’ Fue a buscarlo y se le echó a los pies ’


Un corazón que se entrega

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’ Fue a buscarlo y se le echó a los pies ’

Religión

Febrero 12, 2020 18:47 hrs.
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La Palabra de Dios

Jueves 13 de febrero 2020
Primera lectura
1 Reyes 11, 4-13
Cuando el rey Salomón envejeció, sus mujeres le desviaron el corazón hacia otros dioses; su corazón ya no perteneció por entero al Señor, como el de David, su padre. Salomón dio culto a Astarté, diosa de los fenicios, y a Molok, el abominable ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no se mantuvo plenamente fiel al Señor, como David, su padre.

Sobre el monte que está frente a Jerusalén construyó un altar a Kemós, ídolo de Moab, y otro a Molok, ídolo de los amonitas. Y también mandó construir altares para que sus mujeres extranjeras pudieran quemar incienso y ofrecer sacrificios a sus dioses.

Esto irritó al Señor, porque Salomón había desviado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había prohibido precisamente dar culto a otros dioses. Pero Salomón no lo obedeció.

Entonces el Señor le dijo: ’Porque te has portado así conmigo y has sido infiel a mi alianza y a los mandamientos que te di, te voy a arrebatar el reino y se lo voy a dar a un siervo tuyo. Sin embargo, por consideración a David, tu padre, no lo haré durante tu vida, sino en vida de tu hijo. Pero no le voy a quitar todo el reino. Por amor a mi siervo, David, y a Jerusalén, mi ciudad predilecta, le dejaré a tu hijo una tribu’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 105, 3-4. 35-36. 37 y 40
R. (4) Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.
Dichosos los que cumplen la ley
y obran siempre conforme a la justicia.
Por el amor que tienes a tu pueblo,
acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos. R.
R. Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.
Nuestros padres se unieron con paganos
y aprendieron sus prácticas;
dieron culto a los ídolos
y éstos fueron para ellos como una trampa. R.
R. Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.
Entonces entregaron hijos e hijas
en sacrificio a los demonios,
y el Señor se renegó de su pueblo
y estalló su enojo. R.
R. Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.


Aclamación antes del Evangelio
Sant 1, 21
R. Aleluya, aleluya.
Acepten dócilmente la palabra
que ha sido sembrada en ustedes
y es capaz de salvarlos.
R. Aleluya.




Evangelio
Mc 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido. Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies.

Cuando aquella mujer, una siria de Fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio a su hija, él le respondió: ’Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos’. La mujer le replicó: ’Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños’.

Entonces Jesús le contestó: ’Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija’. Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Un corazón que se desvía
Las lecturas de hoy nos acercan a dos personajes muy diferentes: un rey sabio y poderoso, judío, y una mujer, pagana que sufre por el mal de su hija. Y también celebramos la memoria de Fray Jordán de Sajonia, beato dominico, sucesor de Santo Domingo como Maestro de la incipiente Orden de Predicadores. Tres personas con un corazón enorme, lleno de fe y de amor, pero sus actos los llevaron por caminos de fidelidad e infidelidad diferentes.

La primera lectura, del libro de los Reyes, recoge cómo la oscura sombra de la infidelidad a Dios del bendecido y poderoso rey Salomón, opaca la espléndida luz y sabiduría de su reinado, y acaba provocando la maldición de perder la unidad y la prosperidad en los reinados posteriores. Salomón es un rey sabio y fiel a su Dios, pero su corazón no supo perseverar en esa fidelidad.

El corazón, con el trascurrir de la vida, se abre a la realidad del amor, se llena de afectos, apegos, recuerdos, anhelos, fracasos, rencores. Mil colores y vivencias que van jalonando de historia y personas la biografía de cada uno. Y se van tomando decisiones, más o menos importantes, quizás más al impulso de estas vivencias y afectos, que fruto de la reflexión y el discernimiento a la luz de la fe y de un amor verdadero. También la ambición, el anhelo de poder, la influencia de otras personas, van diluyendo nuestros principios y valores, hasta llegar incluso a obrar contra ellos.

Muchas veces echamos a perder algo bueno y bendito que nos ha regalado la vida y hemos cuidado con esmero mucho tiempo, al final, por malas decisiones, por dejadez o abandono. La fidelidad, el amor, la fe son carreras de fondo, que necesitan crecer y madurar a lo largo de la vida, evaluarse y renovarse día a día, como se cuida un jardín o un campo para que den fruto y cosechas año tras año.

Un corazón que se entrega
El texto del evangelio de Marcos narra un encuentro bastante particular. Jesús se adentra en territorio extranjero, en la región de Tiro. En el marco de la ley judía, estricta en cuanto a la prohibición de trato con los gentiles, y tras el pasaje anterior con la dura crítica a las tradiciones judías sobre lo puro e impuro, sucede esta escena, chocante y enternecedora a la vez, de Jesús con una mujer fenicia de Siria.

Esta madre, con un corazón enorme, lleno de amor por su hija y de confianza en el poder de Jesús, corre a encontrarse con él para implorarle que cure a la niña. Jesús, intentando ocultarse y no llamar la atención, se ve vehementemente interpelado. Hay una canción del grupo Ain Karem, ’La mujer cananea’, que pone palabras a este encuentro, en boca de la mujer: ’Saliste de tu espacio conocido, yo fui en busca del Hijo de David, tú, judío y yo, pagana, tú, pastor de Israel, y yo madre desolada. El encuentro nos abrió el corazón, aclaró nuestra mirada, despejó nuestros oídos y el diálogo fue lazo de unión en el Dios de los vivos’.

El corazón de Jesús, que pertenece a un Dios que es Padre, no puede dejar de estremecerse ante la réplica y la súplica de una madre que sufre por su hija, rompe las barreras de leyes y nacionalidades, y se desborda para sanar y liberar a todo el que sufre. Hoy nos interpela profundamente este texto. Nosotros afirmamos creer en un Dios Padre de todos, que nos hace hermanos, que pertenecemos a una Iglesia universal, con identidad misionera. El Papa Francisco nos apremia para trabajar y fomentar la cultura del encuentro y no del descarte.

Quizás nos pasa también que buscamos pasar desapercibidos, con una fe tibia y una bondad cómoda. Pero siempre nos encuentra alguien, que nos reclama atención, que le abramos el corazón y le compartamos aunque sean esas migajas de amor que nos van sobrando y desperdiciamos. Cada quien sabe qué mano tender hoy, qué gesto o palabra, qué de más se le está pidiendo.

El dominico Jordán de Sajonia, del que hacemos memoria, describió el corazón de Santo Domingo con estas palabras: ’Como el corazón alegre alegra el semblante, la hilaridad y benignidad del suyo transparentaban la placidez y equilibrio del hombre interior’. Vivamos y cuidemos nuestro corazón para que sea fiel a Dios y generoso con todos, siempre.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo


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