’ Era un hombre justo y santo ’


El trigo y la cizaña

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’ Era un hombre justo y santo ’

Religión

Febrero 06, 2020 21:51 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 7 de febrero 2020

Primera lectura
Sir 47, 2-13
Como se aparta la grasa para los sacrificios,
así fue escogido David entre los hijos de Israel.
Él jugaba con leones, como si fueran cabritos
y con osos, como si fueran corderos.
Joven aún, mató al gigante
y lavó la deshonra de su pueblo:
hizo girar su honda
y de una pedrada derribó la soberbia de Goliat.
Porque invocó al Dios altísimo,
él le dio fuerza a su brazo
para aniquilar a aquel poderoso guerrero
y restaurar el honor de su pueblo.
Por eso celebraban con canciones
su victoria sobre diez mil enemigos,
y lo bendecían en nombre del Señor.

Ya cuando era rey,
peleó con todos sus enemigos y los derrotó.
Aniquiló a los filisteos
y quebrantó su poder para siempre.

Por todos sus éxitos daba gracias al Dios altísimo
y lo glorificaba.
Amaba con toda el alma a su creador
y le entonaba canciones de alabanza.

Instituyó salmistas para el servicio del altar,
que con sus voces hicieron armoniosos los cantos.
Celebró con esplendor las fiestas
y organizó el ciclo de las solemnidades.
El santuario resonaba desde el alba
con alabanzas al nombre del Señor.

El Señor le perdonó sus pecados
y consolidó su poder para siempre.
Le prometió una dinastía perpetua
y le dio un trono glorioso en Israel.
Por sus méritos le sucedió
un hijo sabio, que vivió en paz:

Salomón fue rey en tiempos tranquilos,
porque Dios pacificó sus fronteras;
le construyó un templo al Señor
y le dedicó un santuario eterno.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor




Salmo Responsorial
Salmo 17, 31. 47 y 50. 51
R. (cf. 47b) Bendito sea Dios, mi salvador.
Perfecto es el camino de Dios,
y firmes sus promesas.
Quien al Señor se acoge
en él halla defensa. R.
R. Bendito sea Dios, mi salvador.
Bendito seas, Señor, que me proteges;
que tú, mi salvador seas bendecido.
Te alabaré, Señor, ante los pueblos
y elevaré mi voz, agradecido. R.
R. Bendito sea Dios, mi salvador.
Tú concediste al rey grandes victorias
y con David, tu ungido, y con tu estirpe
siempre has mostrado, Señor, misericordia. R.
R. Bendito sea Dios, mi salvador.


Aclamación antes del Evangelio
Cfr Lc 8, 15
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Aleluya.




Evangelio
Mc 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: ’Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado’.

Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: ’No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano’. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: ’Pídeme lo que quieras y yo te lo daré’. Y le juró varias veces: ’Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino’.

Ella fue a preguntarle a su madre: ’¿Qué le pido?’ Su madre le contestó: ’La cabeza de Juan el Bautista’. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: ’Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista’.

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

El camino de Jesús, el camino de la bondad y el amor
Entre nosotros se suele decir que no hay nada mejor que morir para que se hable bien de una persona. Al menos, durante un cierto tiempo. Es lo que suele ocurrir en las homilías de los difuntos. Normalmente el sacerdote que predica suele tener palabras de elogio para el difunto, resaltando solo la parte positiva de su vida.

La primera lectura de hoy es un caso claro de lo que estamos diciendo. El autor del libro del Eclesiástico hace un gran elogio del difunto rey David. Quien leyera esta pasaje por primera vez, sin conocer la historia de David, pensaría de él que todo lo hizo bien, es más, que todo lo hizo muy bien y buscando siempre agradar a Dios y amarle de todo corazón.

En esta línea, podemos seguir elogiando a David porque cuando pecó, y pecó digamos de manera fuerte, deshaciéndose de manera injusta de Urías, oficial de su ejército, para quedarse con su mujer Betsabé que había dejado embarazada, se arrepintió de verdad y pidió perdón a Dios, que se lo concedió.

Una lección para todos nosotros. No esperemos a la homilía de nuestro funeral para que se hable bien de nosotros. Ya en esta vida, a pesar de nuestros fallos y limitaciones, busquemos siempre seguir el camino que nos ha trazado Jesús, el camino del bien, del amor, de la justicia, de la alegría...

El trigo y la cizaña
Es una experiencia común a todos nosotros: en el campo de nuestro corazón hay trigo y cizaña. En ningún corazón hay solo trigo o solo cizaña, Un ejemplo es el rey Herodes. En su corazón había trigo, que le llevaba a ’respetar a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto’.

Pero también en su corazón había cizaña, la inclinación al mal. Dejándose llevar por esta parte de su corazón, abusando de su poder real, mató a Juan a quien consideraba ’honrado y santo’ por seguir la injusta petición de Herodías.

Después de lamentar y recriminar a Herodes su actuación, nos tenemos que preguntar cada uno de nosotros si luchamos para que nuestro trigo venza siempre a nuestra cizaña. En definitiva, si después de nuestro encuentro seductor con Jesús, a quien prometimos seguir, le seguimos realmente. Si nuestros pasos van por el camino de Jesús y no por su contrario, para disfrutar de la paz y la alegría de vivir.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


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