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Armando FUENTES AGUIRRE | guerrerohabla.com

Presente lo tengo yo

Armando FUENTES AGUIRRE


Asfalto rojo

Asfalto rojo


Agosto 29, 2021 22:26 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Armando FUENTES AGUIRRE › guerrerohabla.com

San Cristóbal es uno de los santos que la Iglesia expulsó del santoral. Ayer los jerarcas del catolicismo condenaban a los protestantes, y hoy los imitan en su iconoclasia. También fue suprimido San Jorge, lo cual explica la actual proliferación de dragones, sobre todo en Inglaterra, fenómeno que tanto ha llamado la atención de los naturalistas.

A mí no me importan los dragones. Lo que me apena es la destitución de San Cristóbal. Amable santo es ése. O era, quién sabe. Ya me da miedo rezarle a San José: a lo mejor el día de mañana algún riguroso historiador del Vaticano lo saca también del almanaque.

El caso es que San Cristóbal era uno de mis santos preferidos. Y sigue siendo, porque en mis santos mando yo por encima de la Iglesia. Tendrán mucho poder los canonistas, pero el pueblo puede más, y a mí me gusta más el pueblo que los canonistas. Para la gente San Cristóbal sigue siendo San Cristóbal. Se le puede ver en taxis, autobuses y vehículos de carga.

En el barrio de Las Ranas, ciudad de Guanajuato, compré hace poco una preciosa imagen de San Cristóbal tallada por las manos de algún imaginero mexicano. O quizás guatemalteco, según me dijo el anticuario. Aparece el santo patrono de los caminantes en el momento de cruzar un río. Las aguas están representadas por azules rizos entre los cuales se ven algunos peces, una tortuga y una rana. San Cristóbal –que era gigante– ha arrancado una palmera para usarla como bastón. En el hombro lleva al Niñito Jesús, que le pidió lo pasara a la otra orilla. Según va caminando el gigantón la leve carga se le va haciendo más pesada, hasta que casi lo rinde al llegar a la otra orilla. Y es que el Niño traía el mundo en sus pequeñas manos, y el mundo sí que pesa. La imagen lleva al pie esta inscripción: ’Un poder tan sin segundo, / Cristóbal, reside en vos, / que, cargando al mundo Dios, / vos cargáis a Dios y al mundo’.

Yo digo que San Cristóbal sigue protegiendo a quienes andamos en el camino, seamos traileros o conferenciantes. A veces, sin embargo, nosotros mismos evitamos que nos dé su protección. Es cuando manejamos alcoholizados, o con imprudencia, como sucedió hace días en la carretera México-Cuernavaca a un grupo de desdichados motociclistas. Pienso que en estos casos San Cristóbal le pide a Diosito que lo releve de su obligación.

Cuando salgo a la carretera me persigno siempre. No es una señal supersticiosa: es un gesto que me sirve para recordarme a mí mismo que debo manejar con precaución. Así les ayudo a las potencias celestiales, que aunque sean potencias no pueden hacerlo todo por sí solas. En el Potrero de Ábrego la gente dice que si te topas con un perro bravo que te gruñe y te muestra los colmillos, bastará rezar un Credo
para que el fiero animal se vaya
y te deje en paz.

En cierta ocasión le pregunté a don Abundio si eso de rezar un Credo sirve para alejar la amenaza de los perros.

-Claro que sirve, licenciado –me respondió seguro–. Claro, a condición de que traiga usté una piedra en cada mano.

Lo dicho: a Dios rogando, y con el mazo –o con la piedra– dando. Manejemos con cuidado. Lo demás lo hará San Cristobalito.

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