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’ El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra ’


No somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma

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’ El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra ’

Religión

Enero 28, 2021 19:19 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 29 enero 2021

Primera Lectura
Heb 10, 32-39
Hermanos: Recuerden aquellos primeros días en que, recién iluminados por el bautismo, tuvieron ustedes que afrontar duros y dolorosos combates. Unas veces fueron expuestos públicamente a los insultos y tormentos. Otras, compartieron los sufrimientos de los hermanos que eran maltratados, se compadecieron de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus propios bienes, sabiendo ustedes que están en posesión de otros, mejores y perdurables.

Por lo tanto, no pierdan la confianza, pues la recompensa es grande. Lo que ahora necesitan es la perseverancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancen lo prometido.

Atiendan a lo que dice la Escritura: Pronto, muy pronto, el que ha de venir vendrá y no tardará; y mi justo, si permanece fiel, vivirá; pero si desconfía, dejará de agradarme. Ahora bien, nosotros no somos de los que desconfían y perecen, sino hombres de fe, destinados a salvarnos.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor

Salmo Responsorial
36, 3-4. 5-6. 23-24. 39-40
R. (39a) La salvación de justo es el Señor.
Pon tu esperanza en Dios, practica el bien
y vivirás tranquilo en esta tierra.
Busca en él tu alegría
y te dará el Señor cuanto deseas.
R. La salvación de justo es el Señor.
Pon tu vida en las manos del Señor,
en él confía
y hará que tu virtud y tus derechos
brillen igual que el sol de mediodía.
R. La salvación de justo es el Señor.
Porque aprueba el camino de los justos,
asegura el Señor todos sus pasos;
no quedarán por tierra cuando caigan,
porque el Señor los tiene de su mano.
R. La salvación de justo es el Señor.
La salvación del justo es el Señor;
en la tribulación él es su amparo.
A quien en él confía, Dios la salva,
de los hombres malvados.
R. La salvación de justo es el Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 4, 26-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: ’El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha’.

Les dijo también: ’¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra’.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

No somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma
Fe y fortaleza en los momentos, que no son pocos, de adversidad. Es una llamada del escritor a mantenerse firmes. Como sacerdote que ha sido, es buen conocedor de los muchos sufrimientos por los que antaño ha pasado el pueblo de Israel. Ahora, a su nueva comunidad, no quiere llevarlos a engaño con ilusiones vanas. La comunidad nueva del nuevo pueblo de Dios ha recibido la luz y ello los llevo a soportar sufrimientos en medio de una gran lucha.

Les recuerda la compasión que han tenido con los perseguidos y encarcelados. Ahora se trata de no perder la confianza ¡es tan fácil perderla! Ni tampoco la fortaleza de ánimo para así hacer realidad la voluntad de Dios. ¡Qué fácil es flaquear en la fortaleza, en la fuerza interior, dejarse llevar, hundirse, porque las circunstancias son duras y no se ve con claridad si esa es la voluntad de Dios o el antojo de los hombres o las circunstancias adversas (suelen coincidir) que hacen sufrir lo indecible!

El final del texto es profundamente esperanzador: No somos de los que se echan atrás, de los que se acobardan, sino de los que logran la salvación porque tenemos fe. La fe es nuestra columna vertebral que nos mantiene firmes. Por eso la lectura de la Palabra meditada, asumida y la celebración comunitaria de la fe, son los elementos primordiales de nuestro sustento diario o semanal.

El Señor es quien salva a los justos
Un salmo precioso y preciso. Hace un recorrido sobre la vida de los malvados para poner acto seguido, como contrapunto, la vida de los justos a los que el Señor ama de verdad por sus actitudes generosas, misericordes, confiadas, compasivas. A los malvados que así no actúan, tampoco, como buen Padre, los va a dejar de lado, con ellos ejercerá la misericordia de forma especial, no como una excepción, sino con sentido paternal. Les proporcionará caminos y señales para la conversión. Pero con los justos se sentirá complacido, a gusto, acogiéndolos con cariño paternal/filial porque han sabido y querido confiar en Él.

El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra
La sencillez de lo pequeño y con ella, la grandeza y poder de lo insignificante. Jesús elige dos elementos minúsculos, pero poderosos: semilla (no dice cuál) y grano de mostaza. Ambas por si mismas no darían fruto, quedarían inermes en el recipiente que las cobijase. Se necesita la tierra, cuanto más esponjosa y aireada, mejor. Una vez sembradas, en el silencio de la noche, crecen. Cada una con su tamaño, la semilla no da un fruto grande, pero sí abundante de granos; la mostaza, planta grande, crece en árbol frondoso, siendo su semilla minúscula.

Jesús elige elementos del campo para que le comprendiesen. Sabe adaptarse. Y la mayoría -quizá no todos- le entendían, pero eso no le preocupaba en exceso. En el versículo 33 dice el texto: ’De esta forma les enseñaba Jesús el mensaje, por medio de muchas parábolas como esta y hasta donde podían comprender’. Emplea Jesús muchas veces el símbolo de la semilla, de la tiera buena o mala en la que ha de crecer. Da suma importancia al ’silencio’ de ese crecimiento, sin meter ruido, pero sin cejar un instante en ir madurando, abriéndose paso en la tierra, para terminar floreciendo.

Nosotros sí podemos comprender. La tierra somos cada uno de nosotros. De su calidad, cuidados, regadíos y desvelos dependerá que calladamente, en la noche, a la espera del sol de justicia, a la espera de la Palabra vivificadora, brote en cada uno las semillas plantadas bien por el bautismo recibido (agua necesaria), bien por la catequesis/resonancia (cuidados precisos de aprendizaje), bien por la poda y limpieza que debemso hacer para que las virtudes y los valores se desarrollen (educación imprescindible), bien por la actitud ante la vida una vez que han brotado esas semillas (posicionamiento ante la vida), bien por los encuentros y relaciones con otros (clima necesario para un buen crecimiento), bien por tantas pequeñas acciones, acontecimientos vivencias, expresiones de fe y esperanza que fortalezcan la maduración hacia arriba… Un día vendrá el tiempo de la siega, de ser útiles de otra forma y en otro lugar del Reino, pero mientras tanto nos toca vivir aquí con lo que somos… hasta la madurez/unificación total del encuentro definitivo con Dios.

La Palabra de Dios, cualquier palabra bien dicha con bondad y verdad, será nuestro caldo de cultivo interior y exterior. No olvidemos que la semilla ínfima, imperceptibe, contine una frondosidad extraordinaria, un mundo inusitado de posibilidades, de oportunidades encubiertas. Decía A. Saint-Exupéry: ’El árbol es semilla, después tallo, después tronco flexible, después madera muerta. El árbol es esa fuerza que lentamente desposa el cielo’.

Estamos llamados a ser árbol frondoso, para que en él aniden, reposen, canten, muchos pájaros que nos harán compañía, que nos utilicen y luego nos olviden. Y, sobre todo, para que muchos descansen a nuestra sombra.

Es bonito esto que dicen que dijo Buda al preguntarle: ’¿Cuál es la diferencia entre ’me gustas’ y ’te amo’? Buda respondió: ’Cuando te gusta una flor, la arrancas. Cuando amas una flor, la riegas todos los días. Aquel que entienda esto, entiende la Vida’.

Estoy seguro de que ustedes entienden la Vida…

Fr. José Antonio Solórzano Pérez O.P.
Casa San Alberto Magno (Madrid)


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