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’ ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? ’



Renueva los prodigios, repite los portentos


’ ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? ’

Mayo 26, 2021 01:30 hrs.
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La Palabra de Dios

Memoria de San Felipe Neri, presbítero
26 mayo, 2021

Primera Lectura
Sir 36, 1-2. 5-6. 13-19
Míranos y ten piedad de nosotros, Señor, Dios del universo;
infunde tu temor a todas las naciones,
para que ellas sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay otro Dios fuera de ti.

Repite tus prodigios y haz nuevos portentos;
reúne a todas las tribus de Jacob,
y devuélveles la tierra que antaño poseyeron.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre:
de Israel, a quien elegiste por primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa, Jerusalén,
que es el lugar de tu reposo.

Llena a Sión con la fama de tus maravillas
y a tu pueblo con tu gloria;
cumple las promesas que hiciste a tus primeros hijos,
realiza las profecías pronunciadas en tu nombre.
Recompensa a los que esperan en ti,
para mostrar que tus profetas son dignos de fe.

Por amor a tu pueblo
escucha las súplicas de tus siervos;
y que toda la tierra reconozca
que tú eres el Señor, el Dios eterno.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 78, 8. 9. 11 Y 13
R. (Si 36, 1b) Muéstranos, Señor, tu misericordia.
No recuerdes, Señor, contra nosotros
las culpas de nuestros padres.
Que tu amor venga pronto a socorrernos,
Porque estamos totalmente abatidos. R.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Para que sepan quién eres,
socórrenos, Dios y salvador nuestro.
Para que sepan quién eres,
sálvanos y perdona nuestros pecados. R.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo:
con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte.
Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu rebaño,

te daremos gracias siempre,
y de generación en generación te alabaremos. R.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Aclamación antes del Evangelio
Mc 10, 45
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo vino a servir
y a dar su vida por la salvación de todos.
R. Aleluya.


Evangelio
Mc 10, 32-45
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban camino de Jerusalén y Jesús se les iba adelantando. Los discípulos estaban sorprendidos y la gente que lo seguía tenía miedo. Él se llevó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: ’Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; van a condenarlo a muerte y a entregarlo a los paganos; se van a burlar de él, van a escupirlo, a azotarlo y a matarlo; pero al tercer día resucitará’.

Entonces se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: ’Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte’. Él les dijo: ’¿Qué es lo que desean?’ Le respondieron: ’Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria’. Jesús les replicó: ’No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?’ Le respondieron: ’Sí podemos’. Y Jesús les dijo: ’Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado’.

Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: ’Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Renueva los prodigios, repite los portentos
Hemos terminado la Pascua con la fiesta de Pentecostés. Durante cincuenta días hemos celebrado la Resurrección del Señor como un único y solo día, en el que los portentos y maravillas del Señor se han manifestado. Hemos alabado y dado gracias al Padre por estas manifestaciones de su amor en favor de todas gentes. Ahora retomamos el tiempo ordinario, para fijar nuestra atención en las enseñanzas de Jesús vinculadas a su Misterio.

El libro del Eclesiástico, en el capítulo y versículos que hoy se proclaman, parece ser un anuncio de lo que ocurrido en Pentecostés. No del momento en que se escribe, sino de lo que hemos escuchado nosotros en estos días. Una súplica que eleva el autor sagrado y por su voz, todo Israel y nosotros con él. Renovar los prodigios y portentos que por la efusión del Espíritu se producen. Congrega y reúne a los dispersos en la comunión que por la Sangre de Cristo se produce. Llenó el templo de su gloria y el mismo Jesús, como peregrino no reconocido, explica todo lo que a él se refería en las Escrituras.

Y es que Dios no defrauda al que confía plenamente en El. Su fidelidad permanece siempre, aunque no encuentre respuesta entre los hombres. A esa fidelidad apela el texto del Eclesiástico: ’Da una prueba de tus obras antiguas, cumple las profecías por el honor de tu nombre, recompensa a los que esperan en ti y saca veraces a tus profetas, escucha la súplica de tus siervos, por amor a tu pueblo, y reconozcan los confines del orbe que tú eres Dios eterno.’ Eso se ha cumplido ya.

Muéstranos, Señor, la luz de tu misericordia
Una muestra de la misericordia de Dios es lo que se pide en la lectura del Eclesiástico y el salmo, de alguna manera lo resume. Desde el no recuerdes las culpas de nuestros padres hasta la súplica de la compasión divina pues estamos agotados, es un clamor a la infinita misericordia de Dios. Socorro y liberación, en razón del Nombre de Dios, es una manera de apelar a la Misericordia. Una mirada atenta a los clamores que se elevan a Dios en razón de la debilidad humana, de su sufrimiento y de su deseo de salvación, que solamente puede venir de Dios. La misericordia de Dios ilumina la existencia humana.

Estamos subiendo a Jerusalén
Una subida que por las circunstancias sorprende a los discípulos: Jesús se les adelanta. Hay extrañeza. Es como preguntarse a qué viene esa prisa. La explicación la dará a los Doce: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.» La prisa de Jesús es justamente la que el amor provoca, pues de lo que se trata es de su entrega para salvar. Es la comunicación de la Misericordia divina. La necesidad es apremiante por parte nuestra y la voluntad de cumplir con el mandato del Padre lo es para Jesús.

Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir
La posición de Santiago y Juan se distancia de Jesús. Quieren un lugar a su derecha e izquierda, que no es otra cosa que significarse y será Jesús quien los invite a posicionarse adecuadamente. El asunto no es de puestos ni privilegios. No valen las aspiraciones personales que no estén en sintonía con el plan del Padre, que Jesús está llevando a cabo. Por eso les dice: ’no sabéis lo que pedís.’ La pregunta que se les hace por parte del Maestro, beber el cáliz y bautizarse con el bautismo con el que él se ha de bautizar, son las condiciones, que además alejan de la búsqueda de puestos privilegiados. Para el discípulo esas actitudes no tienen cabida.

La indignación de los otros diez no se hace esperar. Cabe preguntarse el porqué de esa reacción. Hay una resonancia de la división de Israel en tiempos de Roboán, el hijo de Salomón. La indignación provoca división y hay que atajarla en su origen. Por eso Jesús reúne a los Doce y les expone: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Frente a una sociedad en la que se priman los privilegios y el mal uso de la autoridad, la enseñanza de Jesús a los Doce resuena fuertemente en nuestro tiempo. Hay que proceder de otra manera. Para los discípulos de entonces y de ahora, no tiene sentido ese modo de proceder. El único camino aceptable es el de Jesús. Dar la vida en rescate por todos. Esa es la consecuencia de aceptar ser discípulo.

¿Qué buscamos?

¿Cuáles son nuestras razones para el seguimiento de Jesús?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

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