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A Tomás, Marcial, Miguel y Juanito, con mucho respeto

Elino Villanueva


De trucos y tristezas

De trucos y tristezas


Marzo 09, 2018 16:02 hrs.
Periodismo Internacional › México
Elino Villanueva › codice21.com.mx

Eran como las ocho de la noche. Llegué en mi bicicleta a hacer el pedido de periódicos para el reparto del día siguiente. Era un chamaco, todavía: iba a cursar el tercer semestre del bachillerato en la gloriosa Prepa 9. Distribuía El Reportero junto con mi amigo Ernesto Guzmán en dos rutas, una cada quien, hacia el norte y hacia el sur de la ciudad. Lo hacíamos durante la madrugada para poder entrar a las siete de la mañana a clases y tener dinero con el cual sostener nuestros estudios.

Había estado presente en una asamblea de la asociación de comerciantes ’Mártires del 60’, segregados del grupo principal de vendedores del mercado central, a la que no había sido enviado ningún reportero del periódico, quién sabe por qué.

Llegué, hice mi pedido, y me disponía a retirarme cuando escuché que no tenían la nota de la asamblea de los comerciantes inconformes, quienes exigían un nuevo mercado para ellos, el que ahora es el de San Francisco. Le dije al recordado Manuel Benítez, subdirector de El Reportero, que yo había estado ahí, que tenía los datos.

IRZA OPINION 08MARZO2018.- De trucos y tristezas
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De trucos y tristezas



A Tomás, Marcial, Miguel y Juanito, con mucho respeto



Elino Villanueva



Eran como las ocho de la noche. Llegué en mi bicicleta a hacer el pedido de periódicos para el reparto del día siguiente. Era un chamaco, todavía: iba a cursar el tercer semestre del bachillerato en la gloriosa Prepa 9. Distribuía El Reportero junto con mi amigo Ernesto Guzmán en dos rutas, una cada quien, hacia el norte y hacia el sur de la ciudad. Lo hacíamos durante la madrugada para poder entrar a las siete de la mañana a clases y tener dinero con el cual sostener nuestros estudios.

Había estado presente en una asamblea de la asociación de comerciantes ’Mártires del 60’, segregados del grupo principal de vendedores del mercado central, a la que no había sido enviado ningún reportero del periódico, quién sabe por qué. Llegué, hice mi pedido, y me disponía a retirarme cuando escuché que no tenían la nota de la asamblea de los comerciantes inconformes, quienes exigían un nuevo mercado para ellos, el que ahora es el de San Francisco. Le dije al recordado Manuel Benítez, subdirector de El Reportero, que yo había estado ahí, que tenía los datos.

En el ajetreo, Manuel me dijo: ’Pues hazte la nota’, y yo no tenía ni idea de lo que era eso, veía a los reporteros como seres inalcanzables. ’¿Cómo la hago?’, le dije. ’Escribe lo que viste, haz párrafos cortos y muy precisos. Da la mayor información posible con el menor número de palabras’, fue mi primera clase.

Lo hice, leyó mi nota y la transcribió en su máquina mecánica. Se la llevó a Andrés, quien la leyó, y me volteó a ver por el cristal enorme que separaba su oficina de director del diario con la sala de redacción donde los periodistas aporreaban las teclas. Me miró algo así que como con incredulidad, y me hizo señas de que pasara. Entré y me preguntó: ’¿Tú escribiste esto?’ Sí, le atiné a decir. ’Bueno, pues ponte de acuerdo con Manuel.

Hay dos actividades mañana con las que nos puedes ayudar’, indicó, y siguió con su labor. Salí con mis primeras dos órdenes de trabajo: un partido de futbol y una entrevista al rector de la Universidad entonces, Ramón Reyes Carreto, y mi nombramiento de Periodista, de Reportero.

Así, sin más. Hoy se nos ha adelantado en el camino sin retorno nuestro querido y legendario Andrés Campuzano Baylón. Tuve en él a mi mejor maestro de Redacción Periodística, sin duda, junto con Manuel, quien igualmente ya se nos ha adelantado. Ellos dos y nuestros amigos Pedro Julio Valdez Vilchis y Jaime Irra Carceda son, sin ningún lugar a dudas, mis cuatro primeros maestros de Redacción en toda la palabra. Son treinta y cinco años de experiencia en el Periodismo, de los cuales hoy es un día muy triste.

Se ha ido el maestro que me enseñó algunos de los trucos de la Redacción, que los hay. Saludo a sus hermanos, Marcial, Tomás, Miguel y Juanito, seres igual de bondadosos que Andrés. Perdón por escribir esta vez en primera persona, pero tanto un servidor como El Croniquero están, desde luego, dolidos por esos momentos de tristezas, de luto, que, ni modo, forman parte de nuestra formación.

Que descanse en paz nuestro querido Andrés. ¡Salud!

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