’ Te tenía miedo, porque eres hombre exigente ’



El miedo vivir

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’ Te tenía miedo, porque eres hombre exigente ’

Religión

Noviembre 17, 2020 22:48 hrs.
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La Palabra de Dios

Miércoles 18 noviembre, 2020

Primera lectura
Apoc 4, 1-11
Yo, Juan, tuve una visión: Vi una puerta abierta en el cielo, y la voz que había oído antes, semejante al sonido de una trompeta, me habló y me dijo: ’Sube hacia acá y te enseñaré lo que va a suceder después’.

Entonces fui arrebatado en espíritu y vi un trono puesto en el cielo, y alguien estaba sentado en el trono. El que estaba sentado en el trono brillaba con destellos rojos, como una piedra preciosa transparente, y un resplandor como de esmeralda rodeaba el trono.

Alrededor de este trono vi otros veinticuatro tronos, y en los tronos estaban sentados veinticuatro ancianos, vestidos con túnicas blancas y con coronas de oro sobre sus cabezas. Del trono salían relámpagos y truenos poderosos. Siete lámparas de fuego, que son los siete espíritus de Dios, ardían frente al trono, y delante de él había una especie de mar transparente, como de cristal.

En el centro, alrededor del trono, había cuatro seres vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás. El primer ser viviente se parecía a un león; el segundo, a un toro; el tercero tenía cara de hombre, y el cuarto parecía un águila en vuelo.

Los cuatro seres vivientes tenían seis alas cada uno y estaban llenos de ojos por donde quiera. Y no se cansaban de repetir día y noche: ’Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir’.

Y cada vez que los seres vivientes alababan, bendecían y glorificaban al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postraban delante del que está sentado en el trono, adoraban al que vive por los siglos de los siglos, y depositaban sus coronas ante el trono, diciendo:

’Señor y Dios nuestro,
tú mereces recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado todas las cosas:
tú has querido que ellas existieran y fueron creadas’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 150, 1-2. 3-4. 5-6
R. (Ap 4, 8b) Alabemos al Señor con alegría.
Alabemos al Señor en su templo,
alabemos al Señor en su augusto firmamento.
Alabémoslo por sus obras magníficas,
alabémoslo por su inmensa grandeza. R.
R. Alabemos al Señor con alegría.
Alabémoslo tocando trompetas,
alabémoslo con arpas y cítaras,
alabémoslo con tambores y danzas,
alabémoslo con cuerdos y flautas. R.
R. Alabemos al Señor con alegría.
Alabémoslo con platillos sonoros,
alabémoslo con platillos vibrantes.
Que todo ser viviente alabe al Señor. R.
R. Alabemos al Señor con alegría.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 15, 16
R. Aleluya, aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor,
para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 19, 11-28
En aquel tiempo, como ya se acercaba Jesús a Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a manifestarse de un momento a otro, él les dijo esta parábola:

’Había un hombre de la nobleza que se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver como tal. Antes de irse, mandó llamar a diez empleados suyos, les entregó una moneda de mucho valor a cada uno y les dijo: ‘Inviertan este dinero mientras regreso’.

Pero sus compatriotas lo aborrecían y enviaron detrás de él a unos delegados que dijeran: ‘No queremos que éste sea nuestro rey’.

Pero fue nombrado rey, y cuando regresó a su país, mandó llamar a los empleados a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno.

Se presentó el primero y le dijo: ‘Señor, tu moneda ha producido otras diez monedas’. Él le contestó: ‘Muy bien. Eres un buen empleado. Puesto que has sido fiel en una cosa pequeña, serás gobernador de diez ciudades’.

Se presentó el segundo y le dijo: ‘Señor, tu moneda ha producido otras cinco monedas’. Y el señor le respondió: ‘Tú serás gobernador de cinco ciudades’.
Se presentó el tercero y le dijo: ‘Señor, aquí está tu moneda. La he tenido guardada en un pañuelo, pues te tuve miedo, porque eres un hombre exigente, que reclama lo que no ha invertido y cosecha lo que no ha sembrado’. El señor le contestó: ‘Eres un mal empleado. Por tu propia boca te condeno. Tú sabías que yo soy un hombre exigente, que reclamo lo que no he invertido y que cosecho lo que no he sembrado, ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco para que yo, al volver, lo hubiera recobrado con intereses?’

Después les dijo a los presentes: ‘Quítenle a éste la moneda y dénsela al que tiene diez’. Le respondieron: ‘Señor, ya tiene diez monedas’. Él les dijo: ‘Les aseguro que a todo el que tenga se le dará con abundancia, y al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará. En cuanto a mis enemigos, que no querían tenerme como rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia’ ’.

Dicho esto, Jesús prosiguió su camino hacia Jerusalén al frente de sus discípulos.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Porque por tu voluntad lo que no existía fue creado
En el libro del Apocalipsis se nos da una visión da la soberanía de Dios. Sentado y gobernándolo todo, el proclamado tres veces Santo. Todo un escenario de gloria y majestad nos sitúa en los últimos versículos:Eres digno, Señor, Dios nuestro de recibir la gloria, honor y el poder, porque tú has creado el universo…

Cuando vemos la inmensidad de todo lo creado, nuestra vida se vuelve insignificante, frágil, y se aleja de todo cuanto se mueve en el ámbito del antropocentrismo. Cuando contemplamos la inmensidad de los mares, la inmensidad de la Naturaleza, cuando nuestra mirada se sitúa en la amplitud del universo, no puede ser que el hombre sea el centro de todo. De ahí que nuestra mirada disminuye cuando contemplamos desde la fe todo lo que fue creado por Dios.

Porque por tu voluntad lo que no existía fue creado. La belleza de la creación fue llamada a la vida. Sólo una palabra, y el mundo existió. Fue la voluntad de Dios lo que hizo posible que hoy tú y yo estemos en este mundo, procurando contemplar la creación como un don del que podemos gozar. Por eso la bendición que le debemos a Dios, de ahí la alabanza que surge de nuestra boca. Una oración de gratitud, una oración de acción de gracias.

El miedo vivir
En ocasiones la vida nos muestra la exigencia de crecer y desarrollarnos. Exigencia ante la cual mostramos nuestros miedos interiores. Creemos que ante las exigencias de los demás no podemos responder; que dichas exigencias están por encima de nuestras posibilidades.

Miedo a creer y miedo a querer es lo que aparece en ocasiones en nuestro interior cuando se nos presenta la exigencia de la autenticidad del amor y de la fe. Olga Cepeda que canta en el grupo canario Mestisay, tiene una canción titulada: Miedo a querer. Recojo parte de su canción para explicar el evangelio de hoy. A veces, las canciones son símbolos de nuestros miedos:

’algo pasó ella sabe que fue miedo a vivir miedo a querer... caminando va María como hoja de papel y la va llevando el viento calle abajo y en silencio con el corazón vestido de mujer…’

Tenemos que preguntarnos si somos capaces de vestirnos de la fe, del compromiso de amar, de buscar la esperanza por medio de lo que Dios nos ofrece. Dios nos ofrece talentos, la oportunidad, como en el evangelio, de procurar que nuestras capacidades salgan a la luz, sin embargo, los miedos nos introducen en una dinámica donde todo se encierra en la oscuridad, en la impotencia, enterramos nuestros dones y no los dejamos salir a la vida. Callamos, en silencio vivimos y deambulamos por las calles por el desierto de la inmediatez. Cabizbajos, resumimos la vida en una negativa para dar respuesta a los dones que Dios ha puesto en nosotros.

La imagen de un rey que viene a pedirnos cuenta de nuestros talentos, no permite la justificación del miedo, aunque la vida nos exija recoger lo que no se ha sembrado, y nos reclame lo que no hemos prestado. Esa imagen de un Dios que busca la fuerza en nuestro interior para proclamar que nuestras capacidades interiores son un grito por la vida, no puede quedar enterrada, olvidada, apagada… El evangelio de hoy es una llamada a tener coraje por vivir y por creer.

La vida nos exige luz, iluminar; la fe nos exige el contemplar la verdad de Dios, y la verdad del hombre. Los miedos sólo son una mentira del interior.

Pidamos a Dios, que nos permita mirar más allá de nuestros miedos paralizantes de la vida, de la alegría, y negadores de nuestra esperanza. Que la presencia de Dios nos ayude a romper las barreras de los temores que nos vuelven ineptos para caminar.

Fray Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


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