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Jorge Treviño | tabloiderevista.com

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Jorge Treviño


A 76 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki

A 76 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki


Septiembre 08, 2021 23:00 hrs.
Política Nacional › México Estado de México
Jorge Treviño › tabloiderevista.com

’Por la radio se anunció que un avión extraño escudriñaba nuestro pueblo, mi madre escuchaba mientras preparaba la comida de mediodía; fuimos al refugio de nuestra casa, pero tras unos minutos los vidrios de las ventanas eran balas, y vino una luz como si fueran mil relámpagos al mismo tiempo, estruendo, explosión y después el silencio.’ Yasuaki Yamashita, Sobreviviente de la bomba atómica en Nagasaki.

Triste para la memoria pacifista y la historia del mundo es el día 6 de agosto de 1945. A las 8:15 horas de ese día, desde un avión estadounidense fue lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima la primera bomba atómica usada directamente sobre población civil. Un mes antes, el 16 de julio, se había estallado la primera en la historia de la humanidad, como parte de las pruebas de preparación de este devastador implemento bélico que los Estados Unidos de América (EUA) llevaban a cabo a la sombra del proyecto Manhattan en el desierto de Arizona, Nuevo México.

Cuando tras la derrota nazi, en Postdam se reunieron los representantes de los tres grandes países aliados vencedores ―del 17 de julio al 2 de agosto de 1945― Harry S. Truman, presidente de EUA, ya sabía los efectos de su arma secreta y, pese a ello, insistió en condicionar a Japón para la rendición total; también se sabía que esto no iba a suceder en un pueblo heredero de la tradición samurái. Se buscaba dar una inolvidable lección; por eso, el 9 de marzo de 1945 los estadounidenses habían destruido parte de Tokio con sus bombas de napalm M69, con un saldo de alrededor de 80 mil muertos y un número similar de heridos. Después de Postdam todo se precipitó, sólo los Estados Unidos conocían, y no completamente, la capacidad destructiva, de armas como las bombas de fusión y fisión radioactiva.

Aquel 6 de agosto de 1945, la población de Hiroshima despertó dispuesta a asumir sus actividades como en cualquier día de esos tiempos de guerra. Un avión estadounidense sobrevolaba la zona y, antes de ser detectado, lanzó a "Little Boy", el nombre clave de la bomba atómica: con 4.4 toneladas y 64 kilos de uranio, detonó con una potencia de aproximadamente 16 kilotones de Trinitrotolueno (TNT) y, con una intensidad mayor a mil relámpagos, en un instante acabó con la vida de 80 mil personas. Los efectos secundarios permanecieron por años, y aún están presentes. El avión era un B-29, el Enola Gay, y lo piloteaba el coronel Paul Tibbets. En la nave iban también el coronel Thomas W. Ferebee, experto en bombardeos, el capitán Theodore J. van Kink, copiloto, y el capitán Robert Lewis, oficial de tripulación.

En cuanto el hongo de la muerte se alzó hacia el cielo de Japón, los responsables del lanzamiento avisaron al presidente Truman.

El 8 de agosto de ese año, Stalin inició la invasión de Japón a través del territorio de Manchuria ―conforme a los convenios de Postdam―. Era una medida más de presión para obtener la rendición incondicional, y en esa estratagema entró un hecho que, ante los resultados del 6 de agosto, puede parecer incomprensible por atentar contra el derecho humano a la vida: el lanzamiento de la segunda bomba atómica el 9 de agosto de 1945, sobre la ciudad de Nagasaki.

El proyecto Manhattan estaba dirigido desde el 17 de septiembre de 1942 por el general Leslie Groves, quien el 4 de marzo de 1945 recibió el encargo del jefe de Estado Mayor estadounidense, James C. Marshall, de buscar posibles objetivos para usar la bomba. Se seleccionaron cuatro ciudades japonesas: Hiroshima, Kokura, Kyoto y Niiagata. Nagasaki no estaba en esa lista original, pero Henry L. Stimson, secretario de Guerra, protestó ante la presencia de Kyoto, el centro religioso y cultural más importante de Japón. Consiguió convencer a Marshall, y en su lugar se colocó a Nagasaki.

El lanzamiento sobre el segundo blanco estaba programado para el 11 de agosto, pero debido al mal tiempo se adelantó para el 9 de agosto. Charles W. Sweeny despegó de la isla de Tinian en otro B-29, el Bock’s Car, a las 2:56 horas rumbo a Kokura. En vuelo, el mecánico a bordo, John Kuharek, informó que no funcionaba una de las bombas de gasolina, no habría suficiente combustible para llegar al blanco. Sweeney le avisó al jefe de la misión, Tibbets, quien dejó la decisión en manos del piloto, quien asumió. Entonces, "Fat Man" ―nombre de la segunda bomba, de Plutonio ― se activó en pleno vuelo. Nervioso, Sweeney decidió abortar la misión, y avisó por radio: esto puso a los japoneses sobre aviso. Ante este nuevo tensor, a las 11:02 horas se encontraron sobre el tercer blanco de la lista (más cercano que el segundo) y lanzaron la bomba. Está cayó sobre Nagasaki, explotando con una energía de aproximadamente 20 kilotones de TNT.

Desde esa misma madrugada, los militares japoneses habían estado discutiendo la rendición. El nuevo desastre unificó la decisión y Japón entró en negociaciones para entregarse. El 15 de agosto de 1845, el emperador Hiroito II leyó por radio el Rescrito Imperial sobre la terminación de la Guerra. 1 de septiembre, Harry S. Truman anunció al mundo la rendición nipona y el fin de la guerra. Finalmente, el 2 de septiembre, Mamoru Shigemitsu, firmó el acta de rendición en su calidad de ministro de Relaciones Exteriores. Con la firma de los representantes de las potencias aliadas presentes ―EUA, Unión Soviética, Reino Unido, Francia, Países Bajos, China, Australia, Nueva Zelanda y Canadá― el histórico documento puso punto final a la Segunda Guerra Mundial.

Nadie conocía entonces los verdaderos efectos de las bombas atómicas, el envenenamiento por radiación. La destrucción de gran parte de Hiroshima y Nagasaki fue la evidencia inmediata, así como la muerte de alrededor de doscientas mil personas por los efectos agudos de las explosiones, muchas incineradas en un segundo. Hubo supervivientes, hay historias verdaderamente sorprendentes, pero además de graves quemaduras, quienes estuvieron cerca de ese momento desarrollaron cáncer. De acuerdo a la Fundación para la Investigación de Efectos de la Radiación, con sede en Hiroshima, es probable que esas personas con cáncer hayan sufrido una "redistribución cromosomática" ―RET/PTC (Reordenación de Transformación/ Carcinomas de Tiroides Papilar―, siendo portadores de un gen propenso al cáncer, lo cual ha afectado a sus descendientes. Además, agua, aire y tierra se contaminaron co9n las secuelas radioactivas, enfermando por décadas a quienes bebieran o se alimentaran con productos de la zona, un efecto similar al causado por la explosión del reactor nuclear soviético de Chernobyl.

La gran cantidad de derechos humanos vulnerados durante los años de la segunda guerra mundial llevó a la creación de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948, en nombre de la memoria histórica y la paz como herramientas para la vida, cada 6 o 9 de agosto se realizan actos de concientización en todo el mundo, en especial en Hiroshima, en el parque de la Paz, y en Nagasaki. Este 2021 el aniversario corresponde a los 76 años, y las actividades se integran a nivel mundial a favor del desarme nuclear y la paz.

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