Xavier Rocha Aviles (EW) | espacioweb

Chilenos no cesan en sus pretensiones de que haya cambios en la conducción del país


Se inicio la tercera semana con fuertes enfrentamientos entre las autoridades y los manifestantes. Hubo taponamiento de vías

Noviembre 05, 2019 00:10 hrs.
Política Internacional › Colombia
Xavier Rocha Aviles (EW) › espacioweb

Fue un comienzo de semana frenético, con saqueos a supermercados, incendios de infraestructuras, desmanes, bloqueos de rutas, concentraciones en tribunales, marchas y un gran cacerolazo nacional, tensión que especialmente ocurrió en la jornada denominada ’superlunes’ de protestas sociales en Chile.
Con esa acción se dio inicio a la tercera semana de una crisis sin salida a la vista y que desgasta al gobierno de Sebastián Piñera.
Las protestas de este lunes se congregaron ante las puertas de los Tribunales de Justicia, los asistentes rodearon la sede del Congreso de la capital chilena para hacer escuchar su voz a los parlamentarios que mañana debatirán sobre el proyecto para aumentar las pensiones.
En la manifestación, convocada por la plataforma Unidad Social, que incluye a unas 70 organizaciones sindicales y sociales, se pudieron escuchar lemas a favor de una vivienda digna, la reforma tributaria, una nueva constitución, y en contra de las empresas privadas que administran los fondos de pensiones o AFP.
El estallido social en Chile se constituye en un movimiento sorpresa porque tomó a su dirigencia política y económica sin una capacidad de reacción, en especial por el esquema socioeconómico estable que mostraba y que era señalado como uno ejemplo a seguir por las demás naciones.
Dicho esquema, el cual instauró tras la imposición hecha por el régimen derechista del general Augusto Pinochet y que ha sobrevivido por cerca de 40 años y que se había convertido en intocable para los gobiernos posteriores, sin importar quien ejercía la presidencia, es hoy objeto de rechazó y de gritos en los que se pide un giro de 180 grados para buscar otro esquema que combata la desigualdad social que en la actualidad que allí ocurre.
Todo esto acontece, el poder político chileno no ha encontrado la llave que le permita dar respuesta concretas y reales a los anhelos que desde las calles del país exige un pueblo inconforme.
’Esto aún no termina’, manifestaron los llamados por redes sociales que se hicieron para la jornada del ’superlunes’.
La actual crisis social explotó tras una protesta de estudiantes que llamaron a evadir el metro de Santiago en reclamo al aumento de tarifas, y luego destapó un profundo descontento de las clases trabajadora y media, que ven sus expectativas incumplidas en un sistema que promueve el endeudamiento para salir adelante.
Hasta ahora se trata de un movimiento heterogéneo, sin banderas políticas y sin liderazgo identificable.
Esta oleada de manifestaciones ha hecho que en Santiago y las principales ciudades del país no han podido recuperar su ritmo normal por las persistentes manifestaciones masivas después del mediodía y algunos incidentes violentos que han paralizado gran parte del sector comercial y turístico.
Según cifras oficiales, los daños en esta red subterránea, una de las más modernas en la región, se estiman por encima de 350 millones de dólares. Los desmanes en pymes y comercios, además de en las infraestructuras públicas, supera los 900 millones de dólares.

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