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’ Quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre ’


Cuidado, no te olvides del Señor tu Dios


’ Quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre ’

Octubre 04, 2021 21:28 hrs.
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La Palabra de Dios

Martes 05 octubre 2021

Primera Lectura
Jon 3, 1-10
En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: ’Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar’.

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: ’Dentro de cuarenta días Nínive será destruida’.

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: ’Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos’.

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor

Salmo Responsorial
Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 7-8
R. (3) Perdónanos, Señor, y viviremos.
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti;
Señor, escucha mi clamor;
que estén atentos tus oídos
a mi voz suplicante.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Si conservaras el recuerdo de las culpas
¿quién habría, Señor, que se salvara?
Pero de ti procede el perdón,
por eso con amor te veneramos.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Como aguarda a la aurora el centinela,
aguarda Israel al Señor,
porque del Señor viene la misericordia,
y abundancia de la redención,
y él redimirá a su pueblo
de todas sus iniquidades.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Aclamación antes del Evangelio
Lc 11, 28
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la ponen en práctica, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: ’Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude’.

El Señor le respondió: ’Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy

Cuidado, no te olvides del Señor tu Dios
Este fragmento del libro del Deuteronomio, nos presenta a Moisés, en el tramo final de su peregrinación por el desierto, dictando a sus hermanos israelitas, una serie de normas para cuando lleguen a la tierra prometida, que, prácticamente, la describe como el sumun de las delicias, donde hay comida en abundancia y una tierra fértil, en la que germinará todo lo que se cultive, y abundantes pastos para el ganado, donde no falta el agua, y por todas partes aparecen cualquier tipo de fruto con los que les regala la tierra.

Ante esta abundancia, y la posibilidad de que el esfuerzo del cultivador se vea siempre recompensado, porque ni el clima es crudo, ni la tierra es estéril, deben tener presente siempre a Dios, ya que gracias a Él germina la tierra, crecen los cereales, se producen viñas, higueras y olivos y florecen los frutales.

De no admitir esta realidad, se puede tener la tentación de pensar que todo es fruto del esfuerzo del hombre, e intentar olvidarse de Dios, como auténtico hacedor de todo. Y si bien es verdad que el hombre colabora con su esfuerzo, a conseguir cosechas abundantes y que los ganados críen con abundantes terneros y cabritos, pero como es Dios quien da la fuerza para crear las riquezas, debemos reconocer, como nos dice el salmo 1 ’Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, el esplendor, la majestad, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra.

Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado
San Pablo en su carta a los corintios, nos anuncia que iniciamos una nueva vida, ya que aquellos que creen en Cristo se convierten en criaturas nuevas.

Dios hizo que, a través de Cristo, la humanidad se reconciliara consigo misma y con Dios, ya que Él no pide cuentas de las culpas de la humanidad, así nos infunde la reconciliación para que, en su nombre, seamos heraldos que lleven a todos el amor de Dios.

Jesús, que en la cruz expió nuestras culpas y nos reconcilió con Dios, nos ayuda a ser hombres y mujeres nuevos, intentando que nuestra vida se convierta en una continua acción de gracias, por todo lo bueno que recibimos, que, aunque nos cueste reconocerlo, todo viene de la mano de Dios.

Teniendo a Jesús como guía, la reconciliación debe formar parte de nuestro ADN, esculpirlo a fuego en nuestro corazón, para que nuestra relación con los demás, esté basada en el amor, olvidando odios y rencores.

Porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre
Jesús, en su conocido discurso evangélico, que nos relata Mateo, entre muchas recomendaciones hoy nos destaca la importancia de la Oración.

Nos invita a no tener miedo al dirigirnos al Padre, para pedir ayuda en nuestras necesidades; a ser constantes en nuestra oración, y a confiar en que Dios nos concederá lo que le pedimos, cuando lo considere oportuno.

El símil que expone Jesús, es de lo más cotidiano, pues si nosotros, que somos imperfectos, damos a nuestros hijos lo que nos parece mejor, evitando perjudicarles, cuánto más el Señor, en su infinita misericordia, nos concederá lo que le pedimos, si es lo que nos conviene.

Nuestra relación con el Padre, a través de la oración, no se debe convertir en un ajuste de cuentas, exigiendo que nos bendiga porque hemos actuado más o menos bien; nuestra oración debe partir desde la humildad, reconociéndonos como imperfectos, pero decididos a mejorar, con la ayuda de Dios, y si nuestra actitud es sincera, nos ayudará a encontrar respuesta a nuestras peticiones, abriéndonos su inmenso corazón para que reposemos en él.

¿Realmente pensamos que Dios es el responsable de todo lo bueno, o creemos que todo se debe a nuestro esfuerzo?

Abriendo nuestro corazón a Jesús ¿creemos que nuestra vida adquiere un cariz totalmente nuevo?

¿Es nuestra oración humilde o exigimos recompensas por haber actuado bien?
D. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)

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