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’ Una palabra tuya bastara para sanarme ’



Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe


’ Una palabra tuya bastara para sanarme ’

Septiembre 12, 2021 22:28 hrs.
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La Palabra de Dios

Memoria de San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia

Lectura I
1 Tm 2, 1-8
Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.

Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.

El dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.

Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración donde quiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Del Salmo 27
R. (6) Salva, Señor, a tu pueblo.
Escucha, Señor, mi súplica,
cuando te pido ayuda
y levanto la manos hacia tu santuario.
R. Salva, Señor, a tu pueblo.
El Señor es mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
él me socorrió y mi corazón se alegra
y le canta agradecido.
R. Salva, Señor, a tu pueblo.
El Señor es la fuerza de su pueblo,
el apoyo y la salvación de su Mesías.
Salva, Señor, a tu pueblo y bendícelo, porque es tuyo,
apaciéntalo y condúcelo para siempre.
R. Salva, Señor, a tu pueblo.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 3, 16
R. Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Aleluya.


Evangelio
Lc 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: ’Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga’. Jesús se puso en marcha con ellos.

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: ’Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace’.

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: ’Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande’. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios quiere que todos los hombres se salven
Las cartas a Timoteo, junto a la de Tito, son llamadas ’cartas pastorales’ porque los destinatarios son pastores que están al frente de Iglesias concretas, en este caso de Éfeso. Hoy día la mayor parte de los expertos consideran que estas cartas fueron escritas por discípulos de Pablo a final de la segunda generación cristiana, allá por los años 90, en el contexto de una aguda crisis de identidad y continuidad de estas comunidades de origen paulino. Son cartas credenciales, es decir,los escritos no están dirigidos a los responsables sino a las comunidades, ya que tratan de autorizar a estos ante sus propios hermanos, presentándolos como delegados auténticos de Pablo.

Nuestro texto pertenece al cuerpo de la primera carta a Timoteo en el que se dan una serie de instrucciones y recomendaciones sobre la vida de comunidad (2,1-3,6), aquí en concreto sobre la oración de la asamblea litúrgica (2,1-15). El autor, recomienda en primer lugar una oración por todos los seres humanos, haciendo mención especial de los gobernantes por su responsabilidad en la promoción del bien común. En el fondo, esta oración universal es expresión de la común-unión con toda la humanidad, de saberse ’uno con todos’ en este viaje que llamamos existencia humana.

Junto a ello encontramos una profunda afirmación: el deseo de Dios de que todos los seres humanos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. La voluntad de Dios, desde el inicio de la revelación, ha sido un proyecto salvífico para toda la humanidad sin exclusión de nadie. Nuestro Dios Padre-Madre, que nos ama con un amor infinito, solo quiere que sus hijos sean felices, que lleguen a ser en plenitud lo que están llamados a ser, hijos de Dios y hermanos unos de otros. Como dice el Papa Francisco: Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos (FT 8).

Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe
El texto se sitúa en la actividad de Jesús en Galilea, en concreto en Cafarnaúm. Hasta ahora, el autor ha presentado a Jesús como profeta, en adelante lo mostrará como salvador a través de una serie de signos, entre los que se encuentra la curación del criado del centurión (7,1-10).

Este oficial del ejército romano tiene un siervo gravemente enfermo y al oír hablar de Jesús, envía un grupo de ancianos de la comunidad judía, para que le pidan la curación de su siervo. Los enviados se convierten en buenos mediadores de la petición del centurión, acreditando ante el Maestro de Nazaret los favores que este pagano ha hecho por el pueblo, especialmente la construcción de la sinagoga.

El Señor se pone en camino, pero el centurión, cayendo en la cuenta de que Jesús al entrar en casa de un pagano quedaría impuro, envía a otro grupo de amigos encargados de expresar su petición reconsiderada. Bastará con que Jesús dé la orden con su palabra para que su siervo quede sanado, pues él como militar conoce el dinamismo de la palabra ordenada a los que están a su cargo. Considera que el poder (exousía) que tiene Jesús sobre la enfermedad puede hacerlo actuar desde cualquier parte, sin que sea necesario ni el contacto físico ni la cercanía; su palabra, por sí misma, es generadora de salud, de salvación.

Jesús, al oírlo, queda admirado ante la mayor confesión de fe que ha escuchado y declara que la fe de este pagano es mayor que la de cualquier israelita. Las palabras del centurión muy pronto pasarán a ser confesión de fe de toda la comunidad cristiana y así han llegado hasta nosotros haciéndolas propias en cada Eucaristía: ’Señor, no soy digno/a de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastara para sanarme’. Cuando yo las pronuncio cada domingo, ¿me creo que la Palabra de Jesús es para mí generadora de vida, de salud, de salvación?

Hoy celebramos la figura de San Juan Crisóstomo, uno de los grandes Padres orientales. La elocuencia de su predicación era tal, que recibió el sobrenombre de Boca de Oro, eso significa Crisóstomo. Su figura hoy nos interpela como predicadores y predicadoras.

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo

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