Armando Fuentes Aguirre | guerrerohabla.com

’Catón’

Armando Fuentes Aguirre


"En la torre, Torri

"En la torre, Torri


Noviembre 01, 2019 18:31 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Armando Fuentes Aguirre › guerrerohabla.com

’Los abajo firmantes se unen para expresar, públicamente, la reprobación que les merecen las medidas de terror, injusticia y violencia tomadas en contra de los judíos alemanes por el régimen nazi. Declaramos que hacemos esta protesta, en la que coincidimos todos, sin distinción de credos políticos, religiosos o de pensamiento, porque en la política del Reich, más allá de significaciones políticas episódicas, más allá de la mezquina contienda de los intereses, vemos una terrible amenaza para el hombre y su espíritu, que sólo pueden crecer en la paz y en la libertad. La actual persecución de que se hace víctima al pueblo judío no es más que un nuevo paso en la senda del terror del régimen que ha expulsado a los mejores intelectuales alemanes de nuestro tiempo, que ha corrompido y estancado la tradición creadora de Alemania, que ha realizado la anexión de otros países y no ha vacilado en llevar la guerra ‘totalitaria’ a las ciudades españolas que viven bajo el Gobierno legítimo de la República...’.

Ese manifiesto, firmado por los más destacados intelectuales mexicanos de la época, uno de cuyos fragmentos transcribí, apareció en varios periódicos de la Capital en los últimos días del año 1938. Me alegré mucho cuando al ojear una de esas publicaciones vi la tal proclama, y en ella la firma del escritor saltillense Julio Torri. Entonces es falsa, dije para mí, la versión según la cual Torri vivía en una torre de marfil, aislado de todos y de todo, con excepción quizá de las ninfas a quienes procuraba calentar mostrándoles dibujos pornográficos, y de los chiquillos de la calle a quienes, con el pretexto de bañarlos, hacía desnudar para sedar quién sabe qué misteriosos y altos apetitos estéticos.
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Si don Julio firmó aquel manifiesto, consideré, eso significa que estaba comprometido con su tiempo. No era, pues, un diletante que se cuidaba sólo de las hojas más altas. Era un escritor que elevaba la voz para denunciar un crimen de lesa humanidad y protestar por él.’Tendré que revisar -me dije- algunos de mis conceptos sobre Torri’.

Seguí ojeando la publicación, y he aquí que me topo con un pequeño texto que a la letra dice:

’... Después de quince años de silencio Julio Torri se ha decidido a escribir. Ahora se refugia en el género epistolar. Los diarios capitalinos publicaron una breve misiva en la que el ensayista niega haber firmado un mensaje en favor del pueblo y de los artistas españoles, y se declara partidario de la No-Intervención. El mensaje en cuestión fue enviado por Carlos Pellicer, Enrique González Martínez, José Mancisidor, Octavio Barreda, Martín Luis Guzmán, Ermilo Abreu Gómez y otros. Nos explicamos, sin embargo, la actitud vital de Torri, puesto que él mismo confiesa que ni siquiera las sirenas cantaron para él...’.

Lleva mucho veneno, en verdad, la última parte de ese corto texto, en el que creo adivinar el estilo de Abreu Gómez. Tiempo de manifiestos era aquel, y de proclamas sonorosas. No cuadraba ese estilo al carácter de don Julio, tan tímido, tan en sí mismo recogido, tan preciosista en su vida y en su obra. ¿Alguien tomó su nombre para incluirlo entre los firmantes de una de esas declaraciones públicas? O ¿dio su firma él y luego se arrepintió de haber salido al ágora? Quién sabe. En todo caso aquí está un nuevo desconcierto para añadirlo a los muchos que Julio Torri causa.

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