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’ Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado ’



*Parábola del sembrador

’ Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado ’

Julio 22, 2021 21:19 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 23 julio 2021

Ex 20, 1-17
En aquellos días, el Señor promulgó estos preceptos para su pueblo en el monte Sinaí, diciendo: ’Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud. No tendrás otros dioses fuera de mí; no te fabricarás ídolos ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o en el agua, y debajo de la tierra. No adorarás nada de eso ni le rendirás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castiga la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me odian; pero soy misericordioso hasta la milésima generación de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.

No harás mal uso del nombre del Señor, tu Dios, porque no dejará el Señor sin castigo a quien haga mal uso de su nombre.

Acuérdate de santificar el sábado. Seis días trabajarás y en ellos harás todos tus quehaceres; pero el día séptimo es día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el forastero que viva contigo. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, pero el séptimo, descansó. Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre para que vivas largos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni a su mujer, ni a su esclavo, ni a su esclava, ni su buey, ni su burro ni cosa alguna que le pertenezca’’.


Salmo Responsorial
Del Salmo 18
R. (Jn 6, 68c) Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
En los mandamientos de Dios hay rectitud
y alegría para el corazón;
son la luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
La voluntad de Dios es santa
y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.
Más deseables que el oro y las piedras preciosas,
Las normas del Señor,
y más dulces que la miel
de un panal que gotea.
R. Ayúdanos, Señor, a cumplir tu voluntad.


Aclamación antes del Evangelio
Cfr. Lc 8,15
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero,
y perseveran hasta dar fruto.
R. Aleluya.


Evangelio
Mt 13, 18-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ’Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta’’.

Reflexión del Evangelio de hoy

Carta de San Pablo a los Gálatas
El juego que hace Pablo en torno a la ley puede resultar un pequeño galimatías. No se entiende sino por lo que dice después: Por Cristo estoy crucificado. Hay una identificación total con Cristo y, por tanto, al igual que Cristo murió por nuestros pecados, el cristiano muere con Cristo al pecado y a la ley, para vivir una vida nueva

Lo importante es que nos sepamos incorporados a Cristo y a su entrega a Dios, a fin de vivir para Dios, dice Pablo. Es lo que resulta válido: tener plena conciencia de que Cristo murió por cada uno y su entrega en un momento concreto de la historia, se expande después a toda la historia humana. Ello nos da seguridad y confianza. Así lo ha vivido la Iglesia desde siempre.

Por tanto, podemos, debemos, sentirnos dichosos, viviendo en plenitud la nueva vida de hombres y mujeres liberados. Lo cual no quiere decir que podamos hacer cualquier cosa, a nuestro antojo; no. Somos portadores de la nueva vida y, en consecuencia, debemos vivir con la dicha de sentirnos salvados, justificados, engarzados en Cristo Jesús. Primero fue el bautismo con el que dimos el primer paso de adhesión e incorporación a Cristo; luego vendrían los demás sacramentos para reforzarlo e impulsar la andadura cristiana tantas veces titubeante; pero si la mirada sigue puesta en Él, la suya iluminará los pasos siguientes.

Salmo 33: Bendigo al Señor en todo momento
El salmo encaja muy bien con la nueva perspectiva que acaba de plantear san Pablo: una nueva vida. Por ello, hay que vivir en alabanza continua. Cada versículo es un reconocimiento de la bondad de Dios y, por lo tanto, el agradecimiento debe surgir de manera espontánea

Evangelio según San Juan
El texto es precioso. Estar inserto en la vida verdadera, formar parte de los planes del viñador, crecer con la misma savia, dar frutos porque estamos unidos a Él, que es la verdadera vid. ¡¿Qué más se puede pedir!?

Sí, algo más: hacer realidad, hacer creíble, ese texto que no se cita mucho y que a mí me parece fundamental: Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado. ¿Por qué no se citará más?¡Qué texto tan sacramental, tan vivificador! ’El sacramento de la palabra, decía Ortega, es un sacramento de difícil administración’. Cuanto más el sacramento/bálsamo de la Palabra. Las palabras de Jesús vienen a dar al traste con muchas concepciones, no diré teológicas, pero sí de algunas prácticas sacramentales que a muchos les resulta opresivas y no liberadoras.

Estar limpios por su Palabra, por haberla escuchado, por habernos adherido a su mensaje, por haber confiado en Él, por haber estado atento cuando nos proclaman la Palabra y a la que respondemos al unísono, como signo de aceptación total: Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. ¿Cabe mayor confesión de fe y confianza en su Palabra, en Él, el viñador, la vid, el viñedo completo, que es la Palabra viva sanadora, purificadora?

Previamente le pedimos perdón al Señor, reconociendo nuestras faltas, con el Yo confieso… o con el Señor, ten piedad… y a continuación, tras las lecturas, Él nos da la respuesta: Por mi palabra estáis limpios,porque la hemos escuchado atentamente, no oído como quien oye llover, y, por eso, la aceptamos, la queremos hacer realidad verdadera, y necesitamos acogerla con limpieza interior, con franqueza y corazón amplio. Así nos insertamos en la Viña/Vida y no somos un racimo colgando sin sentido, esperando que alguien nos arranque de la vid o que nos sequemos porque ya no tenemos savia, convertidos en rugosas pasas, sin habernos exprimido y dado lo mejor de nosotros mismos.

Solo así el vino de la Eucaristía, al igual que el pan, transustanciado, transignificado y, por tanto, transfinalizado, en sangre de Jesús, nos hace partícipes de la vida divina. Nos lleva más allá de la inmediatez y materialidad de los elementos utilizados: el pan, el vino. Se ha producido una, bien podemos llamarlo así, transfusión de vida. Todo va ’más allá’.

’In vino veritas’ decían los clásicos. ’En el vino está la verdad’. Si se bebe en exceso, la verdad que se pueda decir con el vino, resulta es un trabalenguas absurdo, irrisorio. Benjamín Franklin decía: ’Toma consejo en el vino, pero decide después con agua’. Tomemos vida en el vino/sangre de Cristo, pero decidamos, actuemos, con el agua derramada de su costado, agua que salta hasta la vida eterna. Para eso, simbólicamente, las mezclamos.

Todos estos símbolos del evangelio de San Juan están llenos de contenido y hemos de desentrañarlos. No están dichos porque sí, sino porque quieren transmitirnos la verdad de fondo: comer su pan/cuerpo, beber su vino/sangre es participar ya de la Vida nueva del Reino.

Fr. José Antonio Solórzano Pérez O.P.
Casa San Alberto Magno (Madrid)

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