Armando Fuentes Aguirre | guerrerohabla.com

’Catón’

Armando Fuentes Aguirre


Bestiario fantástico

Bestiario fantástico


Enero 07, 2020 20:03 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Armando Fuentes Aguirre › guerrerohabla.com

Algún día, Deo volente -si Dios quiere-, escribiré algo que quizá se llamará ’Fauna mágica’. En mis lecturas de los antiguos cronistas de Indias he encontrado alusiones a animales quiméricos, más extraordinarios aún que los que vio el caballero Mandeville en sus soñados viajes por el mundo, más raros que los descritos por Pico de la Mirandola en sus bitácoras marinas.

He aquí algunas de las bestias que formarán en mi zoológico del sueño:

- El ahuizote. Es un animal anfibio que nadie sabe cuál sería. Se asemejaba, dicen, a la nutria, también llamada ’perro de agua’. Tenía una mano al final de la cola, y con ella apresaba a los hombres para ahogarlos. A fin de atraerlos imitaba a la perfección el llanto de una doncella. Se cree que su nombre proviene de Ahuízotl, un rey que se caracterizó por su maldad.

- El ajolote. Creían los antiguos mexicanos que este animal tenía útero, como la mujer, y que menstruaba igual que ella. Era platillo de ricos, especialmente de hombres viejos, pues pensaban que promovía la lujuria.

- La cencuate. Una serpiente nocturna, tan venenosa que alguna vez estuvo a punto de acabar con todos los animales de la tierra. A fin de que pudieran defenderse de ella los dioses hicieron que la cencuate brillara en la oscuridad. La palabra que la designa viene de centli, mazorca de maíz, y coatl, culebra.

- El cacomixtli. Es el hijo menor del león. Su nombre viene de tlaco, medio, y miztli, león. Es un medio león, un león que se quedó a la mitad. Los antiguos mexicanos no conocían el gato, que llegó con los conquistadores. Lo llamaron mizto, apócope de la voz miztontli, leoncillo. Quizá de mizto vengan las palabras ’micho’ y ’michi’ con que a veces llamamos a los gatos.

- El cayopolin. A este animal nadie lo vio jamás. Antiguas relaciones indianas lo describen, sin embargo, como un marsupial poco más grande que un ratón, con patas enormes, como de mono, y cola de serpiente. Los dioses, misericordioses, pusieron en él un olor fétido que podía percibirse a grandes distancias, a fin de que todas las criaturas pudieran huir de este feroz enemigo que nadie, vuelvo a decirlo, vio jamás.

- La cotelachi. Esta palabra es zapoteca. Designa a una mariposa maléfica. Si alguien bebe agua sobre la cual pasó volando una cotelachi, indefectiblemente morirá justo un año después. Se irá secando día tras día, sin saber por qué, sin sufrir calentura ni otro mal alguno.

- La cuapetate. (De coatl, culebra, y petatl, petate). Es una víbora que tiene la forma de un pliego cuadrado de papel. En una punta lleva la cabeza y en la otra la cola. Cuando sopla el aire se alza por el viento, como una cometa, y muerde entonces a los pájaros, que caen a tierra muertos.

- El chichicuilote. Se vendía esta pequeña ave acuática todavía a principios del pasado siglo en la Ciudad de México, para comer su carne. Viva, era una gran cazadora de moscas, y los niños las hacían tirar de carritos de madera. En cautividad los chichicuilotes viven sólo cuatro o cinco días, sin que se sepa por qué, quizá porque siempre andan en pareja, y separados de la suya mueren de tristeza.

Igual que los bestiarios de la Edad Media o el Renacimiento, la zoología fantástica de los antiguos mexicanos es riquísima y llena de imaginación. Puse hoy algunos ejemplos. Cuando sepa de otros los pondré.

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