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Opinión

Armando Fuentes Aguirre ’Catón’


Cosas de México

Cosas de México


Abril 05, 2018 20:22 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
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Bustamante es un bello lugar nuevoleonés. En él los tlaxcaltecas dejaron herencia muy preciada: el rico pan de pulque, y un dolorido Cristo que preside la fe de la comarca.

Hasta hace algunos años la gente de edad madura en Monterrey se refería a Bustamante llamándolo ’Bustamantemente’. Pregunté una vez el origen de tan curiosa denominación, y alguien me la explicó. En cierta ocasión, allá por la primera década del pasado siglo, una comisión de notables de Bustamante viajó a Monterrey. Celebraba su cumpleaños el gobernador, y los vecinos le iban a dar los parabienes. Cuando fueron admitidos en el despacho del Jefe del Ejecutivo uno de los comisionados, el alcalde, tomó la palabra para felicitar al gobernador. Quiso hacerlo en verso -tal era la usanza de los tiempos-, pero se le negó la rima en el momento más inoportuno, y entonces dio a luz la siguiente improvisación:

¡Oh, ilustre gobernante!
Aquí te traigo esta gente
que viene de Bustamante
a felicitarte... mente.

Y ’Bustamantemente’ fue llamado por mucho tiempo ese poblado, dueño de noble tradición y habitado por gente laboriosa.

El 4 de julio de 1927 el periódico ’Excelsior’ publicó la siguiente interesante nota que hallé el otro día leyendo una colección de periódicos viejos:

’INCIDENTE PENOSO. El gendarme que vigilaba la esquina de Rhin 37 escuchó en el interior de una casa cantos que le parecieron religiosos. De inmediato dio aviso a la comisaría, que envió un grupo de agentes a detener a los católicos que supuestamente realizaban actos clandestinos de culto religioso. Al llegar al domicilio citado el jefe de los agentes alcanzó a oír esos himnos, que le parecieron en latín por no entender la lengua en que cantaban los ahí reunidos. Una vez que se cercioraron de que la casa no tenía puerta trasera por donde pudieran escapar los infractores de la ley, los guardianes procedieron a dar el golpe. Irrumpieron violentamente en la residencia, sólo para enterarse de que estaban en la Legación de la URSS. La embajadora, excelentísima señora Kolontay, era objeto de una fiesta de despedida, pues pronto partirá para Alemania. Lo que los policías creyeron himno católico era en verdad La Internacional. En la octava comisaría se disipó la confusión y los secretarios de la Legación recibieron, con las consiguientes disculpas, el ofrecimiento de respeto al derecho de extraterritorialidad’.

A quienes le preguntaban por el lugar de su nacimiento les respondía siempre Agustín Lara:

—Soy jarocho por todos los costados. De allí son mis padres, y hasta mis abuelos. Siempre que paso por una mala racha voy a refugiarme a Veracruz. No sólo cuando enfermo, me operan o convalezco: también en mis agobios morales —que los sufro como cada quien— me voy a Veracruz.

Extraña esa manía de Lara de declararse jarocho, aunque ahora sabemos bien que nació en la Ciudad de México. Otra manía tenía el músico poeta: la modestia; modestia bien actuada y mejor dicha. En una entrevista con Antonio de la Villa hizo esta curiosa confesión:

—Hay en México grandes compositores: Carlos Chávez, Miguel Bernal, Moncayo, Halffter, María Teresa Pinto... Yo tengo que conformarme con irme arbitrando fondos para vivir con un poco de decoro. Acaso pudiera ser escultor de más altura, pero debo hacer estatuillas, figuritas que tienen más fácil salida... La música, lo crean o no, hasta hoy no me ha dado más que sinsabores. Por eso me paso la vida dirigiendo orquestas en el cabaret o los escenarios, haciendo de protagonista en películas absurdas y léperas, actuando como comediante... Eso es lo que me proporciona algún ingreso.

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