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Opinión

Rodolfo Villarreal Ríos


Con el título de príncipe construyó el Imperio Alemán / C

Con el título de príncipe construyó el Imperio Alemán / C


Abril 28, 2018 11:31 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
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Concluíamos la colaboración de la semana anterior con la unificación de Alemania a partir de la cual, el investido como príncipe y además actuaba como canciller del imperio, ministro-presidente de Prusia, ministro de relaciones exteriores de Prusia, y presidente de la Cámara Alta, ’Bundesrat,’ Otto Eduard Leopold von Bismarck, habría de dar forma al Segundo Imperio Alemán. Veamos como actuó durante su gobierno.
La unificación de Alemania nace como una coalición federal fundamentada en tratos celebrados entre Prusia y el resto de los estados teutones. Ello, no impedía que a partir de ese momento no hubiera mas que una sola nacionalidad, todos eran alemanes. La suprema autoridad era el Kaiser quien poseía la autoridad para designar a todos los funcionarios del imperio; definir y dirigir la política exterior; era el comandante supremo de los ejercicios alemanes; y, en tiempos de guerra, podía convocar o disolver el parlamento. Sin embargo, en su accionar de gobierno requería en gran parte del apoyo del canciller. Si bien, este último, respondía únicamente a la autoridad del emperador, existía algo que lo convertía en pieza fundamental para la actividad del Kaiser quien para que sus decretos y ordenanzas tuvieran validez necesitaba que su firma fuera acompañada por la del canciller. Como lo mencionamos arriba, este personaje presidia la ’Bundesrat’ y además era responsable de supervisar su accionar, además de tener el privilegio de poder delegar su representación a cualquier miembro de ese órgano legislativo. En síntesis, el Kaiser no podía gobernar sino tenia de su lado al canciller. Y en este caso, para que ello sucediera, Wilhem I contaba con la figura de Bismarck. Para entender el accionar de este personaje recurrimos a una cita de Katharine Anne Lerman en ’Bismarck: Profiles in Power (2004).’ En este libro, Lerman retoma las palabras que pronunciara el ministro-presidente de Baden, Julius Joly quien describió a Bismarck como ’un político pragmático e intuitivo cuyos métodos fueron poco comunes para la mayoría de los alemanes politizados quienes se apegaban a una ideología especifica y buscaban perfeccionar un sistema.’ En este contexto, se desarrollaría la vida política en Alemania entre 1871 y 1890.
Por lo que concierne a la vida legislativa, sus funciones estaban perfectamente definidas teóricamente, pero en la práctica aparecían otros elementos que, como en cualquier parte del mundo y del tiempo, terminaban por definir la operación real. Los órganos legislativos eran dos: Cámara Baja, ’Reichstag,’ y la Cámara Alta, ’Bundesrat.’
La Cámara Alta, ’Bundesrat,’ estaba constituida por aquellos a quien los gobiernos de los estados nominaban para representarlos en ella. En su mayoría era controlada por Prusia. Contaban entre sus atribuciones con la autoridad para presentar iniciativas legislativas. Sin embargo, hay que mencionarlo, la soberanía de este órgano legislativo era una farsa. Las propuestas que los ministros proponían, se aprobaban al final del periodo ordinario de sesiones. Dado que los legisladores disponían de poco tiempo o experiencia en el tema, lo cual les impedía que los analizaran y en consecuencia no podían debatirlos a profundidad. Asimismo, era común que los dirigentes de los gobiernos indicaran a sus representantes que al votar lo hicieran conforme a los designios de la mayoría ya que era inútil oponerse al poder de Prusia. Esta Cámara, o mas bien quienes la integraban, estaban ahí para proteger los intereses de los estados, especialmente los de Prusia, y bloquear las ambiciones de los liberales quienes tenían como objetivo el centralismo y parlamentarizar el imperio.
Por otra parte, la Cámara Baja, ’Reichstag,’ la integraban quienes representaban el sentir nacional y popular. Los 383 miembros eran electos mediante sufragio universal, aquellos hombres mayores de 25 años. Entre sus actividades podían presentar iniciativas legislativas, pero estas deberían de contar con la aprobación del ’Bundesrat.’ En correspondencia poseían la capacidad de vetar cualquier legislación aprobada por la Cámara Alta. Pero vayamos a otras acciones desarrolladas durante los años del Segundo Imperio Alemán.
Entre las acciones emprendidas por Bismarck, estuvo la reconstrucción de las relaciones estado-iglesia lo cual se denominó el ’Kulturkampf.’ Esto partía de una razón política, el canciller estimaba que podía darse una alianza entre los católicos y los gobierno de Austria y Francia. Asimismo, para él, quienes profesaban la religión católica-romana obedecían a un poder extranjero. Si bien eso no podría aplicarse a todos los feligreses, Bismarck tenía razón al afirmar eso respecto a quienes desempeñaban labores como ministros de culto de dicha religión, algo que hasta nuestros días prevalece en todo el mundo. Si usted lector amable es católico y lo duda, pregúnteselo al párroco que mas a la mano le quede y vera como le responde que en el hipotético caso de enfrentar la disyuntiva entre atender los dictados de nuestras leyes o tener que obedecer la autoridad del CEO del corporativo al que representa, acataría las instrucciones de este último. Pero volvamos a la Alemania del siglo XIX.
En 1871, Bismarck prohibió a los clérigos realizar promoción política, mientras que en 1872, removió al ministro de cultura, Heinrich von Mühler quien defendía la intervención del clero en las escuelas. A la par tuvo que actuar en contra de la orden de los Jesuitas a quienes expulsó. No olvidemos que la ambición política de estos ciudadanos nunca descansa y un par de ejemplos los pintan de cuerpo entero en otras latitudes y circunstancias, ellos fueron los cerebros que organizaron la reyerta cristera en nuestro país y años después idearon el macartismo estadounidense para perseguir ’comunistas.’ Para que lo rememoren quienes se deslumbran por el ropaje blanco de alguno. En 1873, el canciller alemán promovió las leyes de mayo mediante las cuales fue establecido el control sobre la educación, al tiempo que se definían el número de clérigos. Asimismo, en 1874, estableció la obligatoriedad del matrimonio civil. Sin embargo, en las elecciones de 1874, el Partido Central obtuvo un buen número de escaños y como alrededor de este se habían alineado las principales fuerzas políticas católicas, fue imposible consolidar las medidas para limitar el acción de esa entidad foránea en todo el imperio. En ese contexto, en julio de ese año, un católico miembro del Partido Central intentó asesinar a Bismarck, algo que no es extraño, ni temporal, cada vez que en una nación se inicia un proceso de cambio real, no falta el fanático con el cerebro lavado que vaya a cometer estupideces en nombre de su fe, recordemos lo que sucedió en los 1920s en nuestro país, claro que a ese alemán nadie lo ha querido santificar como lo hacen con los que aquí lo imitaron. Esta situación prevalecería hasta 1878 cuando Bismarck ya no veía a los católicos como la amenaza principal, sino a los liberales izquierdistas.
Lo anterior ya había sido mostrado en 1876 cuando Bismarck se opuso a los socialistas e introdujo diversas medidas legislativas mediante las cuales se declaraba que era una ofensa criminal atacar en medios impresos a la familia, la propiedad, el servicio militar universal, así como emprender acciones en detrimento del orden publico tales como faltas a la moral, respeto a las leyes y el amor a la patria. Esto generó la reacción de los socialistas quienes terminaron impidiendo fueran establecidas. Durante 1878, en mayo y junio, se suscitaron un par de atentados criminales en contra de Wilhelm I. La responsabilidad de dichos actos fue atribuida a los socialistas. Dado que un gran número de ellos, trabajadores, estaban adheridos al Partido Social Demócrata, en octubre de 1878, con el apoyo de los liberales nacionalistas, se aprobaron las leyes antisocialistas mediante las cuales se declaró ilegal a ese partido, se le prohibió publicar, se les negó el derecho de reunión y sus lideres mas importantes fueron expulsados de los centros urbanos. Asimismo, en ese año, concluye el gobierno nefasto para la civilización de Giovanni Maria Mastai-Ferretti, conocido como Pío IX, quien en su afán de querer ejercer un poder extraterritorial, declaró, mediante la encíclica Quod Nunquam (5 de febrero de 1875), nulas las leyes de mayo alemanas. Al fallecimiento del ahora beato en estado de congelación, accedió al liderazgo del corporativo, Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, León XIII.
Dado que don Vincenzo poseía mayor habilidad política que su antecesor, ni tardo, ni perezoso escribió al Kaiser proponiéndole un acercamiento amistoso. Sabedor de que, políticamente, ya no convenía aquello, Bismarck actuó, ya lo mencionábamos en la colaboración anterior, como lo que era, un político pragmático que siempre dejaba un resquicio para una negociación en el futuro. En función de seguir adelante con su proyecto de gobierno requería del apoyo de los miembros del Partido Central integrado por católicos y entró en tratos con León XIII para atenuar las medidas. En 1879, destituye a Albert Falk el ministro de cultural y principal promotor de las leyes de mayo de 1871. A partir de ahí, empieza la reversa y salvo lo relativo a las escuelas oficiales y el matrimonio civil, todas las otras desparecen. Durante el verano de 1879, se forma una coalición parlamentaria entre los miembros del Partido Central, los conservadores pro-gobierno y un numero importante de liberales nacionalistas. Para entonces, el enfoque era un cambio en la política económica.
Se abandonó la política de libre intercambio por una de tarifas proteccionistas en favor de la industria y la agricultura alemana. Para entonces ya se habían dejado atrás los efectos de la crisis de 1873, la cual dio origen a un periodo de grandes problemas económicos los cuales Alemania superó con mayor rapidez que muchas otras naciones. Las medidas surtieron sus efectos durante la década siguiente cuando, además de un aprovechamiento efectivo de los recursos naturales, la industrialización se dio de manera sostenida en la ramas textiles, del carbón, la siderúrgica y la química. Ello la convirtió en la nación industrializada más poderosa de Europa. En ese proceso, durante 1886, cuando Nicolaus-August-Otto inventó el motor de combustión interna; en 1879, Werner von Siemens introduce en Berlín el tren eléctrico para trasporte de pasajeros; en 1881, se instala la red telefónica en Berlín; y, durante la segunda mitad de los 1880s, Carl Benz y Gottlieb Daimler patentan los vehículos motores de cuatro ruedas. No obstante este éxito, algunos otros problemas económicos estaban ahí presentes.
Bismarck nunca fue capaz de sanear las finanzas del estado germano, a la par que una nueva presión se cernía sobre la economía. Como resultado del éxito industrial el movimiento de las áreas rurales hacia las urbanas era creciente y eso incrementó las presiones sociales. Ante ello, el canciller implanto programas diverso de bienestar social tales como las leyes de salud, las de accidentes, las de vejes y un seguro en caso de invalidez. Los resultados no fueron los esperados y, además, no evitaron que un gran numero de los trabajadores se adhirieran a la causa socialista. Entre 1878 y 1890, los simpatizantes de ese movimiento pasaron de 300 mil a 1.5 millones, lo cual se vio reflejado en el numero de curules en el Reichstag en donde crecieron de 9 a 35 las ostentadas por los socialistas. Pero antes de concluir, vale la pena dar un repaso breve a la política exterior de Bismarck.
Mientras mantenía aislada a Francia, buscaba acercamiento con el resto de los países europeos. Bajo la política del balance del poder, formó, en 1873, la Liga de los Tres Emperadores (Wilhelm I, el Zar Alexander II de Rusia y Francis Joseph de Austria-Hungría). Entre los tres mantenían a raya a los polacos.. En la región de los Balcanes, Bismarck estuvo de acuerdo en que Austria dominara la región del oeste y Rusia la del este. Sin embargo, esto no duraría mucho y en 1877, la Liga se rompió. Como alternativa armó la Alianza Dual con Austria-Hungría y mas tarde la Triple Alianza con la adhesión de Italia. Mas tarde firmaría el Acuerdo Mediterráneo con Gran Bretaña y posteriormente, en 1881, intentaría reestablecer la Liga, pero duró muy poco. Ello, sin embargo, no impidió que en 1887 firmara el Tratado de Reaseguramiento con Rusia para evitar una posible alianza franco-rusa en contra de Alemania, asegurándose de que ambos, rusos y alemanes permanecerían neutrales ante si, excepto que Rusia atacara Austria. Aun cuando Bismarck no fomento el coloniaje, tuvo algunas aventuras por África que resultaron negativas para la economía alemana. Su política no era expandir fronteras y para finales de los 1880s buscaba a toda costa evitar embarcarse en conflictos bélicos. Pero con el fin de la década también vendría la declinación de Bismarck. tras del fallecimiento de Wilhem I en 1888, el sucesor Frederick III murió tras 90 días de reinado y fue reemplazado por Wilhem II quien, rodeado de psicópatas y mediocres, terminó enfrentado con el canciller. El 20 de marzo de 1890, Bismarck dimitió tras no ponerse de acuerdo sobre la política laboral, bueno esa fue la ultima de las diferencias. El país estaba unificado y funcionado. Sin embargo, no muy lejos acechaba el peligro de que todo se fuera por la borda. Conforme trascurrieron los años, caían en el olvido las alertas señaladas por Bismarck quien durante la crisis de Bulgaria, expresó que no valía la pena intervenir ahí, al tiempo que recomendaba no involucrarse en pleitos por dominio territorial en la región de los Balcanes. Años más tarde se demostraría que ahí estaba germinando la semilla que daría pie a la Primera Guerra Mundial, un evento al amparo del cual, además de las atrocidades generadas por la pérdida de vidas humanas y la derrota estrepitosa de Alemania, terminaría por incubar a la bestia que pondría a la humanidad nuevamente al filo del abismo, pero de ello nos ocuparemos en la colaboración siguiente. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1): Cuando veíamos al francesito Macron hablar ante el Congreso de los EUA, no pudimos sustraernos a un par de imágenes del pasado. En el siglo XIX, durante el conflicto Prusia – Austria, Napoleón III le juraba lealtad a Bismarck, mientras a trasmano firmaba un acuerdo con los austriacos para, según él, asegurarse por todos lados. Caro le saldría su viveza, acabaría destronado y desterrado. En el siglo XX, cuando la ocupación de Francia por los Nazis, con el beneplácito de Vichy y la población gala, aun cuando después se inventaron lo de las plaquitas por las calles de Paris, Charles de Gaulle le pidió apoyo a Winston Churchill quien lo rescató y lo mantuvo a buen resguardo para que se la pudiera pasar dando discursos y después proclamarse en el campeón de la resistencia (a larguísima distancia). Sin embargo, dado que Churchill no practicaba el juego del tío lolo, a la hora del triunfo dejó al francés en el lugar que le correspondía. Eso bastó para que De Gaulle rumiara que los convirtieron en potencia de segunda y ahí siguen, sin advertir que estamos en los albores del siglo XXI y no del XIX. Sí, los numerales romanos lucen iguales, pero el orden es distinto y eso hace una diferencia muy grande.
Añadido (2): Dado que en ese asunto, como en muchísimos otros, somos legos, nos fuimos a preguntarle a quien sí conoce acerca de esa materia y esta fue su repuesta: ’Una donación o una compraventa que esté hecha en una escritura, solo manifiesta qué hay una transmisión de propiedad, pero mientras no se paguen los impuestos y derechos no se completa la operación, López [Obrador] seguirá siendo dueño mientras la partida registral no se modifique, tan es así que si tu pides un certificado de libertad de gravamen aparecerá que el dueño es él, por más que diga que se los donó a sus hijos…Más aún, en este momento quien se supone que adquirió con una escritura no inscrita a su nombre, no la puede dar en garantía de un crédito, porque el dueño continua siendo la persona que donó o vendió. En caso de que alguien finque un embargo en contra de López [Obrador] por esos bienes, al Registro [Publico de la Propiedad] no le queda más que inscribir el embargo en contra de López [Obrador].’ Así que usted, lector amable, como persona pensante que es, puede dilucidar quién miente.

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