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’ Sal por los caminos e insísteles hasta que entren ’


"Cada miembro está al servicio de los otros miembros"

’ Sal por los caminos e insísteles hasta que entren ’

Noviembre 04, 2019 21:32 hrs.
Religión Internacional › México
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Martes 5 de Noviembre 2019

La Palabra de Dios


Primera lectura
Rom 12, 5-16
Hermanos: Todos nosotros, aun siendo muchos, formamos un solo cuerpo unidos a Cristo, y todos y cada uno somos miembros los unos de los otros. Pero tenemos dones diferentes, según la gracia concedida a cada uno. El que tenga el don de profecía, que lo ejerza de acuerdo con la fe; el que tenga el don de servicio, que se dedique a servir; el que enseña, que se consagre a enseñar; el que exhorta, que se entregue a exhortar. El que da, hágalo con sencillez; el que preside, presida con solicitud; el que atiende a los necesitados, hágalo con alegría.

Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.

Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 130, 1. 2. 3
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos soberbios;
grandezas que superen mis alcances
no pretendo.
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.
Estoy, Señor, por lo contrario,
tranquilo y en silencio,
como niño recién amamantado
en los brazos maternos.
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.
Que igual en el Señor esperen
los hijos de Israel, ahora y por siempre.
R. Dame, Señor, la paz junto a ti.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya.
Vengan a mí, todos los que están fatigados
y agobiados por la carga,
y yo les daré alivio, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: "Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios".

Entonces Jesús le dijo: "Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: ’Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ’Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro más le dijo: ’Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.

Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el señor se enojó y le dijo al criado: ’Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’.

Cuando regresó el criado, le dijo: ’Señor, hice lo que me ordenaste, y todavía hay lugar’. Entonces el amo respondió: ’Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete’ ".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
"Cada miembro está al servicio de los otros miembros"
El apóstol de las gentes, intentando ponerse al alcance de la gente sencilla, ha logrado explicar el maravilloso misterio de la Iglesia comparándolo con el cuerpo humano. Se trata en realidad del Cuerpo místico de Cristo, donde los diversos miembros actúan conjuntamente, movidos por la caridad.

En esta línea, esta perícopa de la carta a los Romanos constituye una gran lección de vida comunitaria: ’somos un solo cuerpo en Cristo’. En la Iglesia, en la parroquia, en nuestra comunidad, no todos tenemos el mismo carisma, la misma función, pero todos contribuimos al bien común si aportamos los dones de naturaleza y de gracia que Dios nos ha concedido con generosidad. Por ello no debe haber rivalidades entre nosotros, porque todos formamos un solo cuerpo, y tanto en el que predica, como en el que preside, en el que reparte limosna, o en el que exhorta, debe sobresalir el empeño, la ilusión, la sencillez, el deseo de servir, poniendo alma, vida y corazón en todo. Dijo el Señor a Santa Catalina: ’Todo lo he dado tan diversificadamente, que no lo he concedido todo a uno, para que por fuerza os veáis obligados a ejercitar la caridad unos con otros’.

Pablo enseña después las relaciones con los de fuera de la comunidad: el testimonio de bendición ante los perseguidores, de hospitalidad, alegría con los alegres, y llanto con los que lloran, llevará la luz de Cristo más allá de nuestros pequeños límites. Así construimos desde nuestro puesto esa Iglesia que es de todos y ha de llegar a todos.

Todo ello son palabras de vida que S. Pablo nos da para poder realmente vivir como miembros del cuerpo de Cristo. Y será obra del Espíritu Santo en nosotros si le dejamos actuar.

Señor, hazme dócil a tu Espíritu, para servirte constantemente, entregando mi vida a los hermanos. Así guardarás mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

"Insísteles hasta que entren y se me llene la casa"
La bienaventuranza con la que comienza el evangelio da pie a Jesús para, una vez más, enseñarnos cómo es el Reino de Dios con una parábola. La imagen del banquete sirve en muchas ocasiones para describir, de un modo muy humano, el Reino.

Si un día recibiéramos una invitación a un gran banquete para compartir mesa y mantel con las personalidades más representativas del momento, con todos los gastos pagados, y con posibilidad de invitar a cuantos amigos quisiéramos… ¿cuál sería nuestra respuesta? Sería acaso: ’Disculpen mi ausencia, pero en mi agenda tengo sesión de yoga a la misma hora, y no puedo acudir…’. Seguramente no. Saldríamos corriendo a avisar a todos los conocidos, para acudir cuantos más mejor, a disfrutar de la fiesta.

¿Qué es todo esto comparado con el banquete de Dios? El Señor continuamente nos está enviando mensajeros para invitarnos a su mesa, al banquete de su Palabra y de su Cuerpo y Sangre, pero no siempre nuestras respuestas son afirmativas. A veces preferimos continuar nuestros negocios, o nos vence el afán de trabajo, o tal vez preferimos el círculo familiar.
Al final, los que disfrutan del gran convite son los pobres, los lisiados, los ciegos, los cojos… bien sea del cuerpo o del espíritu. Para participar en este banquete del Reino tan especial, es necesario el despojo de todo lo que signifique honores, riqueza, apegos. Acuden los que saben que no lo merecen y aún así Alguien les muestra su Amor. No pospongamos por nada esta invitación; busquemos primero el Reino de Dios, y lo demás vendrá por añadidura. La casa, al fin, estará llena de invitados. ¿Estaremos nosotros allí… o estaremos ocupados ’en nuestras cosas’? ’¡Dichoso el que coma en el banquete del Reino de Dios!’

Gracias, Señor, porque nos amas, por que nos llamas y tu amor misericordioso sana todas nuestras dolencias. Concédenos un corazón nuevo, capaz de aceptar tu invitación al gran festín de tu Reino.

Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad - MM. Dominicas
Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad - MM. Dominicas
Palencia

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