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’"Sabed que está cerca el reino de Dios"


"Su domicilio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin"

’"Sabed que está cerca el reino de Dios"

Noviembre 28, 2019 21:41 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 29 De Noviembre 2019

Primera lectura
Dn 7, 2-14
Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: los cuatro vientos del cielo agitaron el océano y de él salieron cuatro bestias enormes, todas diferentes entre sí.

La primera bestia era como un león con alas de águila. Mientras yo lo miraba, le arrancaron las alas, lo levantaron del suelo, lo incorporaron sobre sus patas, como un hombre y le dieron inteligencia humana.

La segunda bestia parecía un oso en actitud de incorporarse, con tres costillas entre los dientes de sus fauces. Y le decían: "Levántate; come carne en abundancia".

Seguí mirando y vi otra bestia semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo y con cuatro cabezas. Y le dieron poder.

Después volví a ver en mis visiones nocturnas una cuarta bestia, terrible, espantosa y extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía y trituraba, y pisoteaba lo sobrante con sus patas. Era diferente a las bestias anteriores y tenía diez cuernos.

Mientras estaba observando los cuernos, despuntó de entre ellos otro cuerno pequeño, que arrancó tres de los primeros cuernos. Este cuerno tenía ojos humanos y una boca que profería blasfemias.

Vi que colocaban unos tronos
y un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como la nieve
y sus cabellos blancos como lana.
Su trono, llamas de fuego,
con ruedas encendidas.
Un río de fuego brotaba delante de él.
Miles y miles lo servían,
millones y millones estaban a sus órdenes.
Comenzó el juicio y se abrieron los libros.

Admirado por las blasfemias que profería aquel cuerno, seguí mirando hasta que mataron a la bestia, la descuartizaron y la echaron al fuego. A las otras bestias les quitaron el poder y las dejaron vivir durante un tiempo determinado.

Yo seguí contemplando en mi visión nocturna
y vi a alguien semejante a un hijo de hombre,
que venía entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano de muchos siglos
y fue introducido a su presencia.
Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.
Y todos los pueblos y naciones
de todas las lenguas lo servían.
Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
y su reino jamás será destruido.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Salmo Responsorial
Daniel 3, 75. 76. 77.78. 79. 80. 81
R. (59b) Bendito seas para siempre, Señor.
Montañas y colinas, bendigan al Señor.
Todas las plantas de la tierra, bendiga al Señor.
R. Bendito seas para siempre, Señor.
Fuentes, bendigan al Señor.
Mares y ríos, bendigan al Señor.
R. Bendito seas para siempre, Señor.
Ballenas y peces, bendigan al Señor.
Aves del cielo, bendigan al Señor.
Fieras y ganados, bendigan al Señor.
R. Bendito seas para siempre, Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Lc 21, 28
R. Aleluya, aleluya.
Estén atentos y levanten la cabeza,
porque se acerca la hora de su liberación, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 21, 29-33
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: "Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

’"Sabed que está cerca el reino de Dios"
"Su domicilio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin"


Reflexión del Evangelio de hoy
"Su domicilio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin"
El leguaje apocalíptico de Daniel, cargado de símbolos extraños para nuestra mentalidad occidental, pero seguramente claros y evidentes en la sociedad judía a la que iban dirigidos.

El Apocalipsis de San Juan, escrito unos siglos más tarde, parece recordar situaciones similares a las escritas por Daniel, el último de los profetas del A. T.

En los últimos versículos que leemos hoy se puede apreciar el anuncio de la llegada de un Hijo de Hombre, al que se entrega todo el poder. La venida de Cristo parece bien prefigurada en este fragmento. El inmenso poder que reflejan los versículos precedentes como residente en el anciano, se entregan a Cristo, ante el que se rendirán todos los poderes del mundo, incluido el de la cuarta fiera terrible que es anulada y destruida por el poder que emana del Hijo de Hombre.

Cristo que viene al mundo cuando los tiempos fueron cumplidos, viene humilde y sencillo, acercando el poder de Dios al hombre, abajándose tanto que se despoja de su divinidad para vivir como un hombre cualquiera. Toda la dignidad de Dios aparece como un pequeño y débil niño, que nace, crece y morirá, como cualquier ser humano. Pero este hombre, aparentemente indefenso, que va a morir a manos de los hombres, trae, al recuperar su dignidad en la resurrección, la dignificación, por pura voluntad suya y gratuitamente, del hombre. El ser humano consigue así llegar a ser hijo adoptivo de Dios.

"Sabed que está cerca el reino de Dios"
Y leemos este breve y denso fragmento del Evangelio de San Lucas. Ciertamente a los que hemos tenido la suerte de nacer en un entorno campesino, nos resultan familiares estas imágenes que nos propone. Hemos visto las ramas de los árboles y arbustos hinchadas, queriendo reventar; esperando un soplo de calor del sol para vestir a la naturaleza de flores multicolores y de todos los matices imaginables del verde. Sabíamos por esto que la primavera estaba llegando, que los hielos se habían alejado.

Cuando vemos esas señales que el mismo Jesús nos explica, debemos llegar a la conclusión de que la primavera de la humanidad está llegando, que el Señor está regresando y haciendo perfectas todas las cosas. Florecerá la primavera del Reino y acabará el rigor invernal. Dolor, muerte, hambre, etc. desaparecen de nuestro horizonte, y la luz de Dios amanecerá.

Ciertamente nos asusta el lenguaje que describe los últimos días, pero debemos pensar que las imágenes terroríficas que nos anuncian la llegada de la primavera, de la inminencia del Reino de Dios, no pueden ser tomadas como signos de terror, sino como lo que son: señales del regreso del Señor, del amigo que vuelve a manifestarse al género humano, que vuelve a dar la mano al hombre liberándolo de toda esclavitud.

El ciclo se cierra, acaba el Tiempo Ordinario y estamos a punto de dar la bienvenida al Adviento. Nuestras vidas tienen que seguir cambiando. La conversión no es cosa de un día y ya está; al contrario, es cosa del día a día, de superar sucesivos niveles hasta alcanzar la perfección, una perfección que solo alcanzaremos cuando estemos en las manos de Dios. No nos creamos ya perfectos o terminaremos siendo presuntuosos fariseos orando de pie. Seamos como el sencillo publicano que conoce su necesidad de Dios y, en consecuencia, lo encuentra.

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)

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