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’ Tu fe te ha salvado ’



Betel, casa de Dios

’ Tu fe te ha salvado ’

Julio 04, 2021 22:37 hrs.
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La Palabra de Dios

Lunes 05 julio 2021

Lectura I
Gn 28,10-22a
En aquel tiempo, Jacob salió de Berseba y se dirigió a Jarán. Al llegar a cierto lugar, se dispuso a pasar ahí la noche, porque ya se había puesto el sol. Tomó entonces una piedra, se la puso de almohada y se acostó en aquel sitio.

Y tuvo un sueño: Soñó una escalera que se apoyaba en tierra y con la punta tocaba el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Vio que el Señor estaba en lo alto de la escalera y oyó que le decía: ’Yo soy el Señor, el Dios de tu padre, Abraham, y el Dios de Isaac. Te voy a dar a ti y a tus descendientes la tierra en que estás acostado. Tus descendientes van a ser tan numerosos como el polvo de la tierra y te extenderás hacia el oriente y el poniente, hacia el norte y hacia el sur; por ti y por tus descendientes serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Yo estoy contigo, te cuidaré por dondequiera que vayas, te haré regresar a esta tierra y no te abandonaré ni dejaré de cumplir lo que te he prometido’.

Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: ’Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía’. Y exclamó asustado: ’¡Qué terrible es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo’.

Jacob se levantó de madrugada, y tomando la piedra que se había puesto de almohada, la colocó como un memorial y derramó aceite sobre ella. Y a aquella ciudad le puso por nombre Betel, aunque su nombre primitivo era Luz.

Jacob hizo una promesa, diciendo: ’Si Dios está conmigo, si me cuida en el viaje que estoy haciendo, si me da pan para comer y ropa para vestirme, si vuelvo sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios y esta piedra que he colocado como memorial, será casa de Dios. Y de todo lo que el Señor me dé, le pagaré el diezmo’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Del Salmo 90
R. (cf 2b) Señor, en ti confío.
Tú que vives al amparo del Altísimo
y descansas a la sombra del Todopoderoso,
dile al Señor: ’Tú eres mi refugio y fortaleza;
tú eres mi Dios y en ti confío.
R. Señor, en ti confío.
El te librará de la red del cazador,
y de la peste funesta.
Te cubrirá con sus alas
y te refugiarás bajo sus plumas.
R. Señor, en ti confío.
’Puesto que tú me conoces y me amas, dice el Señor,
yo te libraré y te pondré a salvo.
Cuando tú me invoques, y te escucharé;
en tus angustias estaré contigo.
R. Señor, en ti confío.


Aclamación antes del Evangelio
Cfr. 2 Tm 1,10
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.


Evangelio
Mt 9,18-26
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se le acercó un jefe de la sinagoga, se postró ante él y le dijo: ’Señor, mi hija acaba de morir; pero ven tú a imponerle las manos y volverá a vivir’.

Jesús se levantó y lo siguió, acompañado de sus discípulos. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orilla del manto, pues pensaba: ’Con sólo tocar su manto, me curaré’. Jesús, volviéndose, la miró y le dijo: ’Hija, ten confianza; tu fe te ha curado’. Y en aquel mismo instante quedó curada la mujer.

Cuando llegó a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús a los flautistas, y el tumulto de la gente y les dijo: ’Retírense de aquí. La niña no está muerta; está dormida’. Y todos se burlaron de él. En cuanto hicieron salir a la gente, entró Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó. La noticia se difundió por toda aquella región.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Betel, casa de Dios
El texto del Génesis que nos regala la liturgia de hoy es un texto vibrante, lleno de simbología y trascendencia. Relata el sueño de Jacob, la conocida ’escalinata de Jacob’ y la palabras de Dios: ’La tierra…te la daré a ti…Tu descendencia será como el polvo de la tierra…todas las naciones de la tierra serán benditas…Yo estoy contigo, yo te guardaré…’ Jacob tiene una fuerte experiencia de Dios, se sobrecoge, reconoce la presencia y la acción de Dios en su vida, su familia y el pueblo que serán, y responde con un compromiso por su parte: ’El Señor será mi Dios, esta piedra…será una casa de Dios…te daré el diezmo’.

Israel narra su historia como un relato creyente y esa es la invitación que hoy nos hace a cada uno, leer nuestra historia personal, familiar, comunitaria o institucional desde la fe. La presencia de Dios va jalonando las vidas, las historias y los lugares con su huella. Lo sagrado precisa de momentos donde la trascendencia se nos comunica, esa ’escalinata’ que une cielo y tierra se nos hace visible y reconocemos en toda su hondura ese ’hay algo más’, Dios se hace presente y le reconozco como parte de mí, de mi historia.

Muchas veces decimos que estamos en manos de Dios, que los acontecimientos nos llevan más allá, somos más conscientes de la voluntad divina, Alguien nos acompaña y escribe la historia y la transforma desde el amor. El sentido de la transcendencia se nos cuela y descubrimos lo sagrado de acontecimientos y lugares. Lo mismo que Jacob tuvo que vivir su proceso de fe, descubrir que Dios le había elegido, en medio de una historia personal tan manipuladora y deshonesta, cada uno vamos descubriendo ese paso de Dios que planta su casa en nuestra vida.

Infinito
Cuando escribo este comentario hace apenas unos días que ha fallecido mi madre, por un cáncer que en pocos meses se diagnosticó y se la llevó. Leo y releo estos relatos de curaciones y, siendo honesta, os tengo que compartir que muchas veces, durante estos meses que he tenido la suerte y bendición de poder acompañarla y cuidarla, he luchado entre esa petición de que la curase y la de que se cumpliera su voluntad con la fuerza y serenidad suficientes para vivirla, sobretodo sin sufrimiento ni angustia de mi madre. Os comparto también que vivió este tiempo con una valentía, amor y fe admirables, y que murió serena y en paz, envuelta en esa ternura que siempre la caracterizó. ¡Una bendición de Dios!

Por eso me uno al dolor del jefe de los judíos por la muerte de su hija, y la angustia y desamparo de la mujer condenada al aislamiento durante tantos años por ser considerada impura. ¡Con cuanta fe y esperanza se acercaron a Jesús! Ellos, sin esperanza alguna, dieron el paso arriesgado y confiado de la fe. Todo el ser de Jesús se conmovió, hasta la orla de su manto. ’¡Animo, hija...’’La niña no está muerta, está dormida…’. Sus palabras son de vida y de esperanza.

¿Dónde está la clave, dónde está la confianza suficiente para acercarte a Jesús y depositar en Él tu esperanza? Pocos días antes de morir, le pregunté a mi madre si sabía cuánto la queríamos. Y ella asintió, con una sonrisa enorme, y dijo ya con la voz muy débil: ’¡Infinito!’. Entonces comprendí que ese era el gran milagro que Dios nos hacía en medio de tanto dolor y tanto amor. El jefe judío que sufría por su hija muerta, la mujer marginada que sufre en soledad, se encuentran con el amor infinito de Jesús.

El poder de Jesús puede manifestarse visiblemente con las curaciones, pero esa fuerza de vida viene del inmenso amor que nos tiene. Y a eso es a lo que nos convoca y envía como cristianos. La enfermedad, la muerte, serán parte de la realidad de la vida siempre. Responder con alborotos y parafernalias, o con el ostracismo y la marginación, es más común de lo que quisiéramos admitir.

El dolor de quien sufre requiere un absoluto respeto y delicadeza, y requiere propiciarle lo necesario para curarse y cubrir sus necesidades. Por eso responder desde el amor, sin cálculos ni medida, en el cuidado y el cariño de cada día, dando lo mejor de cada uno, procurando aliviar y dar lo que necesita, en la familia, en la sociedad, en cada pequeña o grande comunidad de vida, es el milagro más necesario y grande de todos.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo

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