’ Toma tu camilla y echa a andar ’


Me hizo volver a la entrada del templo

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’ Toma tu camilla y echa a andar ’

Salud

Marzo 23, 2020 20:57 hrs.
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La Palabra de Dios


Lunes 23 de marzo 2020


Primera lectura
Is 65, 17-21
Esto dice el Señor:
’Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva;
ya no recordaré lo pasado,
lo olvidaré de corazón.

Se llenarán ustedes de gozo y de perpetua alegría
por lo que voy a crear:
Convertiré a Jerusalén en júbilo
y a mi pueblo en alegría.
Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo.
Ya no se oirán en ella gemidos ni llantos.

Ya no habrá niños que vivan pocos días,
ni viejos que no colmen sus años
y al que no los alcance se le tendrá por maldito.
Construirán casas y vivirán en ellas,
plantarán viñas y comerán sus frutos’’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor


Salmo Responsorial
Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b
R. (2a) Te alabaré, Señor, eternamente.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.


Aclamación antes del Evangelio
Cfr Am 5, 14
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Busquen el bien y no el mal, para que vivan,
y el Señor estará con ustedes.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio
Jn 4, 43-54
En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: ’Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen’. Pero el funcionario del rey insistió: ’Señor, ven antes de que mi muchachito muera’. Jesús le contestó: ’Vete, tu hijo ya está sano’.

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: ’Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre’. El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: ‘Tu hijo ya está sano’, y creyó con todos los de su casa.

Éste fue el segundo señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Desde la súplica inicial de la cuaresma: ’avanzar en el conocimiento de Cristo para vivirlo en plenitud’, día a día continuamos la adandura cuaresmal con la mirada puesta en el acontecimiento de la Pascua y procurando disponernos para una celebración que debe conectarse con un cambio interior. Es lo que se expresa en la oración colecta de hoy: disponer el corazón para celebrar el misterio pascual y anunciar la grandeza tu salvación.

Me hizo volver a la entrada del templo
Comienza el texto de Ezequiel llevándonos a la entrada del templo. ¿Qué nos quiere decir al situarnos en la puerta? Se trata de caer en la cuenta de lo que se está produciendo y las consenciencias que se derivan del paso de estas ’aguas’. Y como se trata de avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y él mismo nos ha dicho: ’Destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días’, conviene leer y escuchar desde la prespectiva de Cristo. Está claro que el templo es él y de él brotan estas aguas medicinales, es decir, nos viene la salvación. Así lo señala Juan cuando nos dice: ’de su costado manó sagre y agua.’ El profeta nos habla de la abundancia de esta agua y cómo todo se transforma porque lo riegan aguas que salen del santuario.

Termina el texto destacando tres puntos: primero, a la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales. Se trata de una tierra nueva, un espacio nuevo para una humanidad nueva. Segundo: darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario. La novedad es permanente y renovada, tiempos nuevos que se inauguran con los acontecimientos pascuales. Tercero: su fruto será comestible y sus hojas medicinales. Alimentan y curan. En definitiva la grndeza de la salvación que se ha de anunciar se contiene en esta experiencia pascual. Jesús, el templo en el que habita corporalmente la divinidad, presencia y donación del amor de Dios, alimenta al ser humano que le acoge, estando ofrecido a todos y al mismo tiempo lo sana definitivamente. He venido para que tengan vida y vida en abundacia. El torrente que no se puede vadear.

El profeta hace otro señalamiento:’Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal, Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.’ Salen del Santuario, lugar de vida para llegar al mar salobre, signo de muerte, para acabar con la muerte y hacer que haya vida en abundancia. Todo parece remitirnos al acontecimiento pascual, en el que toda la creación es transformada, los tiempos nuevos se hacen presentes y la humanidad experimenta una definitiva regeneración.

Toma tu camilla y echa a andar
Comienza el capítulo 5º del evangelio de Juan con un signo, la curación del paralítico de la puerta de Betesda y le seguirá, como es habitual en el procedimiento catequético de Juan, una explicación del signo. Lo escucharemos en los días siguientes. Conviene no desconectar, fragmentando ni interrumpiendo la lectura y su reflexión, para centrarnos en la intención del autor sagrado. Se trata de la obra de la salvación. Y se coloca este signo en la puerta de las ovejas, en clara referencia al sacrificio reiterado como contraposición a la inmolación del cordero de Dios, es decir, el sacrificio pascual de la nueva Pascua.

Un lamento es la respuesta a la pregunta que Jesús realiza: ¿quieres quedar sano? Cómo no va a querer. Hace todo lo que puede, pero no consigue llegar a tiempo. Parece reservado a privilegiados y a un esfuerzo individual insolidario. Jesús es lo contrario a todo eso. Como el agua que brotaba por debajo del umbral de la puerta del templo, en la puerta de la ovejas llevadas al sacrificio, él se llega al hombre postrado en la camilla, le habla y escucha su queja: ’Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua...’ El dolor de la impotencia y de la insolidaridad. No tengo a nadie. Es la soledad a la que la falta de comunión reduce al ser humano. Sin embargo este hombre, Jesús, está cercano y con sólo su palabra llena de vida, cambiará la existencia de esta persona. ’Levántate, toma tu camilla y echa a andar.’ le dirá. Si hoy escucháis su voz... Si escuchamos y creemos en la Palabra, veremos su salvación.

Creyó aquella persona a Jesús; se fío de su palabra en la puerta de las Ovejas. Por su fe en la palabra, se pone en pie y de ser portado por la camilla, lleva él ahora la camilla. Jesús lo ha liberado. Frente a los que le cuestionan desde la legalidad esclavizante ¿por qué llevas la camilla en sábado? responde la experiencia personal de la salvación: el que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar. Mientras no hay experiencia personal de la obra liberadora de Jesus, no puede darse una respuesta convicente frente al cuestionamiento de la novedad de la existencia cristiana.

No sabía esta persona quién era Jesús, sólo creyó en su palabra. No puede responder, ante quiénes le preguntan, señalando al autor de su sanación. Hace falta tener ese encuentro. Juan termina el relato de este signo, colocando al hombre frente a Jesús y escuchando una advertencia: Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te suceda algo peor. Hay que tener presente la renovación interior es la que permite un cambio radical en las manifestaciones y relaciones humanas. Sin ese cambio interior, personal, nada se renueva en la convivencia y tampoco se transforman las estructuras, personales y sociales. Y esto se produce a partir de este encuentro sanador.

¿Cómo nos situamos ante Jesus? ¿Creemos en su palabra?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)


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