Cuando el verdugo del presidente Madero González buscó derrocar al presidente Carranza Garza - Opinión - Saltillo - todotexcoco.com


Rodolfo Villarreal Ríos | guerrerohabla.com

Opinión

Rodolfo Villarreal Ríos


Cuando el verdugo del presidente Madero González buscó derrocar al presidente Carranza Garza

Cuando el verdugo del presidente Madero González buscó derrocar al presidente Carranza Garza


Mayo 07, 2021 22:22 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com


En la historia de nuestro país hay personajes cuyos actos, en una u otra forma, siempre terminan por asegurarles el descredito y la ignominia. En esa categoría caen las acciones que Aureliano Blanquet Torres realizara a lo largo de su vida. Participó en el pelotón de fusilamiento de Maximiliano, al cual le dio el tiro de gracia en un acto muy alejado de cualquier nobleza incluso hacia el enemigo. Posteriormente, durante el gobierno del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, el antiguo discípulo del Colegio de San Nicolas de Hidalgo participó en la guerra de castas y fue conocido por la crueldad con que trataba a los indígenas mayas. A la hora en que Díaz se fue, Blanquet acabó sirviendo bajo las órdenes de Victoriano Huerta. Dado que el final de sus nombres los convertía en almas gemelas, fue la mano ejecutora para consumar la traición, y aprender, al presidente Francisco Ygnacio Madero González y el vicepresidente José María Pino Suarez. Como premio a sus servicios, una vez que la felonía estuvo consumada, Victoriano le pagó a Aureliano elevándolo al grado de general de división y, además, lo nombró, secretario de guerra y marina. Tras de que en los estertores del huertismo cometiera un acto infame en Puebla, al final no le quedó sino treparse, junto con Huerta, en la embarcación Dresden que los llevó a Jamaica y de ahí, Blanquet se movería hacia Cuba en donde se pasó años rumeando como habría de vengarse hasta que se enteró que el sobrino de su tío, Félix Díaz Prieto, preparaba un intento nuevo de asonada en contra del presidente Venustiano Carranza Garza. Y, aquí empieza nuestra narración.
Dado que desde Cuba poco se podía hacer, Blanquet se trasladó a New York en donde encontró a otros de calaña similar ávidos de regresar a México para retrasar el reloj de la historia. En ese contexto, formaron lo que llamaban el Ejercito Reorganizador Nacional. Para que aquello tuviera visos de formalismo, establecieron su sede en un local ubicado en el número 320 de la avenida Broadway en la ciudad mencionada arriba. En busca de lucir apetitosos hacia los estadounidenses, invocaban que sus acciones estaban encaminadas a establecer en México un gobierno pro-aliado, recordemos que algunos buscaban pintar al presidente Carranza Garza como partidario de los germánicos. Además, los sediciosos prometían que ellos habrían de promulgar y hacer cumplir las leyes que respetaran la propiedad privada y la vida. En ese proceso armaron una maquinaria publicitaria bien organizada cuyas cabezas mas visibles eran Roberto Gayón y Pedro Del Villar. El primero, se presentaba como representante personal de Blanquet, mientras que el segundo se nombraba vocero del supuesto ejército. Al tiempo que Gayón aseguraba que, al unirse las fuerzas de Blanquet y Díaz, se contaría con 40 mil hombres dispuestos a participar en la lucha para derrocar a Carranza, Del Villar enviaba comunicados, acompañados de una proclama lanzada el 1 de octubre de 1918 por Díaz, a ciudadanos y compañías estadounidenses que tenían intereses en México. Les solicitaba su apoyo para que el gobierno estadounidense les diera el reconocimiento de fuerza beligerante y así poder irse a México a realizar la reconstrucción del país. En ese contexto, había otros que aportaban sus esfuerzos para retornar al pasado.
El 11 de marzo de 1919, el Consejo de Relaciones Exteriores celebró un foro sobre asuntos mexicanos en el Hotel Astor de New York. Los oradores estadounidenses y mexicanos coincidieron en que el gobierno de México se había vuelto de orientación bolchevique. A su regreso de México, el editorialista de The North American Review and the World’s Work, William Gates, afirmó que las condiciones en México eran paralelas a las que prevalecían en Rusia bajo Lenin. Gates también acusó a Carranza de estar dispuesto a vender el país a quien lo quisiera comprar. La acusación de Gates fue irónica, porque los productores de petróleo estadounidenses en México habían acusado a Carranza de intentar nacionalizar sus propiedades. Uno de los oradores mexicanos, Manuel Garza Aldape, exministro de gobernación durante el régimen de Victoriano Huerta, coincidió en la inclinación de Carranza hacia el bolchevismo y afirmó que ’se ha impuesto al pueblo un gobierno en donde prevalece un despotismo militar feroz, y se ha implantado una política exterior que desconoce los tratados y obligaciones internacionales de México.’ Garza Aldape, también, reclamó el reconocimiento de la condición beligerante de las fuerzas de Félix Díaz, cuyo principal objetivo era derogar la Constitución de 1917 y volver a la regla de la Constitución de 1857. Una solicitud similar vino de los seguidores de Blanquet. Según Roberto Gayón, ’el propósito del levantamiento del general Blanquet era reorganizar las fuerzas de [Porfirio] Díaz, derrocar al gobierno de Carranza y restablecer la Constitución de 1857, que fue repudiada por Carranza. Asimismo, Gayón exigió la revocación de los supuestos decretos confiscatorios del actual gobierno.’ Como siempre, los salvadores de la patria pugnando por retrasar el reloj de la historia. Pero en todo esto había una incógnita sobre quien o quienes eran los patrocinadores de la asonada potencial. Analistas diversos no se ponían de acuerdo de donde salían los fondos.
Según la información que proporcionaba ’The Morning Republican,’ publicado en Mitchell, South Dakota, se especulaba que una empresa alemana en la Ciudad de México proporcionó las municiones, mientras que otros señalaron al general Manuel Peláez Gorrochotegui como la fuente, algo que el New York Times juzgó como ’interesante en vista de las acusaciones publicadas en la Ciudad de México durante las primeras etapas de la crisis petrolera cuando se aseguraba que las compañías petroleras habían suministrado a Peláez los elementos esenciales para la guerra.’ Por su parte, en ’La Verdadera Revolución Mexicana (1918-1921),’ Alfonso Taracena narra que pocos días antes de que el grupo de Blanquet partiera hacia México, se firmó un acuerdo entre miembros de las fuerzas de Félix Díaz y un grupo de personas (cuyos nombres no fueron revelados) interesadas en la explotación de sus propiedades petroleras y la operación de sus refinerías. En ese acuerdo, las compañías petroleras se comprometieron a prestar quince millones de dólares al Ejército Reorganizador Nacional, que se rebelaría contra el gobierno de Carranza. Una vez que la revuelta lograra sus objetivos y sus líderes se hicieran cargo del gobierno mexicano, reembolsarían ese préstamo a una tasa del seis por ciento anual, a partir de 180 días después de haber tomado el poder en México. Si el nuevo gobierno no tuviera el dinero en efectivo para cubrir esa obligación, los pagos podrían hacerse con aquellas tierras de propiedad de la nación que contenían petróleo. El documento fue firmado a nombre de los rebeldes mexicanos por Alonso Mariscal y Pedro Del Villar, mientras que los petroleros estuvieron representados por un promotor financiero, Milton C. Quimby. En medio de todas estas acciones, las relaciones entre México y los EUA crujían.
Los representantes diplomáticos mexicanos demandaron al gobierno de los EUA que se castigara a los miembros del grupo de Blanquet ya que con sus actividades estaban violando la ley estadounidense. Miembros del consulado mexicano en New York protestaron porque las autoridades estadounidenses permitieron que Blanquet y asociados organizaran la rebelión dentro de los Estados Unidos. Los diplomáticos mexicanos, según el New York Times, sostuvieron que: ’el gobierno de los Estados Unidos debería proceder penalmente en contra del general Aureliano Blanquet y sus coligados en esta aventura militar bajo la Sección 13 de la Ley de Espionaje. Este acto tipificaba como delito sancionado con multa de 3 mil dólares o pena de prisión de tres años a cualquier grupo o persona que organice en territorio americano una expedición militar en contra un país con el que los Estados Unidos esté en paz.’ Ante esto, los seguidores de Blanquet argumentaron que la ley no se aplicaba a su complot, porque la rebelión se organizó en México y no en los Estados Unidos. Independientemente de su legalidad, la campaña de Blanquet estaba bien posicionada en la prensa estadounidense. ’The New York Times’ aseguró a sus lectores que ’el programa de Blanquet era excelente y [fue] inspirado en gran medida por la convicción de que las buenas relaciones entre México y Estados Unidos [eran] en el beneficio final de ambos países’. Quien escribió esa pieza tenía poca memoria o desconocía la historia reciente de México. Blanquet y Díaz habían sido parte del complot para asesinar al presidente Madero González en 1913, y el supuesto patriotismo era una mera tapadera para volver a la situación imperante antes de que comenzara la Revolución Mexicana. Invocaron la amistad hacia Estados Unidos porque querían el apoyo de su gobierno. No hubo respuesta oficial; el gobierno estadounidense, según lo publicó el Washington Post, adoptó la posición de que ’no se le prestaría atención al asunto ya que era un asunto que debía abordar el gobierno de México reconocido por los EUA.’ Esto, sin embargo, no desanimo a los rebeldes.
Desde el 8 de enero de 1919, Blanquet salió de New York hacia las Indias Occidentales. En el viaje lo acompañaron su jefe de asesores, el general, Juan Montaño; su jefe de artillería, el general Enrique González; el coronel Luis Acosta, el capitán Guillermo Rosas y dos ayudantes. Los oficiales eran gente cercana a Blanquet desde los días en que estaba a cargo de las fuerzas federales durante el régimen del presidente Díaz. Finalmente, el 14 de marzo, partieron rumbo a Veracruz. Ocho días después arribaron a Palma Sola, cerca de Veracruz. De ahí, sale a encontrarse con el sobrino de su tío quien, la madrugada del 23, se enteró de la llegada de su cómplice. Finalmente, se encuentran en la finca denominada La Ciudadela, nombre muy apropiado para que se suscite el encuentro entre ese par de felones quienes al verse se saludan con muestras de afecto y comprensión propio de ese tipo de trúhanes. Ahí, se ponen de acuerdo como habrán de operar en busca de consolidar una felonía más. Ahora la enmascaraban llamándola pomposamente Ejercito Reorganizador Nacional. Este se encontraba integrado por siete divisiones encabezadas cada una de ellas por los generales de división, Pedro Gabay, R.F. Cejudo, Luis M. Barrón, Constantino Galán, Joaquín J. Castro, Gabriel A. Carballo y Albino R. Carrillo. Indicaban que aun cuando la mayor parte de sus fuerzas, 40 mil según ellos, se ubicaban en Veracruz, también contaban con partidarios en otras quince entidades. A toda costa buscaban vender que el presidente Carranza Garza y sus generales operaban en favor de Alemania y ellos, los rebeldes, iban a derrotarlos. Por eso, buscaban que no solamente los EUA, sino también Gran Bretaña, Francia y todas las naciones aliadas les reconocieran su calidad de beligerantes.
Para el 7 de abril, ya se anunciaba que las fuerzas rebeldes estaban enfrascadas en combate con las del gobierno mexicano. Reportaban que eso había sucedido en el estado de Michoacán. Contrario a lo que esperaban, los rebeldes no despertaron simpatías multitudinarias entre la población. Todo se les fue en zacapelas, aun cuando su maquinaria bien aceitada continuara operando en New York anunciando que todo iba de maravilla y que las fuerzas de Blanquet-Díaz ganaban terreno. En la realidad, poco avanzaban y Blanquet y sus esbirros nunca salieron del estado de Veracruz. En realidad, muy poco pudieron hacer para avanzar sus propósitos. En menos de diez días aquello terminó. Cuando se dio el anuncio de la derrota, sin embargo, la máquina publicitaria instalada en New York continuaba trabajando.
El 17 de abril, el Washington Post publicaba la nota de que Roberto Gayón insistía en que la noche anterior había recibido un comunicado de Blanquet haciéndole saber su llegada a la región de La Huasteca veracruzana. Para el publicista, esa información tenía como objetivo único desacreditar el movimiento. Por su parte, el New York Times publicaba información similar agregando que ese tipo de noticias falsas eran las que acostumbraban a desperdigar los carrancistas quienes varias veces antes anunciaron haber capturado a Emiliano Zapata, o bien que ejecutaron a Félix Díaz, ambas carentes de veracidad. Asimismo, se reproducían las palabras de la esposa de Blanquet quien, desde su domicilio en 338 Fourth Street en Brooklyn, New York, aseguraba no estar preocupada por los reportes llegados desde México. Decía estar segura de que en uno o dos días recibiría un comunicado directo por parte de Blanquet. En un tono similar se expresaba el hijo mayor del sedicioso. No obstante que tanto el cónsul estadounidense en Veracruz, Paul H. Foster, como el embajador de México en Washington. Ignacio Bonillas Fraijo, informaban oficialmente sobre la muerte del verdugo de 1913, sus acólitos se negaban a aceptarlo. Sin embargo, aquello no tenia retorno, Blanquet perdió la vida en forma horrífica. Vayamos a la cita textual de lo que Alfonso Tarracena escribió para ver cómo se dio aquello.
El párrafo correspondiente al recuento de los eventos del 15 de abril de 1919 se lee: ’Muere en un salto de fiera desde el borde de una barranca de veinte metros de profundidad, el mas ensañado verdugo del presidente Madero, a quien odió gratuita y ocultamente desde que lo trató y estuvo a su servicio. El general federal Aureliano Blanquet había recibido órdenes de su cómplice Félix Díaz de unirse al jefe Pedro Gabay, que tenia su cuartel general en Chavaxtla por el rumbo de Huatusco, Veracruz. Pero al ser tomado el pueblo por tropas carrancistas del general Guadalupe Sánchez, informado por uno de los observadores destacados en diversos puntos de que en la barranca se escondían jefes felixistas, dispuso el ataque por la entrada, mientras el resguardaba la salida. Cuando se dirigía a indagar por qué los de la entrada no atacaban, se suscito un tiroteo en que los carrancistas que vigilaban la salida sufrieron quince bajas. Gabay huyó llevándose a su esposa y a su madre y dejando en el fondo de la barranca a sus hermanas. El general federal Francisco de P. Álvarez, herido, fue hecho prisionero al igual que otros. El licenciado [Francisco] Traslosheros fue ahorcado ahí mismo y repartido el dinero que llevaba entre la escasa tropa. La presencia de Blanquet se conoció cuando el general Álvarez rompió a llorar al ver a un soldado carrancista que llevaba los anteojos y otras prendas de su jefe (el de Álvarez). El general Guadalupe Sánchez [Galván] envió a uno de sus hombres en busca del cadáver, pero poco después se trajo una cajita con la cabeza de Blanquet, pues las entradas colgaban de la maleza y un brazo y un brazo y una pierna se habían desprendido del cuerpo… [Al poco tiempo,] se acerca el viejo general Lauro Villar a contemplar la cabeza de Blanquet. El general Guadalupe Sánchez lo oye que exclama: ¡Mas merecías traidor!’ Lo que el historiador tabasqueño no narra es que fue el Jefe del Estado Mayor de la Jefatura de Operaciones del Estado de Veracruz, general Francisco Luis Urquizo Benavides, quien anunció que el día anterior las fuerzas de Sánchez habían derrotado a los sedicentes. Asimismo, omite apuntar que Blanquet cayó al fondo de la barranca de Chavaxtla cuando, al bajar por un sendero estrecho, trató de asirse a la rama de un árbol que no resistió su peso. En forma similar no menciona. que la cabeza fue exhibida en la plaza principal de Veracruz. Como resultado de su actuación en este episodio, el presidente Carranza Garza acordó que fueran ascendidos al grado inmediato superior los generales brigadieres Francisco L. Urquizo, Guadalupe Sánchez y el teniente coronel Pedro González. Además, el propio Ejecutivo acordó una gratificación de cincuenta mil pesos a los jefes, oficiales y soldados que tomaron parte en este hecho de armas.
A pesar de toda esta información, los seguidores de Blanquet en New York continuaban negando su muerte. El 23 de abril, el New York Times publicaba declaraciones de Gayón quien afirmaba que las noticias eran falsas ya que, según él, Blanquet estaba vivo y en unos días se comunicaría con sus seguidores.
En esa forma concluyó aquella aventura encabezada por el sobrino de su tío, Félix Díaz, y un verdugo-traidor, Aureliano Blanquet, quienes, montándose en patrañas, a toda costa buscaban retrasar el reloj de la historia para satisfacer sus apetitos de poder. No acabaron de entender que el futuro lo representaba aquello que el presidente Venustiano Carranza Garza planteaba basado la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos promulgada el 5 de febrero de 1917. [email protected]
Añadido (21.18.58) Vaya ruindad la exhibida por la ’izquierda’ en la Ciudad de México. Ante la tragedia, olvidaron que desde 1997 la han gobernado (¿?) sometiéndola a un proceso de involución en su calidad de vida. Eso sí, todos estaban más preocupados por ver cómo afectaría el suceso a la hora de las votaciones el 6 de junio o bien que tanto les dañaba sus aspiraciones presidenciales.
Añadido (21.18.59) Pedro Sánchez Pérez-Castejón y el Partido Socialista Obrero Español sufrieron una zarandeada que no esperaban en las elecciones de esta semana en la Comunidad de Madrid. La derecha, el Partido Popular, les dio una tunda en 177 de las 179 localidades que conforman dicha Comunidad. Las cosas andan tan mal que, hasta el ex primer ministro, Felipe González Márquez, miembro del PSOE, declara que ’en el momento que vive España se ve una ausencia de liderazgo desde el respeto institucional y la centralidad de gobernar para todos.’ ¿Habrá otro sitio del planeta en donde sucede algo similar?
Añadido (21.18.60) Ante las cifras de crecimiento (¡!) de la economía mexicana durante el primer trimestre de 2021, la gran incógnita es como sucedió. Hasta donde recordamos en enero decreció en 4 por ciento; en febrero menos cinco por ciento y en marzo nadie sabe, nadie supo, pero nos dicen que en el trimestre se elevó 0.4 porciento. Nosotros no entendemos acerca de cómo se dio esto último., seguramente se debe a que no aprendimos economía por la vía axilar.
Añadido (21.18.61) Al parecer, el torrente causado por la apertura de la economía estadounidense ya se agotó, apenas alcanzó para tres meses. Ante las propuestas futuras del gobierno para incrementar los impuestos y gastar en forma desenfrenada, en abril, la tasa de desempleó subió a 6.1 por ciento, se estimaba fuera de 5.8 por ciento, ya que solamente se crearon 266 mil empleos cuando se esperaban 978 mil. Seguramente, esto decepcionara a quienes, en nuestro país, beben el Kool-Aid que les administran diariamente algunas cadenas estadounidenses.

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