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Origen de una conmemoración

Alejandro Cea


 Aquí la usurpación, llamada legitimidad

Aquí la usurpación, llamada legitimidad


Marzo 21, 2018 16:29 hrs.
Biografías Nacional › México Ciudad de México
Alejandro Cea › diarioalmomento.com

SR. DIRECTOR.
PRESENTE.
HOY EN RECUERDO DEL NACIMIENTO DE BENITO JUÁREZ TE ENVÍO ALGO SOBRE EL Y SOBRE EL ORIGEN DE ESTA CONMEMORACIÓN. .
OJALÁ TE DES UN TIEMPO PARA LEERLO. COMO INICIO LA DESCRIPCIÓN QUE HACE VICTOR HUGO DEL PROPIO JUÁREZ EN LA CARTA DONDE LE PIDIÓ LA VIDA DE MAXIMILIANO.

Por un lado, dos imperios; por otro, un hombre. Un hombre con otro puñado de hombres. Un hombre perseguido de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de bosque en bosque, en la mira de los infames fusiles de los consejos de guerra, acosado, errante, refundido en las cavernas como una bestia salvaje, aislado en el desierto, por cuya cabeza se paga una recompensa. Teniendo por generales algunos desesperados, por soldados algunos harapientos. Sin dinero, sin pan, sin pólvora, sin cañones. Los arbustos por ciudadelas Aquí la usurpación, llamada legitimidad., allá el derecho, llamado bandido.

Queridos Amigos:
Hoy recordamos una año más del nacimiento de Benito Juárez. Poco a poco la importancia de nuestras figuras históricas se ha ido borrando. Hoy, por ejemplo, tiene más difusión el surgimiento de la primavera, la visita a sitios abiertos para recibir la energía solar que la energía que nos puede dar la historia.

Don Benito Juárez, el republicano por excelencia tuvo aparte la mala suerte de nacer un 21 de marzo y resulta que en muchas escuelas del país se da el horror de festejar a Juárez y al mismo tiempo coronar a la reina de la primavera.

Alguna vez, aunque me retiré molesto, me tocó presidir el inicio de una fiesta en una Estancia del ISSSTE, en Durango, en la cual el niño más prietito, con su frac y su banda estaba sentado junto a la niña más blanquita, coronado de reina. En efecto: Don Benito Juárez y la Reina de la Primavera presidían un desfile de niños disfrazados de animalitos y flores que bailaban a su alrededor. Lo kitch, de lo kitch Lo peor fue que a mi protesta las educadoras, con esa la cultura que caracteriza a algunas de ellas, me dijeron que no veían nada de malo que eran fiestas muy bonitas.

Si bien poco lo recordamos, hoy el país entero agradece a Don Benito Juárez el puente vacacional que terminó antier. Lo que no todos sabemos son las razones por las que la fecha de su nacimiento fue declarada de descanso obligatorio.

Quizá ya conozcas la anécdota; sino te la platico. En los años de gobierno de Miguel Alemán una asociación política: la Unión Nacional Sinarquista agrupaba a campesinos, en particular del Bajío y a jóvenes de clase media opuestos a la política oficial recubierta de izquierdismo y laicismo.

Una de las figuras antagónicas del sinarquismo era Benito Juárez. Pues bien, un día como hoy algunos jóvenes sinarquistas decidieron hacer un acto de protesta nada más ni nada menos que en el Hemiciclo a Juárez, ahí en la Alameda. Fotografías del momento muestran a un par de camorristas trepados en la estatua Benito Juárez y cubriendo su cabeza con una capucha. En la misma foto aparece Rafael Bernal leyendo ante un micrófono.

El desacato fue grande y escandaloso. Los manifestantes fueron a dar a la cárcel y el Presidente Miguel Alemán, al que por su incontrolable voracidad y vida escandalosa seguramente hubiera fusilado nuestro Benemérito decidió, para restituir en algo la falta de respeto, declarar fiesta nacional al 21 de marzo.

Así que a los sinarquistas y a Rafael Bernal debemos tales oportunidades de descanso. Después Rafael Bernal abandonó el sinarquismo y se empleó en el Servicio Exterior Mexicano y escribió novelas, teatro y ensayo. A él le debemos las primeras y yo diría extraordinarias novelas una policíaca: El Complot Mongol y otra de ciencia ficción: Su Nombre era Muerte. No dejes de leerlas. Son un maravilloso recorrido la primera por las calles de nuestra ciudad y los entresijos de la política y la otra, creo que fuera de serie, por la selva de Chiapas donde un hombre agrupa a los mosquitos, si leíste bien a los mosquitos, para dominar el mundo.



Además del bien de descanso, creo que nos corresponde recordar a esos personajes que nos dieron, aunque suene cursi, que nos dieron Patria, que nos dieron lo mejor que tenemos. Para recordar en algo la dignidad de Juárez te envío la respuesta a la carta que le mandó Maximiliano cuando, este, como decía mi abuelita y cerrando los puños golpeaba la mesa, ’viejo barbas de chivo, ladrón, asesino’ llegó a territorio nacional.

Ojalá te des un tiempo para leerla.



Digna respuesta de Juárez a Maximiliano. Carta de Benito Juárez.
Monterrey, 28 de mayo de 1864.



Maximiliano:

Usted me ha dirigido una carta confidencial fechada el 2 del presente desde la fragata Novara. La cortesía me obliga a darle una respuesta, aunque no me haya sido posible meditarla, pues como usted comprenderá, el delicado e importante cargo de presidente de la República absorbe todo mi tiempo sin descansar ni aun por las noches.

El filibusterismo francés ha puesto en peligro nuestra nacionalidad y yo, que por mis principios y mis juramentos he sido llamado a sostener la integridad de la nación, su soberanía e independencia, he tenido que multiplicar mis esfuerzos para responder al sagrado depósito que la nación, en ejercicio de sus facultades soberanas, me ha confiado. Sin embargo, me he propuesto contestar aunque sea brevemente los puntos más importantes de su misiva.

Usted me dice que "abandonando la sucesión de un trono en Europa, su familia, sus amigos y sus propiedades y, lo que es más querido para un hombre, la patria, usted y su esposa doña Carlota han venido a estas lejanas y desconocidas tierras obedeciendo solamente al llamado espontáneo de la nación, que cifra en usted la felicidad de su futuro".

Realmente admiro su generosidad, pero por otra parte me ha sorprendido grandemente encontrar en su carta la frase "llamado espontáneo", pues ya había visto antes que cuando los traidores de mi país se presentaron por su cuenta en Miramar a ofrecer a usted la corona de México, con las adhesiones de nueve o 10 pueblos de la nación, usted vio en todo esto una ridícula farsa indigna de que un hombre honesto y honrado la tomara en cuenta.

En respuesta a esta absurda petición, contestó usted pidiendo la expresión libre de la voluntad nacional por medio de un sufragio universal. Esto era imposible, pero era la respuesta de un hombre honorable.

Ahora cuán grande es mi asombro al verlo llegar al territorio mexicano sin que ninguna de las condiciones demandadas hayan sido cumplidas y aceptar la misma farsa de los traidores, adoptar su lenguaje, condecorar y tomar a su servicio a bandidos como Márquez y Herrán y rodear a su persona de esta peligrosa clase de la sociedad mexicana. Francamente hablando me siento muy decepcionado, pues creí y esperé que usted sería una de esas organizaciones puras que la ambición no puede corromper.

Usted me invita cordialmente a la ciudad de México, a donde usted se dirige, para que tengamos una conferencia junto con otros jefes mexicanos que se encuentran actualmente en armas, prometiéndonos todas las fuerzas necesarias para que nos escolten en nuestro viaje, empeñando su palabra de honor, su fe pública y su honor, como garantía de nuestra seguridad.

Me es imposible, señor, acudir a este llamado. Mis ocupaciones oficiales no me lo permitirán. Pero si, en el ejercicio de mis funciones públicas, pudiera yo aceptar semejante invitación, no sería suficiente garantía la fe pública, la palabra y el honor de un agente de Napoleón, de un hombre cuya seguridad se encuentra en las manos de los traidores y de un hombre que representa en este momento, la causa de uno de los signatarios del Tratado de la Soledad.

Aquí, en América, sabemos demasiado bien el valor que tiene esa fe pública, esa palabra y ese honor, tanto como sabe el pueblo francés lo que valen los juramentos y las promesas de Napoleón.

Me dice usted que no duda que de esta conferencia —en caso de que yo la aceptara— resultará la paz y la felicidad de la nación mexicana y que el futuro Imperio me reservará un puesto distinguido y que se contará con el auxilio de mi talento y de mi patriotismo.

Ciertamente, señor, la historia de nuestros tiempos registra el nombre de grandes traidores que han violado sus juramentos, su palabra y sus promesas; han traicionado a su propio partido, a sus principios, a sus antecedentes y a todo lo que es más sagrado para un hombre de honor y, en todos estos casos, el traidor ha sido guiado por una vil ambición de poder y por el miserable deseo de satisfacer sus propias pasiones y aun sus propios vicios, pero el encargado actual de la presidencia de la República salió de las masas oscuras del pueblo, sucumbirá, si es éste el deseo de la Providencia, cumpliendo su deber hasta el final, correspondiendo a la esperanza de la nación que preside y satisfaciendo los dictados de su propia conciencia.

Tengo que concluir por falta de tiempo, pero agregaré una última observación. Es dado al hombre, algunas veces, atacar los derechos de los otros, apoderarse de sus bienes, amenazar la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer que las más altas virtudes parezcan crímenes y a sus propios vicios darles el lustre de la verdadera virtud.

Pero existe una cosa que no puede alcanzar ni la falsedad ni la perfidia y que es la tremenda sentencia de la historia. Ella nos juzgará.

(Benito Juárez)

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