’ ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! ’



Si establecéis diferencias entre las personas…

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’ ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! ’

Religión

Febrero 19, 2020 23:04 hrs.
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Jueves 20 de febrero 2020


La Palabra de Dios

Primera lectura
Sant 2, 1-9
Hermanos: Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos. Supongamos que entran al mismo tiempo en una reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido, y un pobre andrajoso, y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: ’Tú, siéntate aquí, cómodamente’. En cambio le dicen al pobre: ’Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies’. ¿No es esto tener favoritismos y juzgar con criterios torcidos?

Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman? Ustedes, en cambio, han afrentado al pobre. ¿Acaso no son los ricos los que los oprimen a ustedes, los que los arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que denigran el nombre ilustre que les impusieron a ustedes? Si cumplen la ley suprema de la Sagrada Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, obran bien; pero si tienen favoritismos, están cometiendo un pecado y esa ley los acusa como transgresores.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor



Salmo Responsorial
Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9. 10-11
R. (7a) El Señor escucha el clamor de los pobres.
Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo. R.
R. El Señor escucha el clamor de los pobres
Proclamemos la grandeza del Señor
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores. R.
R. El Señor escucha el clamor de los pobres
Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libra de todas sus angustias. R.
R. El Señor escucha el clamor de los pobres

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Jn 6, 63. 68
R. Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
R. Aleluya.


Evangelio
Mc 8, 27-33
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: ’¿Quién dice la gente que soy yo?’ Ellos le contestaron: ’Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas’.

Entonces él les preguntó: ’Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?’ Pedro le respondió: ’Tú eres el Mesías’. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: ’¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión del Evangelio de hoy

Si establecéis diferencias entre las personas…
El texto de la carta a Santiago nos hace reflexionar sobre un tema que, aun creyendo que no podría ocurrir, en la práctica se está realizando, la discriminación social dentro de la comunidad eclesial. Para ello nos presenta la reacción ante dos tipos de personajes: uno rico con traje lujoso y joyas, y otro pobre con un traje mugriento. Mientras al primero se le invita a sentarse entre todos, al pobre se le invita a sentarse en el suelo a los pies de los demás. Santiago a partir de este hecho recuerda que Dios hizo de los pobres sus preferidos haciéndolos ricos en la fe y herederos del Reino. Es más, afirma que hacer diferencias entre las personas por esa causa es pecado, transgresión de la ley.

En realidad, este tema sobre el que reflexiona Santiago nos parece teóricamente que no tiene nada que ver con nosotros, puesto que no caemos en esas discriminaciones, pero no parece ser tan obvio en la praxis. En nuestras comunidades a veces, no sólo aparecen las diferencias por el ámbito social al que pertenecemos, sino también a causa del juicio que hacemos por la apariencia, sea cual sea ésta. ¿Acaso no establecemos miembros de primera y segunda categoría? ¿No dejamos al margen a aquellos que no consideramos que tengan nuestro ’perfil ideal’?

¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!
El texto que nos presenta hoy el evangelio constituye el corazón del Evangelio de Marcos.

Jesús, cerca de Cesarea de Filipo hace dos preguntas a los discípulos para ver que eco está provocando su mensaje y su persona. En la primera les interroga sobre que dice la gente de Él. Esto no les compromete, tan solo han de recoger lo que están oyendo de lo que se dice por ahí. Las respuestas no son, sin embargo, baladíes. La gente ve a Jesús identificado con dos profetas, el último, Juan Bautista, y el primero, Elías. Son dos figuras claves, tanto en su coherencia personal, como en la proclamación de su mensaje de conversión.

El Maestro hace a sus discípulos una segunda pregunta mucho más comprometedora: ¿Y vosotros quien decís que soy yo? Con su respuesta han de pronunciarse no sólo sobre cuál es la identidad de Jesús, sino cuál es su relación con Él y las repercusiones que eso tiene en su vida. Pedro, como portavoz de los Doce, toma la Palabra: Tu eres el ’Mesías’ Reconocer a Jesús como Mesías, no era algo tan fácil para un judío de la época, era reconocer en El al descendiente de David (2 Sm7) que vendría a liberar a su pueblo. Sin embargo, a pesar de su identificación, Pedro no parece haber entendido muy bien el tipo de mesianismo de Jesús. Por ello cuando Jesús le explica el sufrimiento y la muerte que ha de atravesar, lo increpa para que desista de su empeño. El Maestro reconoce que la mirada de Pedro aún es corta y ’piensa como los hombres, no como Dios’.

Jesús nos dirige cada día esa misma pregunta: ¿Tú quién dices que soy yo? Con ella nos lanza un dardo interpelante. Nuestra respuesta ha de ser bien reflexionada. Con ella, no sólo respondemos a una realidad objetiva, quién es Jesús de Nazaret, sino a una cuestión que toca nuestra propia identidad: ¿Cuál es mi relación con Él? ¿Qué repercusión tiene esta relación en mi vida cotidiana? ¿Nos puede decir Jesús como a Pedro que nuestra mirada aun es corta y ’pensamos sólo de tejas para abajo’?
Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo


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