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’ Señor no soy digno de que entres en mi casa ’


El monte de la casa del Señor está firme

’ Señor no soy digno de que entres en mi casa ’

Diciembre 01, 2019 23:24 hrs.
Religión Internacional › México
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Lunes 2 De Diciembre 2019

La Palabra de Dios

Primera lectura
Is 4, 2-6
Aquel día, el vástago del Señor será magnífico y glorioso;
el fruto del país será orgullo y esplendor
de los sobrevivientes de Israel.

A los restantes en Jerusalén,
a todos los inscritos en ella para la vida, los llamaré santos.

Cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sión
y haya limpiado de sangre a Jerusalén
con viento justiciero y abrasador,
creará el Señor, sobre todo lugar del monte Sión
y sobre la asamblea,
nube y humo de día,
y fuego llameante de noche.
Y por encima, la gloria del Señor será toldo
y tienda contra el calor del día,
abrigo y resguardo contra el temporal y la lluvia.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 121, 1-2. 3-4a (4b-5. 6-7) 8-9
R. (cf. 1) Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron:
’Vayamos a la casa del Señor’!
Y hoy estamos aquí, Jerusalén,
jubilosos, delante de tus puertas.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
A ti, Jerusalén, suben las tribus,
las tribus del Señor,
según lo que a Israel se le ha ordenado,
para alabar el nombre del Señor.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Digan de todo corazón: ’Jerusalén,
que haya paz entre aquellos que te aman,
que haya paz dentro de tus murallas
y que reine la paz en cada casa’.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Por el amor que tengo a mis hermanos,
voy a decir: ’La paz esté contigo’.
Y por la casa del Señor, mi Dios,
pediré para ti todos los bienes.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Sal 79, 4
R. Aleluya, aleluya.
Señor y Dios nuestro, ven a salvarnos;
míranos con bondad y estaremos a salvo.
R. Aleluya.

Evangelio
Mt 8, 5-11
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: ’Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho’. Él le contestó: ’Voy a curarlo’.

Pero el oficial le replicó: ’Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace’.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: ’Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos’.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
El monte de la casa del Señor está firme
Nos encontramos en los primeros compases del tiempo litúrgico del Adviento. Como nos dicen los Santos Padres, este tiempo nos prepara para la venida del Señor, la triple venida del Señor: celebrar y actualizar la venida en carne mortal de Jesús, prepararnos para la última venida, y disponernos a esas venidas intermedias que suceden cada día.

La primera lectura de hoy es un canto a la esperanza que nos invita a trascender nuestra idea de casa, para que no sea un lugar meramente físico, sino ese espacio interior que nos lleva a poner toda nuestra confianza en los designios del Señor. Y encontrar ese lugar no sólo dentro, sino también en la Iglesia.

La lectura nos invita a esperar contra toda esperanza en este momento actual en que la fe parece debilitarse y la Iglesia pierde significatividad. Subimos, pero a otros montes, buscando saciar nuestra sed, y desaprovechamos la fuente viva que apaga las ansias de venganza, de odio, ’de adiestrarnos para la guerra’. Por eso nos grita: ¡Venid! Subamos a la casa del Señor. Allí todo se transformará, tanto en nuestro interior como en el exterior, en esa humanidad herida que busca ansiosamente la paz.

¿Estamos dispuestos a subir a este monte/casa del Señor? ¿Somos capaces de dejar que Él entre en nuestra casa y la transforme? No dejemos de caminar a la luz del Señor, y gritemos con el Salmista: ’Señor, instrúyeme en tus caminos, haz que camine con lealtad’.

Señor no soy digno de que entres en mi casa
El adviento es considerado uno de los tiempos fuertes para prepararnos interiormente al encuentro con el Señor. Pero tenemos que ser consientes de que la iniciativa es siempre suya; Él nos encuentra en el camino, en nuestra propia historia, en esos acontecimientos diarios que nos descolocan, nos hieren, nos encierran en nosotros mismos y nos impiden ser libres para entregarnos a Él.

El simbolismo de la casa es fuerte en este Evangelio; el centurión habla de un enfermo que está en su casa paralítico, y él tiene deseo de que sea sanado, lo que nos indica que era muy importante para él. Podemos identificar este criado paralítico con el reconocimiento de sus debilidades y fragilidades, como el hombre que busca sentido a su vida. El Señor está dispuesto a entrar en esa casa, se pone de manifiesto su voluntad salvífica de ir a esa casa, entrar y transformarla por completo.

El centurión se reconoce en su realidad indigente, y a la vez hace una confesión de fe fantástica: ¡Basta que lo digas de palabra! Se fía plenamente del poder de Dios.

¡Qué lejos estamos de la fe de este hombre, esa fe humilde, que no hace vanas preguntas, que hace que la creatura tienda y busque a su Creador! No miremos nuestra vida desde la superficie, sino tengamos el valor de entrar en la casa, descubrir dónde están nuestras parálisis y ponerlas delante del Señor para que las cure.

’Señor, sana mi corazón, que tu Palabra sea la que ilumine mi casa, todos sus rincones, oscuridades y recovecos; dame el don de una fe humilde que pueda confesar que Tú eres el único capaz de sanar plenamente las heridas del mundo y de mi propia casa; una fe obediente a tu Voluntad, para que cuando digas ’Haz esto’, lo haga sin vacilar’. Amén.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Santa María de Gracia-Casa Federal, Córdoba

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