’ Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo ’


Celebramos «los Reyes Magos»

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Religión

Enero 05, 2021 18:24 hrs.
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Miércoles 06 enero 2021

La Palabra de Dios

Primera Lectura
1 Jn 4, 11-18
Queridos hijos: Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto llega a la perfección el amor que Dios nos tiene: en que esperamos con tranquilidad el día del juicio, porque nosotros vivimos en este mundo en la misma forma que Jesucristo vivió.

En el amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto excluye el temor, porque el que teme, mira al castigo, y el que teme no ha alcanzado la perfección del amor.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señoñ

Salmo Responsorial
71, 2. 10-11. 12-13
R. (cf 11) Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio
y tu justicia, al que es hijo de reyes,

así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres
y regirá a tu pueblo justamente. R.
R. Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Los reyes de occidente y de las islas
le ofrecerán sus dones.
Ante él se postrarán todos los reyes
y todas las naciones. R.
R. Que te adoran, Señor, todos los pueblos.

Al débil librará del poderoso
y ayudará al que se encuentra sin amparo; 

se apiadará del desvalido y pobre
y salvará la vida al desdichado. R.
R. Que te adoran, Señor, todos los pueblos.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr 1 Tim 3, 16
R. Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido proclamado a las naciones.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido anunciado al mundo.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 6, 45-52
En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús premió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.

Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: ’¡Ánimo! Soy yo; no teman’. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

’ Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo ’
Introducción
En la fiesta de la Epifanía, que es prolongación de la navidad, celebramos la revelación de Dios a todos los pueblos, su lección ante la tentación de quien se quiere apropiar de Él, de su salvación.

En muchos lugares la fiesta de la Epifanía se ha convertido en la fiesta de «los Reyes Magos». ¿Cuál es la diferencia? Celebramos «los Reyes Magos» cuando el centro de la fiesta se lo damos a los regalos que estos hombres llevan a Jesús, y por lo tanto los regalos que circulan en este día. Celebramos la «Epifanía del Señor» cuando situamos el centro en la manifestación de Dios a todos los pueblos, cuando recordamos que Jesús-Dios es luz para todos.

No creo que haya que prescindir de «los Reyes Magos» (y los regalos) en los lugares donde la celebración popular sea esta, pero situemos el foco en el acontecimiento de la salvación universal: Dios se revela, se manifiesta, a todos los pueblos, representados en esos tres «magos». Estos hombres son capaces de reconocer la luz-estrella de este Dios tan sorprendente que es un niño todo-necesitado y dejarse guiar por ella.

Fr. Óscar Jesús Fernández Navarro O.P.
Convento de Santo Tomás (Sevilla)

Comentario al Evangelio
Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos:

Hoy es una de las fiestas grandes del tiempo de Navidad y del año litúrgico: la solemnidad de la Epifanía. El mismo misterio del Dios-con-nosotros, contemplado ahora desde la perspectiva de su manifestación a todos los pueblos. Un misterio narrado en el texto de Mateo, representado en los tres Magos de pueblos extranjeros, que llegan a conocer al Salvador. Una manifestación prefigurada en el texto de Isaías, que profetizaba que la luz del pueblo elegido llegaría a todas las naciones. Y un acontecimiento explicado en el texto de Efesios, donde el Espíritu Santo se nos muestra como aquél que llega a ’globalizar’ la salvación prometida al pueblo de Israel, rompiendo sus estrechas fronteras y haciéndola llegar también a los gentiles.

La fiesta de la Epifanía nos descubre una actitud muy necesaria: la ADMIRACIÓN. Es la sorpresa por lo que uno se encuentra, el sobrecogimiento agradecido al que sigue la acogida respetuosa. La admiración era, para el filósofo Aristóteles, el principio de la filosofía, del pensar y del razonar. Podemos ampliar la perspectiva diciendo que la admiración es el principio del amor y de la belleza. Ante el misterio del Dios-con-nosotros la primera actitud es la admiración: sorprendernos de tal regalo, sentirnos agraciados, para llegar a responder al Amor con amor, y crear belleza a nuestro alrededor.

Y tras la admiración, viene la ADORACIÓN. Como hicieron los Magos. Como hicieron los pastores. Adorar es postrarse ante lo que es mayor que nosotros. Por eso, en cristiano, adorar sólo adoramos a Dios. Ninguna otra cosa de este mundo debería someternos: ni el dinero, ni el poder, ni el éxito, ni la fama… Muchos cristianos, en los orígenes y en otras épocas, prefirieron entregar su vida antes que adorar a César o a otros ídolos de este mundo. Sólo el Dios de Jesús, hecho hombre por nosotros, es digno de adoración. Y esa adoración no nos hace menos personas sino, al contrario, nos sitúa en nuestro lugar, permitiendo desplegar nuestra vida de un modo adecuado, sin jugar a ser dioses para con nosotros mismos ni para con los demás.

Que en este nuevo año no nos falten ni la admiración por la creación, la redención y la santificación que obran el Padre, el Hijo y el Espíritu; y que tampoco nunca nos falte en nosotros la adoración al Creador, al Redentor y al Santificador. Como aquellos Magos del Evangelio que hoy podemos ser nosotros.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)


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