’ El Hijo del hombre tiene que padecer mucho ’


Elige la vida

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’ El Hijo del hombre tiene que padecer mucho ’

Religión

Febrero 26, 2020 18:32 hrs.
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La Palabra de Dios

Jueves 27 de febrero 2020
Primera lectura
Dt 30, 15-20
Esto dice el Señor: ’Mira: Hoy pongo delante de ti la vida y el bien o la muerte y el mal. Si cumples lo que yo te mando hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos, cumpliendo sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y te multiplicarás. El Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero si tu corazón se resiste y no obedeces, si te dejas arrastrar y te postras para dar culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que perecerás sin remedio y que, pasado el Jordán para entrar a poseer la tierra, no vivirás muchos años en ella.

Hoy tomo por testigos al cielo y a la tierra de que les he propuesto la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Elige la vida y vivirás, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él; pues en eso está tu vida y el que habites largos años en la tierra que el Señor prometió dar a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob’’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6
R. (Sal 39, 5a) Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Dichoso el hombre que no se guía
por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno,
que amala ley de Dios
y se goza en cumplir sus mandamientos.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al rio.
que da fruto a su tiempo
y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.


Aclamación antes del Evangelio
Mt 4, 17
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Arrepiéntanse, dice el Señor,
porque ya está cerca el Reino de los cielos.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio
Lc 9, 22-25
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ’Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día’.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: ’Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga.

Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?’’
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Elige la vida
La primera lectura de hoy nos sitúa ante el tercer discurso de Moisés en el libro del Deuteronomio, donde el profeta va a hacer una llamada radical y definitiva al pueblo de Israel, para que elija el camino correcto. Ante Israel se presenta una disyuntiva, elegir la vida y el bien o la muerte y el mal, es decir, seguir al Señor y observar sus mandatos y preceptos, o por el contrario desobedecer y marcharse detrás de otros dioses. La decisión del pueblo no admite demora, pues ésta se torna en llamada urgente a elegir la vida, a vivir. La situación no puede esperar ni dejarse para mañana, se trata de una opción que hay que realizar en el ’hoy’. La consecuencia de elegir la vida es clara y buena para el ser humano, será bendecido en la tierra en la que ’acampará’ y crecerá.

Sin embargo, si la elección es contraria a lo que Dios quiere, el pueblo no escucha su voz, se aparta de sus caminos y cierra su corazón al Señor de la vida, morirá sin remedio, no durará mucho en esta tierra. No se trata por tanto de una decisión neutra. Por ello, Moisés insiste en que Israel escoja la vida y sus consecuencias.

Es evidente la invitación que se hace al pueblo de Israel y cada uno de nosotros hoy. Los beneficios de seguir los mandatos del Señor llenan el corazón de la persona de una alegría profunda y duradera. Ella será bendecida allí donde esté a pesar de las dificultades que pueda encontrar en el camino. Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. ¿Qué eliges?

El Hijo del hombre tiene que padecer mucho
Lucas continúa en el capítulo 9 de su Evangelio con su catequesis acerca de la identidad de Jesús y para que pueda comprenderla su comunidad, intercala en su relato una referencia a su pasión, muerte y resurrección y a su seguimiento.

Después de que Pedro ha confesado que Jesús es el Mesías, el evangelista va a precisar está afirmación colocando el primer anuncio de pasión. Jesús verdaderamente es el Mesías, pero no un Mesías triunfante que llega con poder sobre las naciones, sino todo lo contrario, tendrá que padecer y sufrir mucho. El eco del poema del siervo de Isaías (52,13-53,12) resuena en este anuncio en clave de fidelidad y obediencia al plan de Dios. Los responsables, no sólo del sufrimiento sino de la muerte de Jesús, aparecen reflejados en la triada, ancianos, sumos sacerdotes y escribas, las autoridades religiosas de aquel tiempo que condenaran a Jesús porque son incapaces de reconocerle. Pero el Mesías, abre la puerta a la esperanza de la vida. El dolor y la muerte no tienen la última palabra. El aparente fracaso de una vida entregada se tornará en resurrección, al tercer día.

A continuación, Lucas va a insistir en que seguir a Jesucristo no es para llenarse de honores y medallas. Ser discípulo del Maestro implica una serie de condiciones aptas para todos aquellos que quieran compartir su vida y su destino.

La primera es negarse a sí mismo, es decir renunciar al ser el centro de la propia vida, dejar a un lado todo lo que no es auténtico para poder aceptar los valores del Reino, para profundizar en el conocimiento y la identidad de Jesús, para aceptar un fracaso que alcanzará su triunfo.

La segunda condición es tomar la cruz cada día, que evoca la imagen de un condenado a muerte obligado a cargar con el madero de la cruz, como más adelante lo hará Jesús. Cargar con la cruz no es fácil, ni nos gusta. Asumir las contrariedades y contradicciones, aliviar el mal y el sufrimiento que padece tanta gente en nuestro mundo hace que nuestra cruz de cada día se vuelva más ligera.

La tercera condición del discípulo es seguir a Jesús, ir detrás de él en sentido existencial. Estar dispuesto a identificarse con su persona y su mensaje. Acogerle en el otro, especialmente en el pobre y oprimido, en el que carece de paz y libertad, en el hambriento de pan y de sentido.

Si este camino parece duro, pierde sin duda toda su crudeza ante la conciencia que lleva a salvar la vida. El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. Este versículo nos sitúa de nuevo ante una elección, como en la lectura del Deuteronomio. Salvar la vida es querer vivir sin riesgos, guardándola para uno mismo, y en consecuencia la persona la pierde, no hace de su vida un servicio para los demás. Perder la vida por Jesús es darle un sentido nuevo, llenarla de plenitud y por ende de bendición y felicidad. ¿Estás dispuesto/dispuesta a seguir a Jesús?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo


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