’ Señor, dame esa agua ’


En espíritu y en verdad

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’ Señor, dame esa agua ’

Religión

Marzo 14, 2020 19:48 hrs.
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III Domingo de Cuaresma 15 de marzo 2020


La Palabra de Dios

Primera lectura
Ex 17, 3-7
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: ’¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?’ Moisés clamó al Señor y le dijo: ’¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen’. Respondió el Señor a Moisés: ’Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo’.

Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: ’¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?’
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor




Salmo Responsorial
Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9.
R. (8) Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, lancemos viva al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él, llenos de júbilo,
y démosle gracias.
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo;
él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
’No endurezcan su corazón,
como el día de la rebelión en el desierto,
cuando sus padres dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras’.
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.


Segunda lectura
Rm 5, 1-2. 5-8
Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por él, podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.

La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.

Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Aclamación antes del Evangelio
Cf Jn 4, 42. 15
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor, tú eres el Salvador del mundo.
Dame de tu agua viva para que no vuelva a tener sed.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio
Jn 4, 5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: ’Dame de beber’. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: ’¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?’ (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: ’Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva’.

La mujer le respondió: ’Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?’ Jesús le contestó: ’El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna’.

La mujer le dijo: ’Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla’. Él le dijo: ’Ve a llamar a tu marido y vuelve’. La mujer le contestó: ’No tengo marido’. Jesús le dijo: ’Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad’.

La mujer le dijo: ’Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén’. Jesús le dijo: ’Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad’.

La mujer le dijo: ’Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo’. Jesús le dijo: ’Soy yo, el que habla contigo’.

En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: ’Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?’ Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.

Mientras tanto, sus discípulos le insistían: ’Maestro, come’. Él les dijo: ’Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen’. Los discípulos comentaban entre sí: ’¿Le habrá traído alguien de comer?’ Jesús les dijo: ’Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto’.

Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: ’Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el Salvador del mundo’.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Introducción
Estamos acostumbrados a ver fuentes de adorno por las calles de las ciudades. Nadie bebe de ellas, son fuentes para la foto, de postal, derrochan agua, nos acercamos a ellas sin sed. Son fuentes para el turismo, la meta de sus visitantes no es vital. En el país de los nómadas, hombres en movimiento no hay fuentes, sino pozos, encontrarlos son metas vitales difíciles de conseguir, por su distancia y escasez. Los hombres nómadas con sus caravanas tienen sus teorías y sus mañas para llegar a los pozos y encontrar agua, muchas veces tienen que fiarse del olfato de sus camellos. Pero al comienzo de la caravana no colocan a los camellos más sedientos, por dos razones fundamentalmente: porque seguramente correrán mucho y dividirán la caravana; y porque corren el peligro de alucinar y ver pozos donde no existen, equivocando a toda la caravana y llevándoles a la muerte. Fuentes fáciles y pozos difíciles son nuestra alternativa hoy, sentirnos sedientes y mantenernos en la caravana es lo más difícil, alucinar y equivocarnos es un peligro, ¿dónde se encuentran los abrevaderos que nos sacien la sed?

Fr. Pedro Juan Alonso O.P.
Convento del Santísimo Rosario (Madrid)

Comentario al Evangelio
Fernando Torres cmf


En espíritu y en verdad

¿Quién no ha recibido una carta de esas que dicen que haciendo esto o lo otro se consigue automáticamente que te suceda algo bueno, un milagro para ser exactos, que te dará la felicidad? O quizá se trata de esos predicadores que nos anuncian que haciendo esto o lo otro es como lograremos la salvación de una forma absolutamente segura. Hay quien entiende así las devociones. Hay que hacer los nueve primeros viernes de mes al Corazón de Jesús o la novena a tal santo para salvarse o para alcanzar eso que deseamos. O rezar el rosario todos los días. O peregrinar a tal santuario o a tal otro. O... Siempre parece que es una condición, más o menos difícil de cumplir, que se nos pone por delante como una especie de prueba necesaria para conseguir la salvación, para ir al cielo.

La samaritana también andaba con esos problemas. Entre samaritanos y judíos había un contencioso. Unos decían que el culto a Yahvé sólo se podía celebrar en el monte Garizím y los otros que en Jerusalén. Unos que había que cumplir unas normas y otros que otras. Conclusión: que no se hablaban. De repente, aparece Jesús, un judío, y pide agua a la mujer, una samaritana. Tiene sed y pide agua. Es un ser humano que expone su necesidad. Sin más. A Jesús no le preocupa que aquella mujer sea samaritana. Es una hermana más. Es hija de Dios.

Ahí comienza un diálogo en el que Jesús va a invitar a la samaritana a ir más allá de las normas y los cultos. Como dice Jesús, se acerca la hora en que los que adoran a Dios lo harán en ’espíritu y en verdad’ y no en este monte o en el otro, o cumpliendo unas leyes u otras. Entonces se abre la mente de la samaritana y no puede menos que anunciar lo que ha ’visto y oído’ a los otros samaritanos.

Pero, ¿qué significa ese ’en espíritu y en verdad’? Quizá tendríamos que poner en contacto este relato de la samaritana con la parábola del buen samaritano. Quizá ahí encontramos la clave de lo que significa adorar a Dios para Jesús. No es algo que se hace en el templo –recordemos que en la parábola se reprueba precisamente la actitud del sacerdote y del levita– porque a Dios se le adora allá donde se le encuentra. Y se le encuentra en el prójimo. Más específicamente, en el prójimo necesitado y sufriente. A este punto se nos viene a la memoria la cita de San Ireneo: ’La gloria de Dios es la vida del hombre’. La propuesta de Jesús para judíos y samaritanos es la misma: el culto no pasa de ser un folklore si no se fundamenta en un real amor a Dios que se manifieste primeramente en el amor a nuestros prójimos, sobre todo a los que sufren. Es de esperar que esta Cuaresma nos convirtamos a adorar a Dios en espíritu y en verdad, en nuestros hermanos y hermanas que sufren.



Para la reflexión

¿Me hago alguna vez preguntas al estilo de la Samaritana? ¿Vivo preocupado por el cumplimiento de las normas y me olvido de amar y servir a mi prójimo? ¿Qué hago para adorar a Dios en mis hermanos y hermanas que sufren?


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