’ Tu ruego ha sido escuchado ’



Dios siempre está para embellecer

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’ Tu ruego ha sido escuchado ’

Religión

Diciembre 18, 2020 20:27 hrs.
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La Palabra de Dios

Sábado 19 diciembre 2020

Primera lectura
Ju 13, 2-7. 24-25
En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoa. Su mujer era estéril y no había tenido hijos. A esa mujer se le apareció un ángel del Señor y le dijo: ’Eres estéril y no has tenido hijos; pero de hoy en adelante, no bebas vino, ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque vas a concebir y a dar a luz un hijo. No dejes que la navaja toque su cabello, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre y él comenzará a salvar a Israel de manos de los filisteos’.

La mujer fue a contarle a su marido: ’Un hombre de Dios ha venido a visitarme. Su aspecto era como el del ángel de Dios, terrible en extremo. Yo no le pregunté de dónde venía y él no me manifestó su nombre, pero me dijo: ‘Vas a concebir y a dar a luz un hijo. De ahora en adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, no comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta su muerte’ ’.

La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo y el espíritu del Señor empezó a manifestarse en él.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17
R. (cf 8a) Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Tus hazañas, Señor, alabaré,
diré a todos que sólo tú eres justo.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Retoño de Jesé, que brotaste como señal para los pueblos,
ven a librarnos y no te tardes.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 1, 5-25
Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.

Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.

Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: ’No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo’.

Pero Zacarías replicó: ’¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada’. El ángel le contestó: ’Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo’.

Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo.

Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: ’Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios siempre está
Parece paradójico que, según el lenguaje bíblico del Antiguo Testamento, la manifestación de Dios produce en quien la recibe, la experiencia de haber contemplado a un ser aterrador, como lo describe la mujer de Manoj al recibir la visita del ángel; pero la realidad es otra, Dios se manifiesta para devolver dignidad y manifestar la belleza de su obra.

No sabemos el nombre de la mujer de Manoj, ninguna referencia a sus antepasados, etc. Lo único que nos refiere el autor del libro de los Jueces es que era ’estéril’. Una mujer estéril es una mujer sin honra, para aquella mentalidad judía. Si por mujer no era ’nadie’, por estéril no era ’nada’.

El anuncio de su próxima maternidad, la coloca frente a ella misma, en su más profunda realidad de mujer, con una maternidad ausente: ’eres estéril y no has tenido hijos, pero concebirás’. Esterilidad y concepción, dos palabras tan antagónicas, que son aparentemente irreconciliables.

Pero ahí, donde queda anulada la dignidad, la presencia de Dios es más fuerte y real que nunca. En la promesa de su próxima maternidad queda configurada la grandeza de su misión, porque la maternidad no es un añadido al ser de la mujer, sino que constituye una realidad de su esencia. Por eso Sansón, el hijo de la promesa es el que inicia el proceso de liberación de su pueblo: ’Él empezará a salvar a Israel de los filisteos’, ’Y el espíritu del Señor comenzó a agitarlo’.

La esterilidad paraliza el corazón en todo ser humano que no ha aprendido a escuchar a Dios en el día a día, el milagro de su presencia nos lleva a concebir la vida como camino de liberación, camino que nos lanza de la esterilidad paralizante a la libertad del amor; sólo el que ama sabe leer la historia como ’un maravilloso parto del Espíritu’; el Covid- 19 no puede anular la esperanza de seguir confiando, porque Dios siempre está.

Dios siempre está para embellecer
El evangelio de Lucas nos presenta a un sacerdote (Zacarías) y a su esposa una descendiente de Aarón (Isabel). Fieles a los mandamientos y preceptos de la ley, sin hijos porque Isabel era estéril y los dos de edad avanzada. Humanamente hablando el entorno y las personas menos apropiadas para que se manifieste la fuerza y la presencia de Dios.

Estamos acostumbrados a buscar a un Dios ’milagrero’, de varita mágica y resuelve problemas. El gran milagro de Dios es la fe de su pueblo. ’No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo y tú te llenarás de alegría’. La idea central del evangelio es clara: ’tu ruego ha sido escuchado’. La fe de un hombre anciano, con una mujer estéril, que confía en su Dios. El ángel le anuncia que el hijo de la promesa ’será grande a los ojos del Señor, se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor su Dios, irá delante del Señor con el espíritu y poder de Elías’.

Y resulta que Zacarías se queda mudo, porqueha dudado que Dios pueda hacer mucho más de lo que pensamos o pedimos. La voluntad de Dios pasa también por la confianza ilimitada en EL.A Zacarías le falló entender que lo incomprensible del ser humano es lo comprensible de Dios. ’¿Cómo estaré seguro de eso?, porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada’. Es decir, sintió miedo del proyecto de Dios. La fe es la puerta que nos abre el Espíritu, que es el espejo de la historia, donde su presencia se vuelve tan nítida como la vida. Esa vida que Isabel sintió en sus entrañas transformándola en un seno habitado, en un seno embellecido y dignificado: ’Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres’.

Sor Mª Ángeles Martínez, OP
Monasterio de la Inmaculada. Torrente - Valencia


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