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Opinión

Rodolfo Villarreal Ríos


Debajo de aquellos ropajes, se encontraban un par de alacranes

Debajo de aquellos ropajes, se encontraban un par de alacranes


Marzo 23, 2018 21:09 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com


Antes de que usted, lector amable, vaya a pensar que vamos a querer presentarnos ahora como expertos en aracnología, le aclaramos que los arácnidos a los que nos referiremos en esta colaboración no poseen ocho patas, sino que tenían un par de piernas sobre las cuales sustentaban sus ambiciones. A uno, le alcanzó para cruzar el Atlántico y llegar hasta nuestro país. El otro, las utilizó para irse a esconder atrás de las murallas del Vaticano y desde ahí buscar como seguir aprovechándose de la ignorancia y/o el fanatismo de quienes poco les importaba sumergir a México en el caos y la ruina. Los personajes a los que nos referimos son Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena y Giovanni Maria Mastai-Ferretti, el Papa Pío IX. Esta parejita, inicialmente, estuvieron de acuerdo en que este país de salvajes requería de la conducción europea para ser civilizados. En ese contexto, nos fuimos a revisar la recopilación extraordinaria que realizara Jorge L. Tamayo en ’Benito Juárez: Documentos, discursos y correspondencia.’ Ahí, encontramos la carta confidencial que, el 18 de octubre de1864, Mastai-Ferretti enviara a Maximiliano. Habían tracurrido cinco meses desde que el barbirrubio austriaco llegó a México y aun la curia no terminaba por ver que su criaturita, porque ellos lo engendraron para que se convirtiera en emperador de opereta, les habría de cumplir con lo que les prometió bajo juramento de católico devoto. Procedamos a revisarla.
Para quienes no terminan de convencerse del daño que ha causado a nuestro país a lo largo de la historia la curia católica, partamos de las palabras con que iniciaba la misiva en cuestión. Pío IX escribía que ’cuando en el mes de abril último, antes de tomar las riendas del Gobierno del nuevo Imperio mexicano, quiso V.(uestra) M.(ajestad) [refiriéndose a Maximiliano] venir a esta capital para venerar la tumba de los Santos Apóstoles y recibir la bendición apostólica, le hicimos presente el dolor profundo de que estaba llena nuestra alma en vista de lamentable estado a que las revueltas habían reducido todo lo concerniente a la religión en la Nación mexicana.’ Por supuesto que el ciudadano Mastai-Ferreti olvidaba que nuestro país había vivido sumido en el atraso y la ignorancia, 98 por ciento de la población era analfabeta, porque a la curia no le interesaba que los habitantes de esta nación aprendiesen nada más que rezos y canticos religiosos, lo otro podría llevarlos a cuestionar lo que por siglos fue dado como verdad eterna. Por eso, buscaban destruir la obra que comenzaban a construir quienes integran la generación más grande de toda nuestra historia, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. En ese entorno, retornemos a la epístola.
En ella, quien se oponía a todo tipo de progreso, le indicaba al barbirrubio emperador que ’antes de esa época y mas de una vez, nos habíamos quejado en actos públicos y solemnes , protestando contra la inicua ley llamada de Reforma, que destruía los derechos mas inviolables de la Iglesia, ultrajaba la autoridad de sus pastores; contra la usurpación de los bienes eclesiásticos y la dilapidación del patrimonio sagrado; contra la injusta supresión de las ordenes religiosas; contra las máximas falsas que lastimaban directamente a la santidad de la religión católica; en fin, contra otros muchos atentados , cometidos no solamente en perjuicio de personas sagradas, sino también del ministerio pastoral y de la disciplina de la Iglesia.’ Como puede observarse este es un párrafo en donde el lobo busca ensabanarse con la piel de la oveja. Las Leyes de Reforma, partían del principio sano de establecer la separación entre el estado y la iglesia, al tiempo que daba fin a la instauración de una religión de estado. Obviamente eso implicaba quitarle el monopolio de los bautismos e inhumaciones a la curia, además de hacer que su fortuna, amasada con la sangre y el sudor de los mexicanos, pasara a ser propiedad de la nación para que con esos recursos fuera factible dar incio a la construcción de la patria nueva. Pero, eso obviamente no lo iban a permitir quienes se decían investidos por el dedo divino, quien sabe cómo, de privilegios que les reportaban ganancias más que significativas. En contra de las Leyes de Reforma se pronunció el arzobispo de México, José Lázaro De La Garza y Ballesteros, un neolonés que genera la vergüenza de todo aquel miembro de su familia que sea un bien nacido. A el lo acompañaría mas tarde, Pelagio Antonio De Labastida y Dávalos, el obispo de Puebla, otro sujeto que en defensa de los dineros fue a buscar un principito europeo que viniera a gobernarnos. Para que no quede duda de que el invasor venia bien forrado de bendiciones, volvamos a la carta.
En ella, se apuntaba: ’Por eso ha debido comprender fácilmente V.(uestra) M.(ajestad) cuan felices éramos al ver apuntar la aurora de los días pacíficos y afortunados para la iglesia de México, gracias al establecimiento del nuevo Imperio…’ Lo que sigue seguramente, ante tanta ternura, podría hacer que alguno tuviera que correr a dotarse de una buena cantidad de pañuelos faciales. Así que, bajo la advertencia, procedemos a reproducir esas líneas. ’Esta alegría creció cuando vimos el llamado a aquella corona [la cual no existía sino en la mente de los apátridas] a un Príncipe de la familia católica y que había dado tantas pruebas de piedad religiosa…[y las que daría en el suelo mexicano en donde dejarían un testimonio plasmado en rojo indeleble]. ’También fue grande la alegría de los dignos Obispos mexicano, que al salir de la Capital de la cristiandad , en donde han dejado tantos ejemplos de abnegación u filial afecto hacia nuestra persona, tuvieron la dicha de ser los primeros en ofrecer su sincero homenaje al soberano elegido por su Patria [vaya una falacia, ningún mexicano bien nacido andaba en busca de príncipe alguno que lo viniera a gobernar] y de oír de sus labios las mas lisonjeras seguridades de la enérgica resolución que tenia de reparar los daños hechos a la Iglesia y de reorganizar los elementos desorganizados de la administración civil y religiosa.’ Como siempre, considerándonos una partida de salvajes que requerimos de fuereños que nos vengan a meter en orden. Pero, sobre todo, que restableciera los privilegios de la curia para poder continuar ejerciendo su monopolio de fomento a la ignorancia. Pero como don Giovanni estaba en modo de ’wishful thinking’ pues procedía a seguir con sus historias fantásticas, afirmando que: ’Y también la Nación mexicana saludó con indecible alegría el advenimiento de V.(uestra) M.(ajestad) al trono, llamado por el unánime deseo de un pueblo que hasta entonces se le había forzado a gemir bajo el yugo de un Gobierno anárquico y a llorar sobre las ruinas y los desastres de la religión católica, que fue siempre su primera gloria y la base de su prosperidad.’ Solamente un ignorante del mas elemental conocimiento de la historia de México puede coincidir con la óptica de este ciudadano italiano. La abrumadora mayoría de los habitantes de México, Primero, bajo el nombre de Nueva España, vivieron tres siglos sumidos en la miseria, la ignorancia y la superchería. Posteriormente, tras de la independencia, las asonadas procedían una tras otra al amparo de una religión única, la católica, cuyos miembros lo mismo apoyaron imperios de opereta que altezas serenísimas o bien a cambio de unos dólares coadyuvaban a que se llevaran la mitad del territorio. Asi, que, efectivamente la anarquía prevalecía, pero era gracia a sus acciones piadosas y no fue hasta que aparecieron los HOMBRES DE LA REFORMA cuando se comenzó a formar la patria nueva que antes tendría que lidiar con quienes no estaban dispuestos a dejar de dominar bajo el falso manto de que el dedo divino los autorizaba a hacer cuanto quisieran.
Como el papa estaba cierto de que a Maximiliano los nativos salvajes habrían de verlo como su gran salvador, pues le pedía que ’Bajo estos felices auspicios, esperábamos de día en día los primeros actos del nuevo Imperio, persuadidos de que haría una reparación pronta y justa de la Iglesia, ultrajada de tanta impiedad por la revolución, bien fuera revocando las leyes que la habían reducido a la opresión y a la esclavitud o promulgando otras, propias para suspender los desastrosos efectos de una administración impía.’ Como es costumbre entre los miembros de la curia, califican de impíos a quienes no acostumbran someterse a sus designios. Quienes en México buscaban crear un país no eran enemigos de divinidad alguna, ni promovían que cada quien adoptara su relación con el Gran Arquitecto en una u otra forma, el objetivo era concluir con la extorsión que realizaban quienes se autonombraban representantes de la divinidad en la tierra, lo cual les había generado una riqueza pecuniaria extraordinaria. Pero el ciudadano Mastai-Ferreti volvia a la carga para tratar de aparentar que la curia no había tenido nada que ver con el atraso de nuestro país. Afirmaba que ’frustradas hasta ahora todas nuestras esperanzas -lo cual sea tal vez debido a las dificultades con que se tropieza, cuando se trata de reorganizar una sociedad desquiciada mucho tiempo- [pero como no, tres siglos y medio de yugo religioso que más podían dejar] no nos es posible evitar dirigirnos a V.(uestra) M.(ajestad) y apelar a la rectitud de sus intenciones, al espíritu catolico de que V.(uestra) M.(ajestad) ha dado brillantes pruebas [y las que daría en el futuro con sus medidas para fusilar a todo aquel que se le opusiera] en otras ocasiones, a las promesas que nos ha hecho de proteger a la Iglesia y confiamos en que este llamamiento, penetrando el noble corazón de V.(uestra) M.(ajestad), producirá el fruto que esperamos de V.(uestra) M.(ajestad), que vera que poniendo siempre trabas a la iglesia en el ejercicio de sus sagrados derechos, no revocando las leyes que le prohíben adquirir y poseer, [esto es lo que más dolía al llamado por sus correligionarios como santo padre], continuando en destruir las iglesias y los conventos; si se acepta el precio de los bienes de la Iglesia de manos de los que han adquirido; si se da otro destino a los edificios sagrados [¿y quién les dio tal grado, algún segundo advenimiento del que no estamos enterados?]; sino se les permite a los religiosos que vuelvan a tomar sus hábitos y vivir en comunidad; si las religiosas se ven obligadas a mendigar sus alimentos y vivir en locales pobres y malsanos y si se permite que los periódicos insulten impunemente a los pastores [pero como se atreven, eso de atacar a quienes no comparten su forma de pensar es de la exclusividad de quienes se dicen investidos por el dedo divino] y ataquen la doctrina de la iglesia católica, quedaran subsistentes el escandalo para los fieles y el daño para la religión y tal vez se harán todavía mayores.’ Pero eso no podía quedarse ahí, era necesario reforzar el mensaje y el misticismo se apodero de don Giovanni quien procedió a realizar una petición.
’¡Señor! En nombre de esa fe y de esa piedad que son ornato de Vuestra augusta familia; en nombre de esa iglesia, de que, a pesar de ser indignos, [ante tanta humildad, ¡casi nos convence!] nos ha constituido Jefe Supremo y pastor Jesucristo; en nombre de Dios omnipotente, que nos ha elegido para gobernar esa nación católica…’ Un momento, ¿en dónde está el documento que soporte el hecho de que el Gran Arquitecto decidió nombrar al barbirrubio austriaco para que nos trajera miseria y sufrimiento? La unción como emperador de opereta del intruso fue un acuerdo entre apátridas y miembros de la curia encabezados por el CEO de la corporación, Pio IX. Esa es una patraña inventada para justificar los apetitos de poder. Entre los seguidores de esa interpretación de la fe, ese tipo de aseveraciones son calificadas como blasfemias ¿o no? Retornando al texto de la carta, Pío IX continuaba indicando que la llegada de Maximiliano tenía ’…como objeto único…cicatrizar sus llagas [las de México] y de volver a honrar su religión santísima, os rogamos que pongáis manos a la obra y que hagáis a un lado toda consideración humana y que, guiados por la prudencia y el sentimiento cristiano, enjuguéis las lagrimas de una parte tan interesante de la familia católica y con esta conducta haceos digno de las bendiciones de Jesucristo, Príncipe de los Pastores.’ Pero como las palabras siempre deben de acompañadas de acciones, pues estas se tomaron.
Así, le avisaban a Maximiliano que ’Con ese objeto, (el descrito arriba), y para secundar vuestros propios deseos os enviamos nuestro representante. Él confirmara a V.(uestra) M.(ajestad), de viva voz, el sentimiento que nos han causado las tristes noticias que hasta hoy nos han llegado y os hará conocer mejor todavía cuales han sido nuestra intención y nuestro objeto en acreditarle cerca de V.(uestra) M.(ajestad). Le hemos encargado, al mismo tiempo, que pida a V.(uestra) M.(ajestad), en nombre nuestro, la revocación de las funestas leyes que desde hace tanto tiempo oprimen a la iglesia y preparar, con la cooperación de los Obispos y, en donde fuere necesario, con el concurso de nuestra autoridad apostólica, la reorganización completa y deseada de los negocios eclesiásticos.’ Faltaba más, si para eso lo apoyaron para que fuera a regresarles sus fueros y privilegios, así que andando y poniendo en marcha la reversa don Max. Hasta aquí dejamos el texto de la carta y los comentarios a la misma, en la colaboración próxima continuaremos con la narrativa de como se desarrollaba esta relación revestida de ropajes lujosos, debajo de los cuales se encontraban un par de alacranes listos para soltar el aguijonazo. vimarisch53@hotmail.com
Añadido: Mas que nunca a lo largo de este mes, una y otra vez, he recordado las palabras que constantemente me repetías. Tenías razón, sabes a lo que me refiero, pero que te voy a contar, tu supiste de lo difícil que es recorrer esos senderos. Vaya que te extrañe ese día, como cada uno a partir del 29 de marzo de hace cuatro años, DON RAFAEL VILLARREAL MARTÍNEZ

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