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’ He venido a salvar lo que estaba perdido ’



Vivir de las apariencias o vivir en la verdad

’ He venido a salvar lo que estaba perdido ’

Noviembre 02, 2019 21:28 hrs.
Religión Internacional › México
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La Palabra de Dios

Domingo 3 de noviembre 2019

Primera lectura
Sab 11, 22–12, 2
Señor, delante de ti,
el mundo entero es como un grano de arena en la balanza,
como gota de rocío mañanero,
que cae sobre la tierra.

Te compadeces de todos,
y aunque puedes destruirlo todo,
aparentas no ver los pecados de los hombres,
para darles ocasión de arrepentirse.
Porque tú amas todo cuanto existe
y no aborreces nada de lo que has hecho;
pues si hubieras aborrecido alguna cosa,
no la habrías creado.

¿Y cómo podrían seguir existiendo las cosas,
si tú no lo quisieras?
¿Cómo habría podido conservarse algo hasta ahora,
si tú no lo hubieras llamado a la existencia?

Tú perdonas a todos,
porque todos son tuyos, Señor, que amas la vida,
porque tu espíritu inmortal, está en todos los seres.

Por eso a los que caen,
los vas corrigiendo poco a poco,
los reprendes y les traes a la memoria sus pecados,
para que se arrepientan de sus maldades
y crean en ti, Señor.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 144, 1-2.8-9. 10-11. 13cd-14
R. (cf. 1) Bendeciré al Señor eternamente.
Dios y rey mío, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre siempre y para siempre.
Un día tras otro bendeciré tu nombre
y no cesará mi boca de alabarte.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Que te alaben, Señor, todas tus obras
y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino
y narren tus proezas a los hombres.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
El Señor es siempre fiel a sus palabras
y lleno de bondad en sus acciones.
De su apoyo el Señor al que tropieza
y al agobiado alivia.
R. Bendeciré al Señor eternamente.

Segunda lectura
2 Tes 1, 11–2, 2
Hermanos: Oramos siempre por ustedes, para que Dios los haga dignos de la vocación a la que los ha llamado, y con su poder, lleve a efecto tanto los buenos propósitos que ustedes han formado, como lo que ya han emprendido por la fe. Así glorificarán a nuestro Señor Jesús y él los glorificará a ustedes, en la medida en que actúe en ustedes la gracia de nuestro Dios y de Jesucristo, el Señor.

Por lo que toca a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestro encuentro con él, les rogamos que no se dejen perturbar tan fácilmente. No se alarmen ni por supuestas revelaciones, ni por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que los induzcan a pensar que el día del Señor es inminente.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Aclamación antes del Evangelio
Jn 3, 16
R. Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él, tenga vida eterna.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 19, 1-10
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: "Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa".

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador".

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: "Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más". Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido".
Palabra del Seños
Gloria a ti, Señor Jesús

Introducción
El libro de la Sabiduría nos descubre hoy un lado oculto del corazón de Dios, nos anuncia una feliz y reconfortante noticia para sus amigos y para quienes le busque sin conocerle apenas todavía. En el evangelio, Lucas nos invitará a participar en el encuentro de Zaqueo con Jesús; ambos se buscan y en el encuentro ocurre la salvación. El libro de la Sabiduría muestra la fuerza que hace posible el encuentro.

’Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan’.Compadecerse del marginado, sin mirar, distraído, para otro lado, evitando el espectáculo doloroso es propio y genuino de almas y corazones fuertes; la lástima –parecida a la compasión, pero distinta- es pasajera, descomprometida, miedosa. Dios es fuerte porque todo lo puede, incluso perdonar. El poder de Dios es su compasión.
’Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado’.Las criaturas de Dios son buenas, dignas de ser amadas. No hay que demonizarlas con un mal maniqueísmo. Sólo el pecado destruye la belleza y la armonía de la creación. Únicamente el pecado rompe el cosmos y provoca el caos.
’¿Cómo podría subsistir una cosa si tu no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado? Existir, subsistir, resistir son maneras existenciales, más o menos exitosas, de afrontar la vida personal. Hemos sido llamados por Dios a asumir vigorosamente estas tareas vitales.
Finalmente, el Libro de la Sabiduría concluye afirmando: ’Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor amigo de la vida’.Esta última afirmación concluye y da sentido a las anteriores. El perdón, la compasión, el cuidado de la creación, la existencia de los seres es posible porque el Señor es amigo de la vida.
Este es el rasgo sobresaliente del corazón de Dios que ilumina el paisaje de este domingo, día del Resucitado: que nuestro Dios es el Dios de la vida, que la ama, la mantiene y la protege. Que Jesús es la Palabra creadora del Padre en la que estaba la vida desde siempre (cf. Jn 1, 4), que es ’Camino, Verdad y Vida’ (Jn 14, 6) y que desea que sus ovejas ’tengan vida, y la tengan en abundancia’ (Jn 10, 10).

Fr. Luis Carlos Bernal Llorente O.P.
Casa de la Santísima Trinidad (Montevideo-Uruguay)

Comentario al Evangelio

Fernando Torres cmf

Vivir de las apariencias o vivir en la verdad

Una vez conocí a una persona para la que su fundamental preocupación era mantener su imagen. El tiempo que me tocó vivir cerca de él, me di cuenta de que era un trabajo agotador. Tenía que estar todo el día en guardia, tenía que decir la mentira oportuna a la persona oportuna en el momento justo, tenía que disimular continuamente. Aquel sujeto no se podía permitir expresar nunca lo que sentía de verdad. Siempre iba como cubierto con una coraza que, supongo, le debía pesar muchísimo y resultarle muy incómoda. De aquel modo lograba el aplauso de la gente. Pero ciertamente pagaba un precio muy alto. Demasiado alto.

La historia de Zaqueo es parecida. Por lo que nos dice el Evangelio, era un hombre rico. De entrada eso ya nos habla de una persona que tiene una buena imagen. La imagen social se hace a base de tener una buena casa y un buen coche, vivir en un buen barrio y disponer de fondos en el banco. A esas personas, los empleados de los bancos los tratan con respeto. Zaqueo era un hombre rico. Zaqueo había conseguido el respeto de los que vivían con él. Pero sabía que ese respeto era más por temor que por amor. Le tenían respeto pero no cariño. Porque su riqueza, probablemente, había sido amasada a base de hacer harina a los demás. Zaqueo era un publicano, uno que se dedicaba a recaudar los impuestos para los opresores romanos a cambio de quedarse con un tanto por ciento. Había hecho su riqueza a base de oprimir a sus vecinos. Zaqueo sabía que su imagen era sólo apariencia, que si le cedían el paso cuando le encontraban por la calle no era porque le amasen. En absoluto. Más bien, le odiaban. Zaqueo se había esforzado mucho por triunfar pero la verdad era que no lo había logrado. Para nada.

De repente, Jesús pasa por su vida. Porque Jesús es el enviado de Dios y Dios, como dice la primera lectura, ama todo lo que es suyo. Y Zaqueo es suyo. Zaqueo es hijo de Dios. Dios le quiere mostrar el buen camino, lo que tiene que hacer para triunfar de verdad en la vida. Hoy Dios va a pasar por su casa. Jesús se lo dice con claridad. ’Hoy me voy a quedar contigo’. Jesús le va a hacer de espejo. Mirando a Jesús, Zaqueo se da cuenta de que ha perdido el tiempo y de que su aparente éxito en la vida no es más que un estrepitoso fracaso. Pero Jesús es su oportunidad. Dios le visita y le ofrece un nuevo comienzo. Menos mal que Zaqueo no fue tonto. Abrió su corazón a la salvación que Dios le ofrecía. Aceptó la realidad de su fracaso y reorientó su vida. Empezó a construir de nuevo su futuro pero esta vez apoyado en la realidad: no en el cuidado de la imagen y las apariencias sino en el amor y en la confianza en Dios.



Para la reflexión

¿Me preocupo de las apariencias y del qué dirán tanto como para olvidarme de la realidad de mi vida? Hoy Jesús me está mirando y me dice que quiere quedarse en mi casa ¿qué le voy a responder? ¿No me está dando la oportunidad de cambiar algunas cosas? ¿Cuáles?

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