religión

Febrero 24, 2020 22:40 hrs.
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Martes 25 de febrero 2020


La Palabra de Dios


Primera lectura
San 4, 1-10
Hermanos míos: ¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra. Y si no lo alcanzan, es porque no se lo piden a Dios. O si se lo piden y no lo reciben, es porque piden mal, para derrocharlo en placeres.

Gente infiel, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por lo tanto, quien decide ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. No piensen que la Escritura dice en vano: Dios ama celosamente a nuestro espíritu y nos da su gracia con generosidad. Por eso dice también la Escritura: Dios aborrece a los soberbios y concede su gracia a los humildes.

Por consiguiente, sométanse a Dios; resistan al diablo y se alejará de ustedes. Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores se purifiquen las manos y se decidan por Dios los indecisos. Comiencen ya a lamentar y a llorar su miseria. Que su risa se convierta en llanto y su alegría en tristeza. Humíllense ante el Señor y él los enaltecerá.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 54, 7-8. 9-10a. 10b-11a. 23
R. (23a) Descarga en el Señor lo que te agobia.
En la angustia me dije: ’Si tuviera,
como la paloma, alas, yo me iría
volando por el desierto,
para poder vivir libre de intrigas. R.
R. Descarga en el Señor lo que te agobia.
A salvo me pondría
del viento huracanado,
de las voces que dan mis enemigos
y de sus opresiones ". R.
R. Descarga en el Señor lo que te agobia.
Sólo veo en la ciudad
violencias y discordias,
que da día y noche
por sus murallas rondan. R.
R. Descarga en el Señor lo que te agobia.
Descarga en el Señor lo que te agobia
y él te aliviará.
La derrota del justo para siempre
jamás permitirá. R.
R. Descarga en el Señor lo que te agobia.


Aclamación antes del Evangelio
Gál 6, 14
R. Aleluya, aleluya.
No permita Dios que yo me gloríe en algo
que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
por el cual el mundo está crucificado para mí
y yo para el mundo.
R. Aleluya.


Evangelio
Mc 9, 30-37
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ’El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará’. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: ’¿De qué discutían por el camino?’ Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: ’Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’.

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: ’El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Meditar las enseñanzas de Jesús, que no son otra cosa que una exposición de la voluntad del Padre, supone, y así lo hemos pedido en la oración colecta, aprender a vivirlas de palabra y de obra, teniendo claro que ello complace a Dios. Este aprendizaje no termina nunca. Su final se dará cuando lleguemos a la Casa del Padre.

Pedís y no recibís, porque pedís mal
Con frecuencia se suele escuchar: ’Dios no me escucha’. Probablemente sería más provechoso y acertado examinar cómo nos acercamos a Dios. El apóstol Santiago nos hace ver la clave en la que tenemos que situarnos: ’Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.’ Ha señalado la finalidad que persigue el que invoca a Dios: satisfacer sus pasiones. Dicho de otra manera: se está buscando a sí mismo y no tiene verdaderamente a Dios como interlocutor. Por ese motivo dice Santiago que es una petición infructuosa y por lo mismo una mala petición, aunque pueda ser bueno lo que se está pidiendo.

Pero además hace al mismo tiempo una descripción del ambiente en el que se encuentra el supuesto orante:’ ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros?’ Podemos tener presente lo que nos indica Juan en su primera carta: ’No os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus viene de Dios’ (I Jn, 4, 1) Un espíritu que no proviene de Dios es el que se manifiesta anteponiendo su propia voluntad a la voluntad de Dios. Y lo justifica Santiago cuando expone la situación: ’Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal...’ Esfuerzos estériles porque las motivaciones que los provocan son contrarias a la enseñanza de Jesús.

El deseo que tenemos de que todo cambie; que las causas que provocan la ruptura de la comunión (no a otra cosa se está refiriendo el autor sagrado), se vean corregidas, este deseo, repito, se ve frustrado porque se ha asentado en una relación equivocada: ’Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios’ Adulterada la relación con Dios no se puede esperar que concluya bien lo que ha tenido mal comienzo. De ahí que sea necesario discernir las motivaciones de las suplicas elevadas a Dios y que broten de una decidida voluntad de apegarse a lo que Jesús ha enseñado. Más aún, es necesario que tanto las súplicas como los esfuerzos broten de una creciente comunión con el Maestro. Vale recordar lo referente a la oración expuesto en el Sermón de la montaña.

Necesidad de renovación interior
Finaliza el texto haciendo una invitación: ’Por tanto, sed humildes ante Dios, pero resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros’. Es el primer paso a dar: reconocer qué somos y cómo estamos, es decir situarnos en el ámbito de la verdad y desde ahí abrirnos a la comunión con Dios desde la sincera comunión entre lo hermanos. Por otro lado añade: ’Lavaos las manos, pecadores; purificad el corazón, los inconstantes. Lamentad vuestra miseria, haced duelo y llorad; que vuestra risa se convierta en duelo y vuestra alegría e aflicción. Humillaos ante el Señor y él os ensalzará’. Podemos entender que se pide: primero, la purificación de los afectos; la constancia en el deseo de la renovación interior y la realización de la existencia manifestada en las obras que se realizan, Examinada la verdad de la propia existencia, reconocer la distancia que existe entre lo propuesto por Jesús y lo asimilado por cada uno. Por eso concluye: ’Dios resiste a los soberbios, más da su gracia a los humildes’. El reconocimiento de la propia realidad deberá llevar a la súplica de la misericordia y asumir lo que decimos en el salmo: Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

Iba instruyendo a sus discípulos
La instrucción es absolutamente necesaria y deberá ir seguida de una adecuada respuesta por parte de los discípulos. Todo el que escucha al Padre y aprende, señala Juan en el evangelio, va a Jesús. Escuchar y aprender, unidas. No cabe posibilidad de que se puedan dar por separado. El contenido de la instrucción lo señala Marcos: ’El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará’. Lo dicho en primer lugar no precisa mucha explicación. Todo el que se opone al sistema es eliminado. Hasta ahí se entiende la lógica consecuencia. Lo que no entienden es: ’a los tres días resucitará’. El sentido de lo expuesto por Jesús uniendo inseparablemente las dos partes: morir y resucitar, es lo que escapa a su comprensión. Escuchan, pero no entienden. Pero les da miedo preguntar. Y sumidos en su ignorancia se dedican a lo que realmente les importa.

En los procesos de aprendizaje tiene que producirse la comprensión de lo escuchado para poder asimilarlo y aplicarlo. Cuando esto no ocurre, la enseñanza no produce fruto. Jesús pregunta, consciente de la situación y dificultad en que se encuentran. Al mismo tiempo los coloca frente a una inoportuna salida: ’¿De qué discutíais por el camino?’ Jesús los ha sorprendido: ’Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante’. Una reacción muy lógica y muy humana: hablamos de lo que nos interesa realmente y nos importa: quién es el más importante. Pero esto no se lo dicen a Jesús. Guardan silencio. Es el problema señalado por Santiago en el texto proclamado.

Jesús va a orientar sus deseos, objetivos y esfuerzos: ’Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’. Es lo que ha hecho él, el Maestro y Señor: Y a su ejemplo los remite y además les advierte a través de un gesto (tan propio de él): ’El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado’. Él es el camino para llegar al Padre.

Cabe preguntarnos nosotros:

¿Buscamos servir, siempre y en toda circunstancia?

¿De dónde parten nuestras súplicas?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)


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