’ ¿No es este el hijo del carpintero? ¿De dónde saca todo eso? ’


Di las palabras que yo te mande… no dejes ni una sola

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’ ¿No es este el hijo del carpintero? ¿De dónde saca todo eso? ’

Religión

Julio 30, 2020 19:29 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 31 de julio 2020

Memoria de San Ignacio de Loyola, presbítero
Primera lectura
Jer 26, 1-9
Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías y rey de Judá, el Señor le habló a Jeremías y le dijo: ’Esto dice el Señor: ‘Ve al atrio del templo y diles a todos los habitantes de Judá que entran en el templo para adorar al Señor, todas las palabras que yo te voy a ordenar, sin omitir ninguna. A ver si las escuchan y se convierten de su mala vida, y me arrepiento del castigo que he pensado imponerles a causa de sus malas acciones’.

Diles, pues: ‘Esto dice el Señor: Si no me obedecen, ni cumplen la ley que he dado, ni escuchan las palabras de mis siervos, los profetas, que sin cesar les he enviado y a quienes ustedes no han escuchado, entonces yo trataré a este templo como al de Siló y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos de la tierra’ ’.

Los sacerdotes, los profetas y el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor. Y cuando él terminó de decir cuanto el Señor le había mandado, los sacerdotes y los profetas lo apresaron, diciéndole al pueblo: ’Este hombre debe morir, porque ha profetizado en nombre del Señor que este templo será como el de Siló y que esta ciudad será destruida y quedará deshabitada’. Entonces la gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 68, 35. 8-10. 14
R. (14c) Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.
Son más que mis cabellos los que me odian
sin tener un motivo
y más fuertes que yo los que pretenden
con sus calumnias acabar conmigo.
Lo que yo no robé,
¿acaso tengo yo que restituirlo? R.
R. Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.
Por ti he sufrido injurias
y la vergüenza cubre mi semblante.
Extraño soy y advenedizo,
aun para aquellos de mi propia sangre;
pues me devora el celo de tu casa,
el odio del que te odia, en mí recae. R.
R. Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.
A ti, Señor elevo mi plegaria,
ven en mi ayuda pronto;
escúchame conforme a tu clemencia,
Dios fiel en el socorro. R.
R. Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.


Aclamación antes del Evangelio
1 Pedro 1, 25
R. Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios permanece para siempre.
Y ésa es la palabra que se les ha anunciado.
R. Aleluya.


Evangelio
Mt 13, 54-58
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: ’¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?’ Y se negaban a creer en él.

Entonces, Jesús les dijo: ’Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa’. Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Di las palabras que yo te mande… no dejes ni una sola
Bien sabe Jeremías lo que es ser profeta de Yahvé. En un principio él se resistió a serlo, pero la palabra que Dios le enviaba era fuego devorador en su interior que no podía callar, aunque fuese para reprender a su pueblo y como, en esta ocasión, no fuese bien recibido su mensaje.

El Señor pide a Jeremías que diga en el atrio del templo a su pueblo todas sus palabras y que ’no dejes ni una sola’. Es una palabra que pide a su pueblo que se convierta de su mala conducta y sus malas acciones. De lo contrario ’trataré a este templo como al de Silo’. ’Comparar Jerusalén con Silo era culpar abiertamente a sus sacerdotes y predecir la ruina de la ciudad y del Templo’. Algo que les sonó muy fuete a sus oyentes, tan fuerte que al terminar sus palabras, ’lo agarraron los sacerdotes y los profetas y el pueblo, diciendo: Eres reo de muerte’.

Nos resulta muy fácil ver a Jeremías como un preludio de Cristo Jesús, que tampoco calló la buena noticia que el Padre le había mandado decir a toda la humanidad y fue condenado a muerte. Los verdaderos profetas siempre son fieles a la palabra recibida de Dios, aunque su vida corra peligro.

¿No es este el hijo del carpintero? ¿De dónde saca todo eso?
La verdad es que en un primer momento nos parece comprensible la reacción de los paisanos de Jesús. Les resultaba difícil dar el salto. El salto de verle como uno más de su ciudad, como a ese al que habían tratado siempre como el hijo del carpintero, del que conocían a María su Madre y toda su familia… y verle ahora como el predicador lleno de sabiduría y hacedor de milagros…y no digamos dar el salto de verle como un hombre a verle como el Hijo de Dios.

En su vida pública, Jesús, poco a poco, a través de sus palabras con sabor especial, a través de sus signos y prodigios, a través su manera distinta a de portase… quiso hacer ver a sus oyentes que él era alguien muy especial, que era no solamente un hombre como otro cualquiera sino que era el enviado de Dios, que era el Hijo de Dios. Trató de convencerles de que merecía la pena confiar en él y hacerle caso porque su mensaje, su camino conducía a la salvación, a vivir la vida con sentido y esperanza ya en el trayecto terreno, antes de desembocar en la resurrección a la vida de total felicidad.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


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