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’ Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca



‘Que haya paz en esta casa’


’ Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca

Julio 07, 2021 21:13 hrs.
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La Palabra de Dios

Jueves 08 julio 2021

Lectura I
Gn 44,18-21. 23b-29; 45, 1-5
En aquellos días, se acercó Judá a José y le dijo: ’Con tu permiso, señor, tu siervo va a pronunciar algunas palabras a tu oído; no te enojes con tu siervo, pues tú eres como un segundo faraón. Tú, señor, nos preguntaste: ‘¿Tienen padre o algún hermano?’ Nosotros te respondimos: ‘Sí, tenemos un padre anciano, con un hijo pequeño, que le nació en su vejez. Como es el único que le queda de su madre, pues el otro hermano ya murió, su padre lo ama tiernamente’. Entonces tú dijiste a tus siervos: ‘Tráiganmelo para que yo lo vea con mis propios ojos, pues si no viene su hermano menor con ustedes, no los volveré a recibir’.

Cuando regresamos a donde está nuestro padre, tu siervo, le referimos lo que nos habías dicho. Nuestro padre nos dijo: ‘Vuelvan a Egipto y cómprennos víveres’. Nosotros le dijimos: ‘No podemos volver, a menos que nuestro hermano menor vaya con nosotros. Sólo así volveríamos, porque no podemos presentarnos ante el ministro del faraón, si no va con nosotros nuestro hermano menor’. Nuestro padre, tu siervo, nos dijo entonces: ‘Ya saben que mi mujer me dio dos hijos: uno desapareció y ustedes me dijeron que una fiera se lo había comido y ya no lo he vuelto a ver. Ahora se llevan también a éste; si le ocurre una desgracia, me van a matar de dolor’ ’.

Entonces José ya no pudo aguantarse más y ordenó a todos los que lo acompañaban que salieran de ahí. Nadie se quedó con él cuando se dio a conocer a sus hermanos. José se puso a llorar a gritos; lo oyeron los egipcios y llegó la noticia hasta la casa del faraón.

Después les dijo a sus hermanos: ’Yo soy José. ¿Vive todavía mi padre?’ Sus hermanos no podían contestarle, porque el miedo se había apoderado de ellos. José les dijo: ’Acérquense’. Se acercaron y él continuó: ’Yo soy su hermano José, a quien ustedes vendieron a los egipcios. Pero no se asusten ni se aflijan por haberme vendido, pues Dios me mandó a Egipto antes que a ustedes para salvarles la vida’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Del Salmo 104
R. (5a) Recordemos los prodigios del Señor.
Cuando el Señor mandó el hambre sobre el país
y acabó con todas las cosechas,
y había enviado por delante a un hombre:
a José, vendido como esclavo.
R. Recordemos los prodigios del Señor.
Le trabaron los pies con grilletes,
y rodearon su cuerpo con cadenas,
hasta que se cumplió su predicción,
y Dios lo acreditó con su palabra.
R. Recordemos los prodigios del Señor.
El rey mandó que lo soltaran,
el jefe de esos pueblos lo libró,
lo nombró administrador de su casa,
y señor de todas sus posesiones.
R. Recordemos los prodigios del Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Mc 1,15
R. Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
R. Aleluya.


Evangelio
Mt 10,7-15
En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: ‘Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.

No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: ‘Que haya paz en esta casa’. Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechará. Y si no los reciben o no escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacúdanse el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

José y sus hermanos… su historia termina bien
En la historia de la salvación, en la amplia historia de Dios con los hombres, con toda la humanidad, hay situaciones personales que en un primer momento, en esta tierra, terminan mal, aunque luego, en un segundo y definitivo momento, siempre acaban bien, en la resurrección a una vida de total felicidad. Así le sucedió al mismo Cristo Jesús, que murió clavado en una cruz injustamente y luego resucitó, y así les ha sucedido a muchos de sus seguidores que fueron despojados de sus vidas en el martirio, aunque posteriormente la recuperaron de manera plena y feliz. Pero también hay historias que empiezan mal y acaban bien. Es la historia de José y sus hermanos. Empezó mal, cuando José fue vendido por sus hermanos llevados de la envida. Pero la historia familiar acaba bien como nos relata la primera lectura, con la armonía y reunificación de toda la familia.

A los seguidores de Jesús, también a nosotros sus seguidores en el siglo XXI, en el primer tiempo de nuestra vida, en nuestra vida terrena vivida en unión con Jesús, nos puede ir bien o nos puede ir no tan bien. Pero a todos sus seguidores en el segundo tiempo de nuestra vida nos va a ir muy bien, nos espera el mismo Jesús para invitarnos al banquete de su amor, y regalarnos la felicidad total y para siempre.

Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca
Jesús envía a sus apóstoles a predicar el Reino de los cielos, el Reino de Dios, lo mismo que él predicaba. Para reforzar su predicación les da poder de hacer milagros. Es sublime la noticia que nos ha traído Jesús. Nos asegura que Dios no se conforma con habernos creado y regalarnos la vida humana. Quiere mantener unas relaciones muy estrechas con nosotros. Está dispuesto a ser nuestro Rey y Señor. Nos pide que aceptemos con gusto su estupenda propuesta y le nombremos el Rey y Señor de nuestra vida. Que le dejemos que guíe nuestros pasos, nuestra vida entera. Que no caigamos en la torpeza de nombrar a alguien o a algo de lo creado como nuestro Dios y Rey. Jamás nos darán lo que el Señor nos puede dar. Nuestro Dios nos hará el regalo de su amor, de su luz, de su propio Hijo… Si le dejamos que reine y dirija nuestra vida nos llevará por buenos caminos, nos guiará siempre por las sendas que nos conducen a la alegría de vivir ya en nuestra estancia terrena, antes de regalarnos para siempre la vida de total felicidad después de nuestra resurrección.

Al que escuche la predicación de los apóstoles y acepte el reinado de Dios en su vida, la paz invadirá su corazón. La relación con Dios, con todo lo que lleva consigo, será capaz de sosegar nuestro corazón, de disipar nuestras dudas y miedos, de… regalarnos su paz.

Las últimas palabras que pronuncia Jesús en el evangelio de hoy, nos parecen duras. Pero, a poco que reflexionemos, no son más que las consecuencias que sufrirán los que libremente rechacen a Dios y a todo lo que él nos ofrece.
Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

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