’ Zaqueo, baja porque tengo que alojarme en tu casa



’Hoy ha llegado la salvación a esta casa’

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’ Zaqueo, baja porque tengo que alojarme en tu casa

Religión

Noviembre 16, 2020 19:18 hrs.
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La Palabra de Dios

Memoria de Santa Isabel de Hungría, religiosa

Primera lectura
Apoc 3, 1-6. 14-22
Yo, Juan, oí que el Señor me decía: ’Escribe al encargado de la comunidad cristiana de Sardes: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas:

‘Conozco tus obras. En apariencia estás vivo, pero en realidad estás muerto. Ponte alerta y reaviva lo que queda y está a punto de morir, pues tu conducta delante de mi Dios no ha sido perfecta. Recuerda de qué manera recibiste y escuchaste mi palabra; cúmplela y enmiéndate. Porque si no estás alerta, vendré como un ladrón, sin que sepas la hora en que voy a llegar.

Tienes, sin embargo, en Sardes, algunas pocas personas que no han manchado sus vestiduras; ellos me acompañarán vestidos de blanco, pues lo merecen.

El que venza también se vestirá de blanco. No borraré jamás su nombre del libro de la vida y lo reconoceré ante mi Padre y sus ángeles’.

El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades cristianas.

Escribe al encargado de la comunidad cristiana de Laodicea: Esto dice el que es el Amén, el testigo fiel y veraz, el origen de todo lo creado por Dios:

‘Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente. Pero porque eres tibio y no eres ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca. Dices que eres rico, que has acumulado riquezas y que ya no tienes necesidad de nada, pero no sabes que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por eso te aconsejo que vengas a comprarme oro purificado por el fuego, para que te enriquezcas; vestiduras blancas, para que te las pongas y cubras tu vergonzosa desnudez, y colirio, para que te lo pongas en los ojos y puedas ver.

Yo reprendo y corrijo a todos los que amo. Reacciona, pues, y enmiéndate. Mira que estoy aquí, tocando la puerta; si alguno escucha mi voz y me abre, entraré a su casa y cenaremos juntos.

Al que venza lo sentaré conmigo en mi trono; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté con mi Padre en su trono’.

El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las comunidades cristianas’’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
El hombre que procede honradamente
y obra con justicia;
el que es sincero en todas sus palabras
y con su lengua a nadie desprestigia. R.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Quien no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino;
quien no ve con aprecio a los malvados,
pero honra a quienes temen al Altísimo. R.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Quien presta sin usura
y quien no acepta soborno en prejuicio de inocentes,
ése será agradable
a los ojos de Dios eternamente. R.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

Aclamación antes del Evangelio
Cfr 1 Jn 4, 10
R. Aleluya, aleluya.
Dios nos amó y nos envió a su Hijo,
como víctima de expiación por nuestros pecados.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 19, 1-10
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: ’Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa’

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: ’Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador’.

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: ’Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más’. Jesús le dijo: ’Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Como eres tibio, no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca
La literatura apocalíptica se expresa en términos radicales, poco matizados. Quiere ser una llamada de atención, no puede permitir que no conduzca a cambios radicales. Diríamos ’que no es tibia’, sino ardorosa.

Al final de la lectura nos encontramos con otro texto de cariz distinto: no amenaza con la exclusión, sino que invita al encuentro: ’Estoy a la puerta llamando; y si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos’.

Podemos quedarnos con otro párrafo, que nos sitúa mejor ante Dios: ’a los que yo amo, los reprendo y corrijo’.

Todo parte, pues del amor de Dios al ser humano. El amor exige a veces corregir, reprender, incluso amenazar: todo para conseguir lo propio del amor, el encuentro, sentarse a la misma mesa.

Pero, para ello hay que percibir la voz de Dios en medio de muchas voces. Hay que atender lo que nos pide. Hay que abrirle nuestro ser, nuestros afectos, para encontrase con el suyo. Si por miedo a lo que nos exija estamos más atentos a otras voces, no nos interesa que entre en nuestras vidas, le excluimos, somos nosotros quien ’escupimos’ a Dios. No le queremos sentado a nuestra mesa.

¡Cuántas veces al cabo del día nos sucede esto! Por eso necesitamos que desde el amor de quien no falla, se nos reprenda y corrija. Es un acto de amor. Hemos de tener la inteligencia suficiente y la sensibilidad espiritual para percibir la corrección de Dios. Sentir su llamada y abrirle la puerta. Necesitamos el encuentro con él.

Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa
El texto evangélico nos presenta a alguien que sintió la llamada de Jesús y le abrió sus puertas y le sentó a su mesa. Y no era el modelo reconocido de judío. Por el contrario, quien estaba al servicio del poder opresor, de los romanos: pecador público.

Para ese encuentro con Jesús, es imprescindible sentirse atraído por él. Al menos hacerse preguntas sobre él. Que no pase por nuestros caminos, por nuestra historia desapercibido. Y, aunque el discurrir de las circunstancias, otras preocupaciones puedan ocultarlo, como la gente a Zaqueo, porque somos cortos de estatura o de vista, buscar la atalaya desde donde podemos encontrarnos con su mirada. Un lugar distinto de aquel en el que el discurrir de personas y asuntos de cada día no nos permiten divisarle. Dicho al modo del texto evangélico, colocarnos donde Jesús ha de pasar. Verlo, por ejemplo, en el sencillo, el necesitado, en el orante sincero, en la celebración eucarística, en la escucha su palabra… No solo verlo, dejarse ver por él. El también mira, porque busca, quiere compartir mesa, que dice el texto del Apocalipsis de la primera lectura.

La presencia de Jesús es salvadora. No es un premio a quien la ’merece’, responde a la búsqueda de quien no la ’merece’, del pecador. De quien necesita salvación. Del pecador que intenta, como Zaqueo, superar su pecado, atendiendo, por ejemplo, al pobre.

Como resumen de las lecturas de la eucaristía de hoy, podíamos preguntarnos: ¿Nos gusta sentar a nuestra mesa a Dios, a Jesús; aunque nos reprenda, porque sabemos que la salvación está en él?

Fray Juan José de León Lastra
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


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