’ La mies es abundante, pero los obreros pocos ’



Yo sé que mi defensor está vivo…, y lo contemplaran mis ojos

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’ La mies es abundante, pero los obreros pocos ’

Religión

Septiembre 30, 2020 21:09 hrs.
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La Palabra de Dios

Memoria de Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia


Primera lectura
Job 19, 21-27
Job tomó la palabra y dijo:
’Tengan compasión de mí,
amigos míos, tengan compasión de mí,
pues me ha herido la mano del Señor.
¿Por qué se ensañan contra mí, como lo hace Dios,
y no se cansan de escarnecerme?

Ojalá que mis palabras se escribieran;
ojalá que se grabaran en láminas de bronce
o con punzón de hierro se esculpieran
en la roca para siempre.

Yo sé bien que mi defensor está vivo
y que al final se levantará a favor del humillado;
de nuevo me revestiré de mi piel
y con mi carne veré a mi Dios;
yo mismo lo veré y no otro,
mis propios ojos lo contemplarán.
Esta es la firme esperanza que tengo’’.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
R. (13) No me abandones, Dios mío.
Oye, Señor, mi voz y mi clamores
y tenme compasión;
el corazón me dice que te busque
y buscándote estoy. R.
R. No me abandones, Dios mío.
No rechaces con cólera a tu siervo
tú eres mi único auxilio;
no me abandones ni me dejes solo,
Dios y salvador mío. R.
R. No me abandones, Dios mío.
La bondad del Señor espero ver
en esta misma vida.
Armate de valor y fortaleza
y en el Señor confía. R.
R. No me abandones, Dios mío.

Aclamación antes del Evangelio
Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: ’La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Yo sé que mi defensor está vivo…, y lo contemplaran mis ojos
El texto que hoy nos ofrece la liturgia, se encuentra casi en la mitad del libro de Job. Me gusta contemplar el libro como una gran obra de teatro dramática, que progresa y se desarrolla en varios actos. El texto de hoy hace parte ’de los diálogos de Job con sus tres amigos’. Es el final de una respuesta de Job, donde parece que ya no le quedan argumentos para hacer valer su inocencia y sus sufrimientos ante sus amigos y ante Dios.

Les ruega que dejen de torturarle y acusarle. En el abismo de soledad en el que se encuentra, emite una súplica desgarradora:’¡Tened piedad de mí, vosotros mis amigos! Él no sabe por qué Dios parece también atorméntale y abandonarle en su dolor, ya no le queda nada’. (v21-22)

Al llegar a este punto, Job parece que es consciente que lo que va a decir es lo mas decisivo en toda su defensa. Se halla a las puertas de la muerte y desea que, por lo menos, sus palabras queden ’escritas, grabadas, esculpidas’ de modo definitivo sobre un material indestructible, Lo que va a afirmar debe permanecer. Hay que afrontar la muerte misma para descubrir el sentido último del sufrimiento y esperar hasta «el final» para juzgar y entender la obra de Dios.

Es una gran y larga confesión de fe ’en la resurrección’. quizás él no supo del todo lo que expresaba, pero nosotros sentimos que su pensamiento ha progresado, hasta el punto de creer que nada es imposible a Dios. Del texto se desprende su mensaje: ’quiere confiar en Dios que ha hecho cosas tan buenas y tan hermosas y que no las destruirá para siempre’.

Este hecho es revolucionario para su época, está fuera de la religión y creencias del pueblo de Israel, y de todo el contexto del libro. ’Sí, yo mismo veré a Dios y cuando mis ojos le contemplen, aunque mis huesos se hayan convertido en polvo, Él, no se apartará de mí’porque él es el viviente, mi defensor.

Hoy, se nos ofrece un ¡texto para orar, inagotable…!

La mies es abundante, pero los obreros pocos
’Después de esto’, así comienza el evangelio de Lc hoy. ’El esto’ recoge lo que les ha dicho anteriormente: son las condiciones o exigencias radicales del seguimiento.

Llegado a este momento, Jesús da un paso más, mira a aquellas personas cercanas y siente que les puede pedir y ofrecer mucho más. Les va designado y enviando de dos en dos a que vayan delante de Él, anunciando la llegada del reino. Junto a este gesto hay una afirmación de urgencia: ’la mies es mucha, los obreros pocos. ¡En marcha!’. Exige prisa, no tienen que perder tiempo. El Reino apremia y necesita ser proclamado por todas partes y a toda persona, y de forma urgente.

Al proseguir la lectura, se percibe una gran sobriedad en las palabras de Jesús, no hay solo realismo sino también exigencia: miren como les envío, ligeros de equipaje, llevando poquitas cosas. Lleven sí, la oración, la súplica al Dueño de la mies, y el deseo de paz para esa casa ’. (V2) Necesitan confiar, el Padre dará fecundidad a esta misión.

La llegada del Reino, tanto su éxito como su fracaso, no es obra sólo nuestra, no se impone, sino que se ofrece libremente, la gracia de Dios es un don gratuito, es un regalo, que poco a poco se convierte en tarea para cada uno.

Llegado el momento de anunciar el reino, lo reciban o lo rechacen, Jesús les da normas de cómo deben comportarse ellos. Les exige, y hoy también lo hace a cada uno de nosotros y a nuestra iglesia, el vivir desprendidos y que hagan y hagamos la experiencia del ser misionero viviendo inserto en la realidad de los pueblos, muchas veces en la inseguridad,como viven tantos hombres y mujeres hoy. Dios acompaña siempre nuestro caminar. Nuestra seguridad es: que el Reino ya ha comenzado en Jesucristo.

Hna. Virgilia León Garrido O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo


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