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José García Sánchez


Debates privatizados

Debates privatizados


Marzo 12, 2018 12:16 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
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Los candidatos a puestos de elección popular deben ser muy cuidadosos con los medios. No deben olvidar que éstos son entidades privadas y que muchas veces se convierten en un brazo del poder, sobre todo el lado conservador.

Porque no es gratuito el hecho de que la victoria de algunos presidentes de la república se le adjudiquen a empresas de medios y hasta firmas transnacionales de refrescos.

Tanto unos como otros tienen favoritos dentro de las corrientes políticas e ideológicas de los candidatos a la Presidencia de la República. De ahí que sea necesario estar de acuerdo todos los aspirantes al puesto de elección popular para que se realice un debate frente a cualquier miedo, porque el campo de batalla puede estar minado para unos y, al mismo tiempo, esté cuesta arriba para otros.

Por inofensiva que parezcan las instancias de los lugares donde se realicen los debates, los candidatos deben estar atentos a sus intereses e intenciones. No es suficiente organizar un debate y convocar a los candidatos como si éstos estuvieran a disposición de la iniciativa privada. Serán, en todos los casos, representantes de la población, a través de puestos de elección popular.

Debe tomarse en cuenta hasta los patrocinadores de antes y después de la transmisión de los debates, no puede asistirse a un debate por el simple hecho de ponerse los guantes de boxeos y aniquilar al contrincante. La responsabilidad de un puesto de elección popular es mucho más seria que eso.

Por ejemplo, uno de los grandes problema que tiene Estados Unidos con Corea del Norte radica en que la Coca cola no quiere pagar los impuestos que determina el país donde se venderá, esto es uno de los factores que convierten a ese país en enemigo del imperio del vecino país del norte.

La Coca cola ya impulsó a un Presidente de la República en México con los lamentables resultados que todos conocemos. Así que debe tomarse en cuenta que hasta el patrocinador es determinante.

En los debates no se busca el callejón de las peleas como quieren verlo algunos candidatos a la Presidencia de la república que todavía creen estar en la secundaria, deben darse a respetar más.

El INE interpone cada día menos requisitos para autorizar debates entre candidatos fuera de los que están planeados por ese instituto. Su coordinación de elecciones es cada día más flexible y poco precisa. Ante esta irresponsabilidad es labor de los candidatos tener cordura y no llegara pelear a cualquier cuadrilátero por el simple hecho de que son convocados. Deben ser cautelosos, porque corren el riesgo de ser utilizados.

La novatez de algunos candidatos a puestos de elección popular en la política los mueve a colocarse ante los reflectores aunque carezcan de proyectos, pero tienen un arsenal de descalificaciones y críticas para los contrincantes.

Es usual que se designe a un ganador del debate en un fallo que los propios medios han creado y que tiene que ver con el absurdo y no con la lógica de un proceso electoral. Los medios determinan quién fue el ganador del debate. En un debate no debe haber ganadores ni vencedores. Definir un ganador es inducir el voto a favor de alguien y lo saben los medios y los autodenominados analistas que fortalecen esta tendencia a darle el triunfo o la derrota en las discusiones.

Suele ganar el que más grita. Recordemos el debate de Diego Fernández de Cevallos declarado en todos sus debates como el ganador de los debates pero nunca ganó las elecciones. Sus posturas no eran las mejores pero como subía la voz y regañaba a los demás lo declararon vencedor en una decisión muy parecida a la del boxeo que parece ser la única que conocen muchos locutores.

Lo cierto es que ante el avance de la iniciativa privada en todas las actividades que en otro tiempo pertenecieron al gobierno, incluso al Estado, los debates tienen a privatizarse, y algunos candidatos acostumbrados como están a ser cómplices de la subasta del país, les parece de lo más natural que una empresa privada organice debates y asistan y consideren que el que no va es porque le teme. Sabemos que el clásico bravucón por lo regular es que no sabe pelear.

La privatización de los debates es un verdadero peligro para la democracia. Es responsabilidad de los candidatos estar conscientes de su liderazgo y recordar que no son gerentes ni serán sólo administradores. Tendrán un cargo de suma responsabilidad.

Desde hace tiempo los debates y las campañas dejaron de ser el medio a través del cual se conocen las propuestas y programas de los candidatos para convertirse en la exhibición de documentos que dañan a unos y otros. Sólo queda un nostálgico significado de los debates como un ritual innecesario de las democracias que deben ampliar su debate con la población y no entre similares. Porque los debates es el diálogo entre la cúpula del poder, el poder es autoritario sea quien fuere el que gane las elecciones, y al democracia está muy lejos en la voz de la gente.

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