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Religión

Enero 15, 2021 18:15 hrs.
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La Palabra de Dios

Sábado 16 enero 2021
Primera Lectura
Heb 4, 12-16
Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.

Puesto que Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo, mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado.

Acerquémonos, por lo tanto, con plena confianza, al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor
Salmo Responsorial
18, 8. 9. 10. 15
R. (cf Jn 6, 63c) Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
En los mandamientos del Señor hay rectitud
y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La voluntad del Señor es santa
Y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Que te sean gratas las palabras de mi boca,
y los anhelos de mi corazón.
Haz, Señor, que siempre te busque,
pues eres mi refugio y salvación. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Aclamación antes del Evangelio
Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para llevar a los pobres la buena nueva
y proclamar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: ’Sígueme’. Él se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: ’¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?’

Habiendo oído esto, Jesús les dijo: ’No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Probado en todo como nosotros
La palabra de Dios quiere poner hoy nuestra vida ante la mirada de Dios. Quiere penetrar con toda su fuerza y eficacia para traernos luz y salvación. Pero ¿qué ven los ojos de Aquel a quien tenemos que rendir cuentas?

Estos ojos ven TODO, ciertamente, nada está oculto ante ellos; ni los deseos de una vida plena, ni las intenciones un poco torcidas que se nos vienen a la mente. No están ocultos nuestros afectos ni las necesidades que experimenta nuestro cuerpo. Estos divinos ojos ven nuestros desvelos y sufrimientos, nuestras alegrías y esperanzas. Conocen la frustración que experimentamos cuando no obramos como quisiéramos. Sabe de nuestros temores y debilidades, pero también de los talentos y capacidades que ha depositado en cada uno.

No lo dudemos, Él nos conoce aún mejor que nosotros mismos. Y ante esta verdad ¿qué podemos hacer?

Hay varias opciones: quizá podríamos pretender ocultarnos, negar que esta mirada existe y nos acompaña, pero también podemos elegir algo hermoso que nos propone esta lectura. Podemos acercarnos al trono de gracia, elevar nuestros ojos y descubrir que la mirada compasiva de la Palabra hecha carne, de quien fue probado en todo, como nosotros, menos en el pecado,nos está esperando. No para condenarnos, reprendernos y amenazarnos sino para corregirnos con amor, alcanzarnos misericordia y auxiliarnos con su gracia.

Corramos pues, guiados por el Espíritu Santo, a tener un momento de oración, corramos a recibir el sacramento de la reconciliación y dejemos que esta espada nos atraviese para que la luz y la ternura del Señor transformen nuestras vidas.

Sígueme
¡Cuántas veces nos hemos encontrado con este Evangelio! Sin duda es una de las perícopas que, al leerlas, pensamos que ya las conocemos de memoria. Pero no caigamos en esa tentación y dejemos que esta Palabra viva, dinámica y eficaz se actualice hoy en nuestra vida.

Aparentemente es un día más en la vida de Mateo: sentado al mostrador de los impuestos, contando las monedillas, pendiente de sacar algún provecho en sus negocios y cuidando escrupulosamente sus intereses.

Pero no es un día cualquiera, este es el día de gracia, el día de salvación; es el día del paso de Jesús por su vida. Y en este punto los tres evangelios sinópticos coinciden: Jesús lo vió… Jesús le dijo: "sígueme"… Mateo se levantó y lo siguió.

Y después de haber pasado por las orillas de la vida de este hombre, va más adentro, llega a su casa. Al lugar de su descanso, donde banquetea y comparte. Pero Jesús no viene sólo; con él vienen sus discípulos y… otros tantos publicanos y pecadores que lo siguen. Mateo abre las puertas de su casa, de su vida, invita a este banquete a los que estaban en las encrucijadas, al borde del camino y la sala se llena de invitados.

Sí, Mateo apuesta todo por este nuevo "negocio"; ya no permanecerá sentado, detrás del mostrador sino que recorrerá largos caminos siguiendo al Maestro; ya no buscará sus propios intereses sino los intereses del Reino; ya no contará monedas ni escribirá los impuestos y deudas de su pueblo sino que proclamará la Buena Noticia del Dios-con-nosotros. No será el solitario publicano que ofrece banquetes para llenar silencios y vacíos de su vida sino el gozoso discípulo invitado al Banquete del Cordero.

¿Una mirada, tan solo una palabra del Señor puede hacer tanto en nosotros? Así es, Él puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros (Ef. 3, 20)

Demos gracias a Dios que ha venido a salvarnos y dejemos que este Médico divino sane nuestras enfermedades y nos llame a salir de las tinieblas para vivir alegres en su luz maravillosa.
Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad - MM. Dominicas
Palencia


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