’ Él dará testimonio de mí ’


El Señor le abrió el corazón

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’ Él dará testimonio de mí ’

Religión

Mayo 17, 2020 21:27 hrs.
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La Palabra de Dios

Lunes 18 de mayo 2020


Primera lectura
Hch 16, 11-15
Por aquellos días, zarpamos de Tróade y navegamos rumbo a Samotracia; al día siguiente, hacia Neápolis y de ahí a Filipos, colonia romana y ciudad principal de la región de Macedonia.

En Filipos nos quedamos unos días. El sábado salimos de la ciudad y nos fuimos por la orilla del río hasta un sitio donde solían tenerse las reuniones de oración. Allí nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido.

Entre las que nos escuchaban, había una mujer, llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, comerciante en púrpura, que adoraba al verdadero Dios. El Señor le tocó el corazón para que aceptara el mensaje de Pablo. Después de recibir el bautismo junto con toda su familia, nos hizo esta súplica: ’Si están convencidos de que mi fe en el Señor es sincera, vengan a hospedarse en mi casa’. Y así, nos obligó a aceptar.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b
R. (4a) El Señor es amigo de su pueblo. Aleluya.
Entonen al Señor un canto nuevo,
en la reunión litúrgica proclámenlo.
En su creador y rey, en el Señor,
alégrese Israel, su pueblo santo.
R. El Señor es amigo de su pueblo. Aleluya.
En honor de su nombre, que haya danzas,
alábenlo con arpa y tamboriles.
El Señor es amigo de su pueblo
y otorga la victoria a los humildes.
R. El Señor es amigo de su pueblo. Aleluya.
Que se alegren los fieles en el triunfo,
que inunde el regocijo sus hogares,
que alaben al Señor con sus palabras,
Porque en esto su pueblo se complace.
R. El Señor es amigo de su pueblo. Aleluya.


Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 15, 26. 27
R. Aleluya, aleluya.
El Espíritu de verdad dará testimonio de mí, dice el Señor,
y también ustedes serán mis testigos.
R. Aleluya.


Evangelio
Jn 15, 26–16, 4
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ’Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo’’.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

El Señor le abrió el corazón
Creemos que la verdadera actitud que hay que adoptar ante la Palabra de Dios es la misma que tuvo Lidia ante la predicación de Pablo, esa escucha humilde, confiada, despojada de todo esquema o idea preconcebidos; simplemente tener en cuenta y ser dócil a lo que Dios quería de ella. Y como consecuencia de esta atenta y activa escucha de la Palabra de Dios, surge el servicio generoso y desinteresado para con los demás.

¿Cómo se puede ser auténticos oyentes y orantes de la Palabra de Dios en nuestra vida cotidiana?

Él dará testimonio de mí
En este fragmento del Evangelio de San Juan, Jesús nos muestra la estrecha comunión que Él tiene con el Padre y el Espíritu Santo, dando a entender que el Espíritu Santo da testimonio de ÉL y Él, a su vez, del Padre, manifestando que Dios Padre, en esta comunión Trinitaria, nos llena siempre de sus dones y de sus gracias; y el más precioso don que Él nos regala, después de su Hijo, es el Espíritu Santo.

Todo lo bueno que tenemos, las cualidades del alma y del cuerpo son gracias del Espíritu Santo y se trasforman en un nuevo regalo de Dios para los demás, que también nos fortalecen para morir al hombre viejo con todo su egoísmo, soberbia y vanidad.

El Espíritu Santo, calienta lo que es tibio o frío en nuestro trato con Dios y nos reviste de Cristo Resucitado, para vivir la nueva Vida como verdaderos hijos de Dios, siendo testigos de su Amor con nuestra entrega y testimonio.

Pero para dar este testimonio de fe en Cristo, que es el Mesías, es esencial la venida del Espíritu Santo, tanto para los discípulos como para nosotros, porque el seguimiento del Señor, ya nos lo advierte Él, nos acarreará persecuciones, incomprensiones; pero sabemos que el discípulo no es más que su Maestro, lo importante es que permanezcamos confiados y firmes en Él. Porque cuando tenemos un dolor, un sufrimiento, algo incomprensible, ¿qué hacemos? ¿Intentamos razonar, buscar soluciones por donde sea? O ¿acudimos al Espíritu Santo para que Él nos ilumine y no nos escandalice lo que nos está pasando, sin asustarnos de la cruz de Cristo en nuestra vida?

El verdadero testimonio no es el nuestro, sino el que el Espíritu Santo da de Jesucristo, porque nosotros no podemos pretender dar testimonio de nosotros mismos. Siempre debemos acudir a la Palabra de Dios, para recordar todo lo que nos dijo el Señor.

Oremos con María, la llena de gracia, nuestra Madre, en la próxima fiesta del Huésped constante y dulcísimo de nuestras almas, y pidámosle la efusión y el fuego de su Divino Amor para toda la Iglesia, para la Orden, para que seamos muy fieles a sus divinas inspiraciones, nos ayude a conocer su voluntad y a cumplirla con todo el amor de nuestro corazón.

Monasterio de Santo Domingo - Dominicas
San Sebastián




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