’ No estaba en sus cabales ’


No los dejaban ni comer

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’ No estaba en sus cabales ’

Religión

Enero 22, 2021 19:30 hrs.
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La Palabra de Dios


Sábado 23 enero, 2021

Primera Lectura
Heb 9, 2-3, 11-14
Hermanos: En la antigua alianza, el santuario estaba dispuesto de tal manera, que en una primera tienda, llamada el ’lugar santo’, se hallaban el candelabro y la mesa con los panes sagrados; separada por un velo, había una segunda tienda, llamada el ’lugar santísimo’.

Al ’lugar santo’ entraban los sacerdotes todos los días para celebrar el culto; pero al ’lugar santísimo’ entraba una vez al año el sumo sacerdote, él solo, llevando consigo sangre de animales para ofrecerla en expiación por sus propios pecados y por los del pueblo.

Ahora bien, cuando Cristo se presentó como sumo sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos, penetró una sola vez y para siempre en el ’lugar santísimo’, a través de una tienda, que no estaba hecha por mano de hombre, ni pertenecía a esta creación. No llevó consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna.

Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo purificará nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios vivo, ya que a impulsos del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo como sacrificio inmaculado a Dios, y así podrá purificar nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, para servir al Dios vivo!
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor Jesús

Salmo Responsorial
46, 2-3. 6-7. 8-9
R. (6) Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono.
Aplaudan, pueblos todos;
aclamen al Señor, de gozo llenos,
que el Señor, el Altísimo, es terrible
y de toda la tierra, rey supremo.
R. Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono.
Entre voces de júbilo y trompetas,
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios,
al rey honremos y cantemos todos.
R. Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono.
Porque Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones
desde su trono santo.
R. Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Hechos 16, 14
R. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 3, 20-21
En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Dos Testamentos, una fe
Cristo es el auténtico y definitivo Sumo Sacerdote en el que se realizan las promesas y se da cumplimiento a los símbolos del Antiguo Testamento. Jesús es la víctima verdadera al entregar su propio cuerpo como alimento en la mesa de la Eucaristía y sacrificándose en el ara de la cruz, derramando su sangre como expiación por los pecados de la humanidad.

Se nos habla en este texto de dos tabernáculos, símbolo de los dos Testamentos. El primero, caduco, el segundo definitivo. El cuerpo de Cristo crucificado, traspasado por la lanza y los clavos, nos manifiesta el infinito y misericordioso amor de Dios Padre hacia todos los hombres hasta el extremo de regalarnos a su propio Hijo.

La Encarnación del Verbo pone de manifiesto que lo antiguo ha pasado. Jesús es la definitiva ofrenda, el altar y la víctima; con su muerte y resurrección nos mostró la eterna novedad que incruentamente se actualiza y vivifica en cada Eucaristía, en la que realmente se nos hace presente y se nos da como comida y bebida de salvación.

¿Somos conscientes del gran amor, del inmenso don que Dios nos hizo y nos sigue otorgando al dársenos de este modo? Con el salmista cantamos con alegría, lo bendecimos y damos gracias porque verdaderamente Él es sublime y admirable, el Dueño de toda la tierra.

No estaba en sus cabales
Realmente Jesús no predicaba ni actuaba de acuerdo con los criterios humanos. ¿Cómo puede alguien proclamar dichosos a los pobres, los enfermos, los que sufren, los que tienen hambre y sed, cuando todos -antes y ahora-, deseamos la seguridad, el confort, la salud, el bienestar, todos estos bienes humanamente razonables?

Este breve texto no nos dice nada del modo de proceder de María la Madre de Jesús; sin duda continuaba silenciosa, meditando todo lo que veía y oía en su corazón, pero sí nos transmite el evangelista la reacción de otros parientes que fueron donde Él para llevárselo porque pensaban que estaba mal de la cabeza y con su modo de actuar como predicador ambulante, los dejaba en mal lugar, enfrentándose al modo de entender y practicar la religión… Ayer como hoy, no nos gusta salirnos de nuestros esquemas, de nuestra rutina, de nuestro modo de ver las cosas, de nuestra cotidianeidad.

¿Cómo podía un simple artesano de Nazaret hacer milagros en nombre de Dios, relacionándose con la gente baja del mundo, tocando a los impuros leprosos, manchando su reputación al tratar con mujeres de mala vida…? Realmente a Jesús no lo entendieron sus familiares ni la gente ’bien’. Y nosotros, dos mil años después, ¿lo entendemos?, ¿acogemos su palabra y su modo de proceder tratando de vivir como vivió Él con la confianza puesta en la providencia del buen Dios que viste los lirios del campo y alimenta las aves del cielo?; ¿vivimos esta confianza y este abandono, o somos esclavos del raciocinio que todo lo quiere tener controlado, programado, ajustado, sin dar cabida a las sorpresas que la amorosa libertad de Dios quiera presentarnos? Si María hubiera actuado con ’cordura’, con ’prudencia’, nunca habría dicho sí al plan que Dios le presentó, pero no, se jugó la vida al ponerla en manos del que es poderoso y no quedó defraudada.

Nuestro tiempo
Los muchos que acudían para ver, oír y ser sanados por Jesús, ’no los dejaban ni comer…’. Y nosotros, ¿qué hacemos con nuestro tiempo?, ¿lo dedicamos a ayudar, acompañar, consolar al triste, a hablar con Dios o de Dios al que vive en la soledad y en la incertidumbre de los tiempos actuales o pensamos sólo en nosotros mismos?

¿Te atreves a ser un loco por Cristo y por su Reino?

Sor Inmaculada Ocaña Gutiérrez
Monasterio Santo Domingo de Guzmán (Zaragoza)


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