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’ Misericordia quiero ’


Una promesa, una muerte, un amor que consuela

’ Misericordia quiero ’

Julio 01, 2021 19:38 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 02 julio 2021

Lectura I
Gn 23,1-4, 19; 24,1-8. 62-67
Sara vivió ciento veintisiete años y murió en Quiryat-Arbá, hoy Hebrón, en el país de Canaán, y Abraham lloró e hizo duelo por ella. Cuando terminó su duelo, Abraham se levantó y dijo a los hititas: ’Yo soy un simple forastero que reside entre ustedes. Denme en propiedad un sepulcro en su tierra para enterrar a mi esposa’. Y Abraham sepultó a Sara en la cueva del campo de Makpelá, que está frente a Mambré, es decir, Hebrón, en Canaán.

Abraham era ya muy anciano y el Señor lo había bendecido en todo.

Abraham dijo al criado más viejo de su casa, que era mayordomo de todas sus posesiones: ’Pon tu mano debajo de mi muslo y júrame por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás por esposa para mi hijo a una mujer de los cananeos, con los que vivo, sino que irás a mi tierra a buscar, entre mi parentela, una mujer para mi hijo Isaac’. El criado le dijo: ’Y en caso de que la mujer no quisiera venir conmigo a este país, ¿tendré que llevar a tu hijo hasta la tierra de donde saliste?’

Respondió Abraham: ’No vayas a llevar allá a mi hijo. El Señor, Dios del cielo y de la tierra, que me sacó de mi casa paterna y de mi país, y que juró dar a mi descendencia esta tierra, él te enviará a su ángel para que puedas tomar de allá una mujer para mi hijo. Y si la mujer no quiere venir contigo, quedarás libre de este juramento. Pero, por ningún motivo lleves allá a mi hijo’.

[El criado fue a la tierra de Abraham y volvió con Rebeca, hija de Betuel, pariente de Abraham].

Isaac acababa de regresar del pozo de Lajay-Roí, pues vivía en las tierras del sur. Una tarde Isaac andaba paseando por el campo, y al levantar la vista, vio venir unos camellos. Cuando Rebeca lo vio, se bajó del camello y le preguntó al criado: ’¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros?’ El criado le respondió: ’Es mi señor’. Entonces ella tomó su velo y se cubrió el rostro.

El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la tienda que había sido de Sara, su madre, y la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Del Salmo 105
R. (1a) Yo amo, Señor, tus mandamientos.
Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas del Señor y alabarlo como él merece?
R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
Dichosos los que cumplen la ley
y obran siempre conforme a la justicia.
Por el amor que tienes a tu pueblo
acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos.
R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
Sálvanos, Señor,
para que veamos la dicha de tus escogidos
y nos alegremos y nos gloriemos
junto con el pueblo que te pertenece.
R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.


Aclamación antes del Evangelio
Mt 11,28
R. Aleluya, aleluya.
Vengan a mí, todos los que están fatigados
y agobiados por la carga,
y yo les daré alivio, dice el Señor.
R. Aleluya.


Evangelio
Mt 9,9-13
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: ’Sígueme’. Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: ’¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?’ Jesús los oyó y les dijo: ’No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Una promesa, una muerte, un amor que consuela
El relato del Génesis nos sitúa en la muerte de Sara. Abraham e Isaac buscan descanso y consuelo. Abraham en los momentos de su vejez toma un juramento a uno de sus siervos, concretamente al más viejo de sus siervos, para que busque mujer a su hijo Isaac, y pone una condición: que no fuera una mujer descendiente de los hititas.

Podemos imaginar el ambiente de luto, imaginar el sentimiento de pérdida, de despedida en el que viven Abraham y su hijo Isaac. La muerte de la compañera de toda la vida con la que ha recorrido un largo camino de amor hace que Abraham se prepare para el tránsito de su encuentro con Dios.

Podemos observar que el texto dice que Dios lo ha bendecido en todo. Dios cumplió su promesa: la de darle una descendencia. Algo por lo que Abraham puede estar tranquilo y sereno. Sin embargo, había que multiplicar la vida y la descendencia. Como padre, prepara a Isaac para que asuma una vida, una esposa y una dirección. El siervo a quien Abraham tomó juramento, cumple también su palabra. Es a Rebeca a quien el siervo presenta a Isaac. El texto señala que ambos entran en la tienda de su madre Sara, y que Isaac se consuela con el amor de Rebeca.

No otra cosa: ante la muerte, el tránsito, la vejez, y la ancianidad sólo el amor de la familia es lo que se busca para dar con valentía el paso definitivo en busca de Dios, como le sucede a Abraham. No otra cosa sino un amor que consuele es lo que Isaac encuentra junto a Rebeca para superar la pérdida de su madre. En medio del dolor, la preparación y el consuelo está Dios emergiendo como timonel de una promesa cumplida.

Navegar en esta vida por los caminos de Dios requiere la solidez de Abraham, y el dejarse consolar por el amor ante la despedida de Isaac. Nada tiene que ver con la rebeldía, nada tiene que ver con la culpabilización. Todo es un mirar con solidez y serenidad la vida cumplida para adquirir la paz del corazón que implica un acto de fe en Dios.

Abraham padre de la fe, deja paso a su descendencia, prepara a su hijo Isaac para que asuma el papel de creer y de reunir a su descendencia bajo la mirada de Dios, que pone en nuestro camino a personas que nos amen para no sucumbir en el dolor y en el llanto. Dios no es un Ser Absoluto que prolongue nuestra ruptura con la vida. Al contrario, Dios por encima de todo nos hace comprender la continuidad de toda nuestra vida como una llamada y seguimiento, a pesar de nuestras dudas.

Misericordia quiero
Cuando Jesús llama a Mateo para que se una a su discipulado es consciente de llamar a alguien de mala fama, no querido, despreciado, un vendido a la causa económica de un imperio como el de Roma. Lo llama por su nombre. Pero no sólo a él. Es una llamada común: una llamada a encontrarse entre los pecadores; los que tienen necesidad de Dios, de verdad, de amor, y de consuelo; en definitiva, una necesidad de quedar sano de cuanto dolor le ha llevado a vivir perdido y sin rumbo en esta vida.

Jesús llama fundamentalmente a este tipo de personas, porque son los que carecen de amor y necesitan de una transformación profunda de interior. Necesitan tocar fondo, y poner fin a su modo de vida. Necesitan otra orientación, necesitan a personas que les hablen de una manera nueva de Dios y de la vida. Hay quienes nos ayudan a percibir la vida con otro sentido y procuran nuevas experiencias, donde el cambio personal se hace posible.

Muchas veces decimos de manera muy consciente que nadie nos podrá cambiar, ya la personalidad está forjada, sin embargo, siempre surgen los inconvenientes donde los demás nos increpan, nos interpelan o nos corrigen porque no aceptan nuestro modo de ser. Porque no siempre actuamos bien.

En otras ocasiones, siempre cargamos excesivamente las espaldas de las personas con exigencias morales que ni siquiera nosotros somos capaces de cumplir. Esto también requiere una transformación.

De ahí que Jesús nos sitúe en la misericordia. Todos tenemos alguna miseria. Todos tenemos alguna necesidad de comprensión y de consuelo ante la desesperación. Por eso, la misión de Jesús es clara: llamar a los pecadores, a las almas necesitadas de consuelo y orientación para alcanzar una visión más positiva de Dios, y una experiencia de fe donde la ternura esté presente en lugar de la valoración exigente de la moral.

Oremos por cuantos sienten la llamada de Jesús en su vida, para que no tengan miedo a sus miserias, las encaren con valentía y se dejen consolar por la ternura de Dios.

Fray Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

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